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50 años del genocidio, 50 años de decadencia argentina

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Por Luis Alejo “ToTo” Balestri  –       

24 de marzo. Si bien todos los años repudiamos el inicio de la dictadura genocida, es probable que este, por tratarse de 50 años y por tener un gobierno negacionista, pueda ser particular. No aceptamos dudas ¡fue una dictadura genocida y fueron 30000 los desaparecidos! Y muchos más fueron apresados, torturados, perseguidos, espiados. Todo para provecho de algunos empresarios y capitalistas que hoy, montados en nuestros errores están arrasando nuestra Nación.

Desde hace bastante tiempo, venimos remarcando el carácter civil y militar de esa dictadura. No vino por algunos grupos guerrilleros que se habían armado y ya casi estaban derrotados. Esa fue la excusa principal. Tampoco por la inflación y el descalabro económico del gobierno de Isabel, que estaba a nada de las elecciones. Su razón fueron otras, cuyas consecuencias aún estamos pagando hoy. Vinieron a culminar lo que habían empezado en el 55 y no habían logrado. Vinieron a cerrar la etapa dogmática de la contrarrevolución.

Recuerdo que cuando Perón nos hablaba de la Revolución describía que las mismas pasaban por cuatro etapas: la doctrinaria donde expande una base ideológica que le de sustento, la toma del poder, la fase dogmática que es el afianzamiento de la ideología y que muchas veces se realiza por la fuerza, eliminado al enemigo; y la institucional donde se definen las nuevas reglas de juego basadas en la ideología de la primera etapa.

Estoy convencido que las contrarrevoluciones pasan por las mismas etapas. Encuentro en nuestra historia dos períodos similares: La caída de Rosas y la caída de Perón. En ambos casos, el cambio del modelo económico fue organizado mediante un genocidio.
En tiempos de Rosas, la prédica liberal venía desde antes de Mayo.

Ocasionó una guerra civil intermitente entre esta intelectualidad cipaya y afrancesada y los intereses de los comerciantes porteños vinculados a Gran Bretaña que bancaban un ejército y los caudillos del interior que tenían muy claro que sus economías serían arrasadas por el libre comercio.

El desenlace fue la caída de Rosas y con ella la destrucción del primer intento industrialista nacional
También estoy convencido que la toma del poder pro imperialista o antinacional, no fue tanto por la prédica doctrinal liberal, sino la venalidad de algunos dirigentes federales, como casi siempre ocurre.

Muchas veces el dinero quiebra convicciones.

Pero, la toma del poder que marcó el fin del gobierno de Rosas no produjo de inmediato la etapa dogmática, El grupo vencedor mostró contradicciones severas que, entre otras cosas, ocasiono la secesión de la Provincia de Buenos Aires.

Pavón desentrañó las dudas y fue la verdadera toma del poder. Marcó la llegada de Mitre quien organizó un ejército, recurriendo a un nuevo endeudamiento (la segunda después del préstamo de Rivadavia). Lo organizó con armas inglesas compradas con dinero inglés. Son las armas que ocasionaron el primer genocidio argentino, siguiendo la recomendación sarmientina de que no había que ahorrar sangre de gauchos. La institucionalidad llegó con Roca y la generación del 80.

En la segunda contrarrevolución, la etapa doctrinaria fue realizada en las universidades por personajes como los que Jauretche describe en “Los Profetas del Odio y la Yapa”. La primera toma del poder fue en 1955. Intentaron desde el arranque poner en marcha la etapa dogmática, buscando borrar del mapa a Perón y el peronismo.

Después de los bombardeos y de los fusilados, la dictadura comenzó un lento pero indetenible retroceso. Tuvieron dos problemas: en primer lugar, el peronismo resistió y gradualmente, dejando mártires, fue doblegando la fuerza que intentaba destruirlo. La segunda cuestión fue que, a pesar de la prédica en contra, el modelo productivo de desarrollo por sustitución de importaciones y desde la demanda interna, también se repuso. Gobiernos como el de Illia o el interregno de Ferrer como ministro de Levingston lo recauchutaron.

Vinieron varios golpes de estado y cualquier cantidad de aprietes militares a gobiernos elegidos con una mayoría proscripta. Agotados, la guardia pretoriana del imperialismo emprende su retirada y el peronismo retornó al gobierno. El modelo sustitutivo que había llegado por inercia hasta 1973 se vio consolidado por el Plan Trienal y la política económica trazada en el marco del Pacto Social.

