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Las pestes en las continuidades de la Historia: La Fiebre Amarilla en Concepción del Uruguay (1)

Por Aida “Marisa” Toscani  –  

Los procesos de graves epidemias despiertan en las poblaciones que las padecen, el lógico terror de la cercanía, primero con la enfermedad, pero también con la muerte.

Para 1871 en los primeros meses de ese año comienzan a llegar a Concepción del Uruguay las noticias de la epidemia de fiebre amarilla que asolaba la población de la ciudad de Buenos Aires.

La situación de Entre Ríos y en especial de Concepción del Uruguay, en ese año de 1871, era de extrema angustia. Muy cercanos estaban los duros enfrentamientos entre las tropas jordanistas contra el ejército nacional, que buscó impedir que López Jordán ejerciera el gobierno en Entre Ríos.

Frente al asesinato de Justo José de Urquiza en abril de 1870 y la designación de López Jordán como gobernador, el Poder Ejecutivo Nacional, con Sarmiento como presidente, ordenó la intervención de Entre Ríos y el envío de fuerzas militares que desembarcaron en Uruguay y se apoderaron de ella.  A los pocos días, 18 de julio de 1870, el ejército jordanista recupera el dominio de la ciudad. Sin embargo, el triunfo fue muy efímero y los revolucionarios no pudieron sostenerse, frente a tropas provistas de moderno armamento como los fusiles “Remington” y cañones Krupp.

La ciudad de Concepción del Uruguay mostraba en sus principales edificios los terribles daños ocasionados por la lucha. La Iglesia de la Inmaculada, el Colegio Nacional, el Teatro 1° de Mayo, la casa de la familia Jorge, todos habían sufrido las consecuencias de cañonazos y la metralla.

En ese escenario de devastación y los enconos atravesando los sentimientos de los entrerrianos, se desató otra terrible amenaza como fue la epidemia de fiebre amarilla.

La fiebre amarilla como principal amenaza

Tras conocer las noticias de la enfermedad, que se propagaba con enorme rapidez por la ciudad de Buenos Aires y producía gran número de muertos, la reacción del pueblo uruguayense fue reclamar a la autoridad medidas para resguardarse del peligro.

Aquí es propicio detenerse y analizar que continuidades se dan en la historia de las epidemias. En primer lugar, el sentimiento generalizado en la población entendiendo que son las autoridades, quienes deben encargarse de organizar la lucha contra el flagelo de turno, en aquel momento la fiebre amarilla, hoy el corona virus.

Así es posible comprobar, que jefe político de aquel momento, que era el médico Vicente H Montero, con conocimiento de causa, determinó la necesidad de extremar las medidas de higiene entre la población. Para fiscalizar que se cumplan las órdenes impartidas, se designaron cuatro comisiones de vecinos que respondían a las cuatro secciones en que se dividió la ciudad. La función de estos organismos consistió en visitar los domicilios desde el día 8 al 20 de marzo y obligar a sus habitantes, a realizar la limpieza de los predios, en caso de oposición o rebeldía, se recurría a la ayuda del policía encargado de acompañar a cada Comisión.  Esa forma de organización implicaba comprometer a toda la comunidad, el jefe político no hubiese podido resolver la problemática, así surgía la necesidad de un trabajo solidario. Al igual que hoy, que para enfrentar al virus primero debemos convencernos que la Patria es el otro.

La prensa, al igual que en la actualidad, acompañó cada uno de esos acontecimientos convirtiéndose en el órgano responsable de difundir las medidas sanitarias que requería la hora y el papel y responsabilidades asignado a cada vecino. El periódico uruguayense “La Democracia” entre otras apreciaciones recomendaba: “no descuidar la limpieza en general, auxiliando a las autoridades en las medidas que toma y que muy satisfechos vemos cumplirse por el vecindario todo” Vale aclarar que a diferencia con la actualidad; según relata Urquiza Almandoz, en esa época no surgieron grupos opositores, sino que con gran racionalidad obedecían las normas sanitarias y al gobierno que la sostenía. Testimonio de esa posición es el siguiente comentario del citado periódico “Nuestro Jefe Político tomó las medidas del caso para poner a Uruguay en condiciones higiénicas. Merece un ¡bravo!

Al igual que en la actualidad la enfermedad se simbolizaba como un enemigo que acechaba, por lo cual el medio gráfico insistía: “El enemigo está cerca, debemos estar vigilantes. Mucho aseo, mucha limpieza, he ahí lo que debemos hacer si queremos evitar el contagio.”  Gran descubrimiento este, del siglo XIX cuando la medicina entendió que la única barrera para limitar la acción de las enfermedades era un buen aseo de las personas y de los espacios habitables. ¡Y que hoy sigue siendo el arma más eficaz contra la pandemia!

Aparecen también el uso de los recursos de la época por los cual se recomienda el utilizar el alquitrán como un eficiente preservativo, tanto como el sulfato de hierro o el cloruro de zinc.

También aparecen los reclamos ante el país vecino de la República del Uruguay y solicitan que las autoridades de Concepción del Uruguay soliciten la eliminación de un foco infeccioso como seguramente era el Saladero Santa Isabel instalado sobre el arroyo Negro.

Pero ninguna de esas medidas alcanzaba, frente a la cercanía y permanente flujo de personas que se trasladaban de Buenos Aires a nuestra ciudad y viceversa. Y la manera pavorosa como se extendía la fiebre amarilla. Razón por la cual se dictaminó el cierre del puerto de Concepción del Uruguay. Frente a una medida tan extrema La Democracia previene a sus lectores “Esta medida de imperiosa necesidad ha llenado de satisfacción al pueblo entero […] que tan acertada y discreta resolución se cumpla de una manera inexorable, pedimos entonces a las autoridades competentes inflexibilidad inquebrantable, estricta vigilancia y diligencia.”

Los cuidados ordenados por el gobierno local no pudieron evitar que el mal llegara a la ciudad, si bien retrasó los contagios hasta el mes de agosto y la epidemia se extendió hasta diciembre del año 1871. En total hubo 421 fallecidos, muchos de los cuales fueron enterrados en una fosa común del Cementerio de la ciudad que recuerda los muertos por la fiebre amarilla.

La información revisada nos lleva a concluir que, en circunstancias extremas, todas las miradas se vuelven al Estado. Pero éste, tiene rostro, no es una entelequia y ese rostro puede ser el de Bolsonaro empujando a su pueblo a la muerte, al igual que Trump, o como nuestro gobierno, el de Alberto Fernández y Cristina Kirchner que, entre la economía y la vida, eligieron la vida.

«En 1871, el Jefe de Político Avelino González dispuso abrir un osario en el que se colocaron los restos ubicados en bóvedas abandonadas, conjuntamente con los que se trasladaron desde el viejo cementerio habilitado en 1805, en el actual Barrio La Concepción, a raíz de la cantidad de cadáveres que en poco tiempo ingresaron al cementerio.» (2)

  1. La información con la cual fue elaborado este texto proviene de la Historia de Concepción del Uruguay de Oscar Urquiza Almandoz. T. II y III
  2. Las fotos y el texto que las acompaña, corresponden al libro de Ana María Almeida, Virginia Civetta y Carlos Ratto  CEMENTERIO DE CONCEPCION DEL URUGUAY – MITOS, LEYENDAS Y VERDADES CONSTRUIDAS

 

Esta nota fue publicada por la revista La Ciudad el 10/6/2020

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