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Manuel Belgrano: patriotismo, valentia y desobediencia

por Rodolfo Oscar Negri     –

El 27 de febrero de 1812 fue la primera vez que el pabellón patrio flameó en las barrancas del rio Paraná, pero lo festejamos otro día; el 20 de junio, que es el día del paso a la inmortalidad de don Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, su creador. Un patriota. De los más grandes. A quien el Libertador José de San Martín llamara “Padre de la Patria”.

A él se lo recuerda y de él se habla.

¿Qué decir de don Manuel Belgrano?

¿Qué fue uno de los más notables economistas argentinos, precursor del periodismo nacional, impulsor de la educación popular, la industria nacional y la justicia social?

¿Qué fue un defensor de la educación de las mujeres a principios del siglo XIX?

¿Qué alguna vez nuestra Concepción del Uruguay lo pudo cobijar en su función de responsable militar revolucionario en el Litoral?

¿Qué fue hijo de una acomodada familia porteña y perdió toda esa fortuna por su compromiso con la causa patriota?

¿Qué siendo abogado no tuvo el más mínimo reparo en convertirse en militar y comandar los ejércitos de la Independencia?

¿Qué se jugó la vida cada vez que –con suerte diversa- le toco comandar enfrentamientos militares y fue el vencedor de las más importantes batallas que se libraran en territorio nacional en la lucha contra el dominio español?

¿Qué murió pobre, solo y abandonado?

Podría continuar realizando muchas más preguntas de este tipo, pero quiero centrar este homenaje en un tema que demuestra su valor como hombre y patriota: su actitud inclaudicable respecto de la Independencia y sus reiteradas desobediencias al poder de la omnímoda ciudad-puerto. Vale la pena recordar que en ella se había seguido usando como propia la bandera española, manteniéndola izada en el Fuerte de Buenos Aires hasta el 16 de abril de 1815.

Hagamos un poco de historia

A fines de 1810 la Primera Junta cerró toda comunicación con el Paraguay, que se había negado a reconocerla y designa a Belgrano como comandante de una expedición militar destinada a someter a las autoridades realistas paraguayas. Entre las atribuciones recibidas por Belgrano se hallaba el mando superior de todos los territorios del litoral.

Más allá de su poca fortuna militar en la campaña a la tierra guaraní, continuó en el mando zonal.

El general Belgrano logró controlar las agresiones españolas e instalar una batería (una especie de fuerte militar) en las barrancas del Paraná, a la que llamó Libertad. A Belgrano le pareció absurdo que sus soldados siguieran usando distintivos españoles por lo que solicitó y obtuvo permiso para que sus soldados usaran una escarapela. Por decreto del 18 de febrero de 1812, el Triunvirato creaba, según el diseño propuesto por Belgrano, una «escarapela nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata de dos colores, blanco y azul celeste, quedando abolida la roja con que antiguamente se distinguían».

Belgrano se entusiasmó con el decreto y le respondió al Triunvirato, anunciándole que el día 23 de febrero de 1812, entregó las escarapelas a sus tropas para que «acaben de confirmar a nuestros enemigos de la firme resolución en que estamos de sostener la independencia de la América». Hasta entonces él era uno de los pocos que por aquel entonces se animaba a usar la palabra “independencia”. El Triunvirato, y sobre todo su secretario, Bernardino Rivadavia, estaba preocupado en no disgustar a Gran Bretaña, y a su embajador en Río de Janeiro, Lord Strangford, con quien estaba negociando.

Belgrano seguía empeñado en avanzar en el camino hacia la libertad y el 27 de febrero de 1812 inauguró una nueva batería a la que llamó Independencia. Allí hizo formar a sus tropas frente a una bandera que había cosido doña María Catalina Echeverría, una vecina de Rosario. La bandera tenía los colores de la escarapela y su creador ordenó a sus oficiales y soldados jurarle fidelidad diciendo «Juremos vencer a los enemigos interiores y exteriores, y la América del Sur será el templo de la Independencia y de la Libertad.».

Al enterarse el Triunvirato de la decisión de Belgrano de crear una bandera propia, reaccionó inmediata y violentamente reclamándole como “desorden” la actitud asumida y exigiéndole que abandone tal actitud.

Pero Belgrano no llegó a enterarse de esta resolución hasta varios meses después de emitida por lo que siguió usando la bandera nacional que fue bendecida el 25 de mayo de 1812 en la Catedral de Jujuy por el sacerdote Juan Ignacio Gorriti.