En un escrito anterior sobre la decadencia argentina, para ganar un poco de imparcialidad, rescaté la opinión de un radical que me pareció muy descriptiva de la situación en 1975. Se trata de Aldo Isuani y fue publicada en el diario Perfil, diciendo que en los 70, una fotografía del escenario “muestra grandes progresos en el desarrollo de industrias de base como la siderurgia, el aluminio y la petroquímica, autosuficiencia en la producción de energía fósil e hidroeléctrica, fabricación de automotores de marcas nacionales, avanzada investigación en energía nucleas, fabricación naviera y aeronáutica, universidades prestigiosas e investigación científica destacable. Poseía una sociedad con alto nivel de integración social y muy importante desarrollo de los sistemas educativos y sanitarios. Hacia fines de los sesenta, el PBI per cápita no era el equivalente al de los países europeos, pero duplicaba al de Brasil”.
A lo dicho podemos agregarle que, en 1974, la exportación de manufactura de origen industrial alcanzó niveles extraordinarios y la articulación tecnológica con la industria era visible. Hoy, en razón de la crisis de Fate, pudimos recordar la división de calculadoras que tenía esa firma y saber que habían desarrollado de una de cálculo científico que se exportaba a Europa.

Era muy potente y totalmente argentina. Además, ese grupo junto con científicos de la UBA había comenzado el desarrollo de una computadora nacional. Vaya si estábamos bien.

Esa fotografía que describe el autor de la nota fue la que trajo de dictadura genocida; que encarnó y profundizó la segunda fase de la etapa dogmática de la anti revolución. No solo había que destruir el peronismo, sino que lo más importante era destruir el modelo productivo, basado en la industrialización, en la demanda interna y en el desarrollo tecnológico donde abrevaba el peronismo.

Los militares de la última dictadura cerraron la etapa dogmática de la contrarrevolución. No ahorraron sangre ni crueldades como era la enseñanza de la historia, pero también y de modo muy específico atacaron el modelo sustitutivo. Las medidas hoy son muy conocidas pues las han venido repitiendo desde entonces: apertura comercial, desprotección en momento que por ejemplo, Europa recurría al dumping, reforma financiera exigiendo condiciones que hizo desaparecer las cajas de crédito y sacó el acceso al crédito a los pequeños y medianos industriales (y también campesinos), encarcelamiento de dirigentes de prensa y aprietes para que vendan sus empresas a precios viles, publicidades sosteniendo la baja calidad de nuestra industria nacional, salarios congelados y pérdida de poder adquisitivo,

El principal golpe de gracia al modelo vino desde lo financiero. Con el argumento de controlar la inflación, la dictadura genocida comenzó lo que vulgarmente se llamó la “bicicleta financiera”. Martínez de Hoz y sus civiles secuaces inventaron la herramienta que después siguió cada gobierno neoliberal.

El mecanismo es simple: aplicar altos tipo de interés con tasas reales, muy mayores respecto a la inflación y generar condiciones de fácil acceso de los capitales transnacionales al mercado interno, acompañados con algún seguro sobre el tipo de cambio.

Con esa condición de seguridad (devolver el dinero al mismo valor y con los intereses pactados para que el capital pueda retirarse) los capitales vienen, pero no a invertir, sino a especular en base a intereses que el gobierno pagaba sobre el ajuste al Pueblo.

Poder devolver los dólares que entraron primero, requiere que vengan más dólares a colocarse, pues en ese marco de tipos de cambio bajos, la economía cae y las exportaciones de productos primarios no alcanzan a generar un superávit que genere los dólares faltantes. Cuando el ingreso de billetes norteamericano mengua, no queda otro remedio que tomar deuda externa. Cuando se agotó la capacidad deudora del Estado argentino, usaron las empresas públicas (sirvió después para denigrar su funcionamiento que hasta allí andaban bastante bien).

Pero también llego un tope de esta forma de préstamo, entonces pidieron a los nuevos empresarios que bancan la dictadura para que tomen prestado.

En determinado momento, no hubo más formas de tomar prestado y la crisis llegó. Apareció la desconfianza y chau, los capitales especulativos salen en bandada dejando un tendal de pobreza. Un Pueblo sin recursos y con la economía exhausta. También es el momento que cambian los Bancos comerciales. Recuperaron los depósitos antes nacionalizados y sus negocios dejó de ser prestar a la actividad económica y puso sus recursos a la bicicleta. De allí obtenían ganancias extraordinarias, que después debemos pagar nosotros mediante nuestra participación en la economía.

La cesación de pagos se salva mediante una devaluación por lo cual otra vez el que paga es el Pueblo y los trabajadores. El inefable Cavallo, puesto por las surgentes empresas de la Fundación Mediterránea salvó la crisis de las empresas que tomaron deudas en dólares, estatizando las mismas. El decir, otra vez las pagamos nosotros.

