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Calles con Historia: Teresa, solo Teresa (Primera Parte)

Por Jorge Héctor Bonvín*-          .

Teresa Ratto tuvo un paso tan rápido como intenso por este mundo. No escribió libros, ni artículos médicos, no realizo viajes de capacitación, como el de Cecilia Grierson a Inglaterra, la vida no le dio tiempo.

Vio la luz en el 13 de febrero de 1877, en una ciudad donde los ánimos después de la muerte de Urquiza, todavía no se habían aplacado, en el populoso barrio del Puerto Viejo, en la calle que hoy lleva su nombre [1] y Artigas. Fue la segunda hija de un matrimonio de panaderos,  Angel Ratto y Sabina Rebossio, que se componía además de 15 o 13 hijos, según la fuente que se consulte.

[1] El reconocimiento de su ciudad, haciendo que una calle lleve su nombre fue lamentablemente lento. Recién el 26 de diciembre de 1975 bajo la intendencia de Don Carlos María Scelzi, se le da su nombre a la anterior calle Washington, sobre la que estaba la casa paterna.

Con su devoción por el estudio la única alternativa de la época era estudiar magisterio en la Escuela Normal de Maestras del Uruguay, de donde egresó en 1892, junto con 17 compañeras, en uno de los años donde menos egresadas hubo, pero su verdadera vocación era otra.

Es aquí donde entra en su vida José Benjamín Zubiaur, quien desde hacía tiempo estaba luchando para que pudieran acceder a la educación machista las mujeres, tanto como educadoras como alumnas.- Del producto de sus gestiones ante el Ministerio de Instrucción Pública es que Teresa Ratto puede ingresar al Colegio Nacional para estudiar la carrera de bachiller, que era la única carrera que habilitada para estudiar luego medicina.

Tuvo suerte Teresa de encontrarse con un hombre como José B. Zubiaur, prestigioso educador, además rector de un Colegio de enorme prestigio en el país. Indudablemente que si esto hubiera ocurrido en otro contexto habría sido difícil que se llegara al resultado que se logró.

Finalizó su carrera de Bachiller en tres años, ya que hizo dos años libres. Fue el mismo  Zubiaur que le solicita al Ministro de Justicia, Culto e Instrucción autorización para que pueda rendir libre tercer año.

Luego se incluye, con la misma fecha, el pedido que ella hace directamente al Ministro. Como se ve la situación de la Educación en aquella época  estaba totalmente centralizada. Se desprende esta afirmación que los rectores de los Colegios tenían que ser designados en última instancia por los Presidentes de la Nación y como pasa en este caso el Ministro debía autorizar cursar un año en forma libre.

Teresa Ratto, argentina de 17 años de edad, alumna del Colegio Nacional de esta ciudad, con la venia de mi señor Padre que firma la presente, ante el Sr. Ministro con el debido respeto me presento y expongo. Que habiendo terminado los estudios en la Escuela Normal Nacional de esta ciudad en diciembre de 1892, y con propósito de cursar los Superiores de la Facultad de Medicina de la Capital Federal, ingresé, previo el examen correspondiente, como alumna regular el año pasado, en el curso de Primer Año de Preparatorios en el Colegio Nacional de esta localidad, habiéndolo cursado y aprobado sus materias con sujeción al Plan de Estudios, como así mismo las correspondientes al segundo año, de las que di examen como estudiante libre de conformidad con el artículo (hay espacio en la nota original) del Reglamento General.”

“Ahora bien. Exmo Sr. Ministro –continúa la nota de Teresa Ratto- habiéndome preparado durante las actuales vacaciones en aquellas pocas materias, Inglés, Latín, Algebra y Teneduría de Libros correspondiente al 3er. Año cuyo estudio no se hace en las Escuelas Normales y repasado las restantes Historia, Geografía, Francés, Castellano y Geometría, cuyo estudio más o menos es el mismo que hice al cursar el tercer año en la Escuela Normal. Solicito al Sr. Ministro quiera concederme permiso para rendir examen como estudiante libre en el próximo mes de febrero, de las materias correspondientes al Tercer Año del Preparatorio a efecto mis estudios en el curso de cuarto año, para el cual de las circunstancias expresada, resulta debo estar suficientemente preparada”

Con este apuro vivía Teresa Ratto la vida, estudiando en unas vacaciones, todas las materias de tercer año, como si supiera que no le serían dadas muchas oportunidades para poder cumplir su deseo.-

La vida de Teresa Ratto en el Colegio no debe haber sido fácil. Es difícil imaginar cual ha sido su calvario en una sociedad totalmente machista, donde había profesores que se negaban a tomarle la lección o sus ex compañeras en la Escuela Normal  le negaban el saludo [1].-

Terminado su bachillerato en 1895 inmediatamente después ingresó en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires donde concluyó sus estudios de médica en 1903 con la tesis sobre “Seudo reumatismo Escarlatinoso”, estudio que dedica a sus padres y sus hermanos y que tiene como padrino al Dr. José Penna[2] que se desempeñaba como catedrático titular de la cátedra de Clínica Epidemiológica y a los doctores José Penna, José B. Zubiaur, Cecilia Grierson y Mariano Masón “mi sincera gratitud”.