En julio recibió nuevamente una terminante intimación del Triunvirato y contestó admitiendo que en dos oportunidades había izado la bandera para «exigir a V.E. la declaración respectiva en mi deseo de que estas provincias se cuenten como una de las naciones libres del globo». Concluye la carta indignado diciendo que destruirá la bandera: «La desharé para que no haya ni memoria de ella. Si acaso me preguntan responderé que se reserva para el día de una gran victoria y como está muy lejos, todos la habrán olvidado».

Belgrano guardó la bandera.

Al mismo tiempo de la reprimenda, se le cambió de destino y se le ordenó hacerse cargo del Ejército del Norte con la expresa instrucción de que se retirara del norte de lo que hoy es la Argentina y se hiciese fuerte en Córdoba.

Los rumores de que la tropa se retiraba hasta Córdoba, causó alarma en la ciudad de Tucumán que dispuso enviar representantes ante Belgrano, para pedirle que no lo haga.
Belgrano no buscaba más que ese pretexto para desobedecer la orden de retirada. Les dijo que se quedaría si su fuerza era engrosada con 1.500 hombres de caballería, y si el vecindario le aportaba 20.000 pesos plata para la tropa, cantidades que la comisión ofreció duplicar. Decidió ignorar por lo tanto las intimaciones del Triunvirato y hacerse fuerte allí. Una nueva desobediencia.

Al frente del Ejército del Norte, Belgrano volvió a desplegar la bandera que hiciera ondear en las barrancas del Paraná y derrotó en Tucumán a las tropas realistas que lo doblaban en número, deteniendo el avance realista sobre el noroeste argentino y salvando la naciente Patria.

El siguiente paso fue agradecer a Dios la victoria y la nueva enseña presidió la ceremonia de juramento de lealtad a la Soberana Asamblea General Constituyente del Año XIII, a orillas río Pasaje que pasó a llamarse Juramento.

Pero no quedó allí, decidió avanzar y encabezó a nuestras tropas durante la gloriosa gesta de la batalla de Salta. Ambos acontecimientos tuvieron lugar durante el mes de febrero de 1813.

Ambos triunfos permitieron consolidar los límites de la región bajo su control para construir una Patria.

Ambos triunfos fueron guiados por la nueva enseña patria.

El Segundo Triunvirato, bajo la influencia de la Logia Lautaro creada por San Martín y la Sociedad Patriótica dirigida por Bernardo de Monteagudo, avalaron lo realizado por Belgrano y dieron un nuevo impulso a la guerra revolucionaria.

Hasta aquí el punto que queríamos desarrollar.

Nuestra Argentina se pudo construir con el basamento de desobediencias históricas. Conocemos la de San Martín (que se negó a reprimir a Artigas con el ejercito de los Andes) y las que acabamos de ver de Belgrano.

Si traspolamos esas actitudes a nuestros días no es difícil encontrar ejemplos donde, en estos casos, la sociedad se rebela ante decisiones notoriamente injustas o en reclamos que son la defensa de derechos básicos.

Esta histórica plaza ha vivido, hace no mucho, movilizaciones que son una muestra cabal de lo que estamos expresando –por ejemplo- tanto en el reclamo por Micaela García como por el fallo del 2 x 1. La gente no hace más que continuar la lógica de aquella sentencia del Mahatma Gandhi que sostiene “cuando una ley u orden es injusta, lo correcto es desobedecer”.

Es la mejor manera de honrar a hombres como don Manuel Belgrano.

En la Patria se viven momentos claves y es fundamental que la participación de cada uno de los ciudadanos aporte la racionalidad, el sentido común y el patriotismo que la hora requiere.

Defendamos nuestros derechos, no silenciemos las injusticias, reclamemos lo que es justo. No dudemos en comprometernos y seguramente sentiremos el cobijo de aquella bandera que hoy nos mira desde el cielo, el mismo en que se inspiró don Manuel Belgrano, y espera que nosotros seamos capaces de generar aquella Patria que soñaron aquellos héroes que han dejado su vida por la construcción de una Argentina más justa, igualitaria, inclusiva y equitativa para nosotros, para nuestros hijos y para todas las generaciones que vendrán a poblar este bendito suelo.

Esta nota fue publicada por revista La Ciudad el 20/6/2017