Cuando los milicos genocidas se retiran no queda una deuda que había sido multiplicada por casi 7 veces, cercana a los 50000 millones de dólares y una debilidad congénita, la carencia de dólares, por lo que una corrida sobre el tipo de cambio es la mejor herramienta para correr o debilitar un gobierno.

La deuda externa fue un lastre para la economía y un importante condicionamiento para la política. La actividad industrial estaba en uno de sus picos más bajos, nuestras exportaciones volvieron a ser principalmente productos agropecuarios. La dirigencia empresarial anterior fue reemplazada por un grupo nuevo que se reúnen en la Asociación Empresaria Argentina. Ellos se transforman en el nuevo círculo rojo, a veces asociados a capitales extranjeros, a veces en soledad.

Lo trágico fue la destrucción. Lo triste fue que la dirigencia política que vino con la recuperación de la democracia no supo, no pudo o no quiso cambiar las reglas de juego económico de la dictadura y mucho menos recuperar el modelo industrial. Confieso que un primer texto decía “que la política no . . .” y me di cuenta del error. La política como ciencia o como práctica es la forma con que se toman decisiones cuando hay dos o mas personas involucradas. Es posible que habiendo dos haya conflicto y requiera negociación que puede terminar en acuerdo o en imposición.

Eso es político y desde ese punto de vista es una práctica necesaria pues facilita las decisiones colectivas. Aplicada así es política en sentido amplio, cuando vemos los conflictos y juegos de poder aplicados a las decisiones públicas es política en sentido restringido. Debemos ser claro en separar lo que es la política como algo imprescindible y lo que son los dirigentes políticos.

Lo triste fue que nuestros parlamentos desde 1985 avalaron las deudas externas tomadas en situaciones anormales. Una dirigencia timorata y a veces vendida, aprobó toda deuda que le tocó. Ningún gobierno se animó a modificar la ley de entidades financieras que permite las bicicletas, que después de los milicos fue ejecutada por el tándem Menem Cavallo, por De la Rúa, por Macri y Caputo y ahora por Milei y otra vez Caputo.

Hoy también sabemos como termina, porque siempre fue así. Sostener la bicicleta es tomar pagar intereses usureros con nueva deuda que se va multiplicando. Hasta que no nos prestan más y llega el cese de pagos (default le dicen ahora) y la salida por devaluación que multiplica el hambre. Milei y Caputo estuvieron al borde y fueron salvados por los norteamericanos el año pasado.

Esa actitud timorata o vendida de la dirigencia que apuntaba a retomar la industrialización desde la demanda interna y el desarrollo tecnológico es tan débil que cuando, por el mecanismo electoral retorna el neoliberalismo, en pocos días destrozan lo que habíamos construido en muchos años.

Ese constante querer volver al proyecto anterior casi sin voluntad ni convencimiento y el inmediato retorno neoliberal que destroza lo poco que se hace, nos ha provocado una decadencia inédita en el mundo. De estar en el quinquenio de 1948 a 1953 en el segundo decil de un ranking de países ordenado por PBI per capital hemos pasado al quinto quintil. De tener un PBI que duplicaba el brasilero hoy es la mitad de este. De crecer al ritmo de Australia o Nueva Zelanda hoy nos hemos quedado por allá abajo.

Pero la decadencia no fue solo económica. Las escuelas en ese período tienden a anarquizarse y hay muchas de ellas que ya no educan ni en lo elemental. La salud pública es precaria y al borde de la extinción. Recuperamos la democracia, pero no cumplimos la promesa: ya no se come, no se educa ni se cura.

Quiera Dios, que, en este tan significativo recuerdo del inicio de nuestra decadencia, también tomemos conciencia de que no alcanza con la democracia representativa donde se vota cada tanto, porque la falta de resultados hace que haya pocas ganas de ir a votar. Es necesario profundizar la democracia, generando participación popular que garantice que el gobernante haga lo que el Pueblo quiere y defienda un único interés: el del Pueblo.

Si esto no ocurre, no nos sorprendamos de los negacionistas ni del advenimiento de nuevos Mileis o de nuevos Macris. Además de Memoria es necesario convicción en los viejos principios peronistas del modelo industrial y huevos para cambiar la decadencia.
Luis Alejo “Toto” Balestri. – Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Córdoba (España).- Contador Público por la Universidad Nacional de La Plata (Argentina). – Diplomado en Relaciones Internacionales por la Círculo de Legisladores del Congreso de la Nación Argentina y el auspicio de la UBA.

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