En la Facultad integró también el Centro de Estudiantes y fue fundamental en la creación de la Asociación de Universitarias Argentinas, entidad que nucleaba a las mujeres, pocas por cierto, que podían acceder a la universidad.

Inmediatamente fue designada jefa de vacunación de la Asistencia Pública de Buenos Aires y luego como médica de la ciudad, donde debió enfrentar una gran epidemia de viruela siendo la encargada de la vacunación de la población, tarea que llevaba a cabo en su casa, donde se producían largas colas.

Teresa Ratto falleció el 2 de abril de 1906 a las 6,30 de la tarde, en Concepción del Uruguay, a los 29 años, de peritonitis. “Con ímpetu juvenil y en poco tiempo, había desafiado todos los esquemas retrógrados de la época y se lanzó a cumplir con su vocación, ocupando de hecho un plano de igualdad con los hombres, inscribiendo su nombre de ese modo junto al de las precursoras argentinas en la lucha por los derechos de la mujer[3] o como dijera en su discurso homenaje la Dra. Elvira López “En el mármol de esta tumba tan prematuramente abierta, podría gravarse un epitafio que dijera: “Aquí reposa quien en su vida no conoció el descanso”

Su despedida

El fallecimiento de Teresa Ratto impactó muy fuerte en nuestra sociedad, ya que se producía la muerte de una persona joven, de enorme futuro y que había demostrado en su vida un espíritu que parecía invencible.

Los medios periodísticos de la época, como la Juventud, El Bien Público o Radical destacaron el infausto acontecimiento.

El sepelio se realizó al día siguiente, días terribles de lluvia, pero su despedida puede dividirse en dos partes, la que se efectuó el día de su sepelio y la que ocurriría al mes siguiente con la llegada de una delegación de Buenos Aires.

Hubieron tres discursos, el del Dr. Eduardo Tibiletti [4] por la Escuela Normal de Maestros, el señor Miguel Bordatto que habló por el personal docente del Colegio Nacional y Victorio M. Delfino por los alumnos del Colegio Nacional.

La impresión de esta sociedad por el fallecimiento de la doctora Ratto –decía Tibiletti– corresponde a lo inesperado de la desgracia. Así se explica que sea un sentimiento de profunda tristeza el que nos sobrecoge ante la caída de esta joven luchadora, que desaparece antes  de haber podido coronar con una obra definitiva, la columna trunca de su esfuerzo”

“Cuando las religiones exigen a sus adeptos que imiten a su Dios y se acerquen a él, el camino que les indican es el de la bondad. La Doctora Teresa Ratto era buena, fundamentalmente buena. Adusta en sus maneras; no obstante la bondad era una emanación de su alma y sus amigos admiraban el fondo inagotable que guarda su tesoro”.-

Por su parte Victorio Delfino, después de hacer mención a la trayectoria de Teresa Ratto, expresa: “Desaparece la forma material de lo que en vida se llamó Teresa Ratto, pero deja un algo muy precioso, muy sublime, que solo lo dejan los grandes de alma: el estímulo para todas las generaciones que vengan; el ejemplo grandioso de su vida, las virtudes que practicó, el bien, todo eso no muere, flotará en el ambiente sano del pensamiento de los que la conocieron y apreciaron y en los momentos aciagos cuando nuestro ánimo desfallezca, recurriremos a la sublimidad de su ejemplo y será para nosotros un linitivo[5] poderoso”[6]

[1] La sobrina de Teresa Ratto, que también lleva su nombre, en el suplemento Fin de Semana del Diario La Calle del 23 de mayo de 1999.-

[2] Dr. José Penna (1855-1919) – Fue un médico sanitarista, epidemiólogo e investigador argentino, reconocido en el mundo entero. A su creación corresponden las principales leyes de higiene, profilaxis y salubridad pública.

[3] Américo Schvartzman – “Teresa, la primera dama de Concepción”  – Revisa Análisis Digital

[4] Eduardo Tibiletti (1871-1940) – Egresado del Colegio Nacional y abogado en la Universidad de Buenos Aires. Fue profesor del Colegio Nacional, luego su Rector, y en la Escuela Normal, Presidente de La Fraternidad, trabajó como periodista del Diario La Razón de Buenos Aires y por dos años gobernador de la Provincia – Calles con Historia – página

[5] Palabra que no se encuentra en el diccionario de la Lengua Española, 22º Edición. Significa “cosa o medio que mitiga el padecimiento físico o moral”

[6] La Juventud – 5 de abril de 1906

 

*    Jorge Hector Bonvín es el autor del libro “Calles con Historia” que editara la Municipalidad de Concepción del Uruguay en mayo de 2019

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