*Por la prof. Marina Isabel Pagani –
Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre el 2000 y 2050 la cantidad de personas de 80 años o más aumentará casi cuatro veces hasta alcanzar los 395 millones. Dato este no menor ya que en este escenario de pandemia, los adultos mayores han sido los protagonistas no precisamente por las buenas noticias sino todo lo contrario; por la prevalencia de enfermedades asociadas al Covid-19 y otras vinculadas al aislamiento, al confinamiento o a la soledad, todos conceptos similares pero diferentes a la hora de definirlos. Pero esta es una arista de análisis del adulto mayor que no es la que me convoca a escribir. Luego de varias observaciones entre grupos de adultos amigos, conocidos y parientes, me parece oportuno dedicar unas líneas a la pandemia pero desde el camino de aprendizajes y experiencias positivas para los adultos mayores.
Contrario a lo que muchos podemos pensar, los adultos mayores en general son creativos y proactivos a la hora de participar activamente en las redes sociales acelerado por la época de pandemia. Tanto los que están activos trabajando en distintas actividades laborales como aquellos que disfrutaban de su merecida etapa jubilatoria antes de la pandemia, los adultos ocupaban muchas horas al día en actividades recreativas ligadas al deporte (bochas, tenis, gimnasia rítmica, actividades lúdicas como juegos de mesa) y viajes varios.
Las salidas vespertinas o nocturnas para muchos eran moneda corriente, grupos de wattssap de amigos, fiestas, cumpleaños y juntadas improvisadas formaban parte de la vida de los adultos mayores. Otros grupos más intelectuales se dedicaban a reunirse para leer, analizar y debatir distintos puntos de vista, obras literarias en distintos bares y cafés de la ciudad compartiendo desayunos (los más tempraneros), almuerzos, meriendas o cenas. Días fijos dedicados a tales actividades lúdico- recreativas e intelectuales. Circulaban libros y revistas en soporte papel sobre las mesas de los lugares soñados y añorados. Las bibliotecas todavía tenían un papel preponderante. Ser socio, pedir, compartir y devolver libros. Los paseos a las playas, caminar, el mate compartido ( ahora individual).
La mayoría de los adultos mayores no son pasivos, son activos, creativos y proactivos. Escuchan música, graban audios, chistes, escriben narrativas, cuentos, novelas, novelas por radio, teatro a través de la radio, hacen de periodistas o lo son, republican noticias de la vida diaria, dan a conocer los cronogramas de pago, las noticias de último momento, locales y del panorama mundial. Conocen la evolución médica del tratamiento y los nuevos descubrimientos del coronavirus. Saben cómo cuidarse y lo hacen. Son responsables de sus acciones cuando salen. Usan barbijo y llevan siempre alcohol en gel. Salen lo básico e indispensable (no todos), aunque añoran “viejos tiempos pre coronavirus”, añoran los bailes que organizaban los jubilados, las peñas, las charlas, las conferencias, las presentaciones de cuentos o historias fantásticas, el cine, el teatro, los conciertos. Pronostican el fin del coronavirus y ya piensan y proyectan los posibles viajes y fiestas a realizar. Festejar los 60, los 70, los 80 o lo que amerite festejar.
La voz y las actividades de los mayores se hizo presente durante el confinamiento, éstos, apelaron a la tecnología disponible. Los teléfonos celulares fueron los “top” de la comunicación, primero tímidamente varios wattssapp al día, luego algunos videochat a cualquier hora del día, o a altas horas de la noche, algunos accedieron a dispositivos con más tecnologías. Los familiares que podían económicamente, aprovecharon para días de cumpleaños, día de la madre, padre, abuelos o cualquier excusa fue buena para dotar al adulto de algún nuevo dispositivo que le permita comunicarse vía chat, videoconferencia, facebook, fotos, instagram y otras tantas aplicaciones. Entonces empezó un nuevo camino, aprovecharon para comunicar recetas de bajas calorías y algunas de no tantas, de nuevas comidas saladas, postres, fotos de las producciones culinarias, también comunicaron y eligieron enseñar o aprender a tejer, a coser, a escribir, o participar en grupos políticos a favor o en contra perturbando a veces la propia paz familiar cotidiana, con amistades que se acercaron y otras que se alejaron por este motivo. La política es un proceso que produce adhesión o rechazo en las personas si no se sabe manejar emocionalmente los mensajes.
Eligieron comunicarse con gente de otros países en el hemisferio oriental u occidental. Eligieron chatear con gente con otros idiomas, aprendieron que hay traductores de idiomas y que todo es posible, desde relacionarse para estudiar, compartir amistad o relaciones amorosas. Mirar y escuchar conferencias de temas de interés a miles de kilómetros de distancia, en Nueva York, España o Israel.
A algunos hombres se los conoció haciendo teletrabajo pero con algún hobby tardío que consistió en pintar las paredes de la casa o arreglos menores o también aquellas mujeres que decidieron hacer barbijos o ropa infantil para vender por instagram. Casi todo fue posible a través de estos dispositivos. La tecnología se abrió al mundo y modificó las mentes de los adultos, de los niños y jóvenes y en forma abierta y gratuita hizo posible que un gran porcentaje de personas grandes pudiese continuar la vida lo más “normal posible” a pesar de la noticia diaria de muertos y enfermos por coronavirus en la ciudad de origen , en la provincia, en el país y en el mundo.
La vía remota abrió las mentes formateadas para la lectura del libro de papel. Ese papel tan suave al tacto y con ese aroma tan particular e inolvidable. Esta forma de comunicación TIC tiene un componente tecnológico pero también un componente social. El adulto mayor se empoderó frente a su familia y sobre todo frente a los jóvenes que todo lo saben o parece que lo saben.
El adulto ya es una persona participativa, tiene un rol activo frente al análisis actual de las noticias y de lo que acontece en el mundo. Ya no espera el diario del día para ver qué novedades hay. Está a un click del mundo global. La radio como medio de comunicación también cobró protagonismo con espacios “agiornados” y se abrió para opinar, criticar, debatir temas sociales, de salud o políticos o simplemente para solicitar temas musicales de interés o enviar saludos a amigos o parientes. La participación se hizo y se hace gratificante y necesaria ya que hay espacio para que cada uno dé su opinión y participe.
El componente social virtual acorta las brechas digitales, tiene otra dinámica de relacionarse con el otro, algunos adultos acceden a cursos virtuales cortos sin costo que de otro modo quizás no se hubiesen podido desplazar, ya sea por cuestiones económicas o por razones de imposibilidad física. Los adultos han adquirido competencias digitales que promueve el empoderamiento, incluye y hace contemporáneo al mayor en este nuevo escenario.
Las universidades pueden ser artífices de este gran desafío con programas en pandemia y pos pandemia, destinados a los adultos mayores donde el Estado pueda contribuir con iniciativas sistemáticas en programas y planes de gobierno que contribuyan y promuevan el envejecimiento activo y saludable, que piensen el bienestar, la calidad de vida y la inclusión en la sociedad de los adultos mayores. Debemos bregar para que esta propuesta de responsabilidad social se transforme en un deber moral de los Estados y de la sociedad toda para cohesionar nuestra sociedad contemporánea y transformar a esta franja etaria tan valiosa en personas activas, creativas y proactivas.
Recuperado de: https://www.elsevier.es/es-revista-enfermeria-universitaria-400-articulo-el-envejecimiento-saludable-el-bienestar-S1665706316300239
*Doctoranda en Ciencias de la Salud
Dipl. en Neurociencias
Esp. en Relac. Internacionales
Esp. en Políticas Socioeducativas, en Educ. Sup. y TIC
