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Zarpazos y rugidos oligárquicos en el intento de asesinato  Cristina Fernández de Kirchner

por Aída (Marisa ) Toscani   –      

 

La violencia constituye una herramienta utilizada con frecuencia para modificar determinados contextos. Recurren a ella en ciertos momentos, los sectores oprimidos, explotados con el objetivo de escapar a esa situación. Pero, a esa estrategia acuden siempre quienes detentan el poder económico para sostener sus privilegios.

América latina, como tantas otras regiones en el mundo, es un escenario donde suceden hechos de violencia. En la última década del siglo XXI en un muy breve repaso hemos asistido al atentado contra Nicolás Maduro presidente de Venezuela en un acto público el 4 de agosto de 2018. Gobierno demonizado por Estados Unidos por sus intereses en el petróleo de Venezuela.

En ese mismo año fue el asesinato en Río de Janeiro (Brasil) de Marielle Franco concejala por el PSOL partido de izquierda. Una militante de los derechos sociales y muy comprometida con los sectores marginados de la sociedad y la defensa del medio ambiente.

El hecho más reciente, el asesinato del precandidato de Ecuador Fernando Villavicencio el 9 de agosto de este año. Claro opositor al ex presidente Correa e integrando el arco político de la derecha.

Los breves señalamientos muestran que el acontecimiento del intento de asesinato a Cristina ocurrió en un contexto donde el recurso de acciones violentas no es ajeno a estos tiempos. En Brasil la muerte de Marielle generó movilizaciones en todo Brasil. El asesinato de Villavicencio fue repudiado firmemente por todo el espectro político de Ecuador y diversos países. El atentado de Maduro fue repudiado por los sectores afines al gobierno. En contrario, dirigentes opositores al gobierno acompañados por la prensa internacional, que responde a los intereses de Estados Unidos, sostuvo que fue un simulacro para victimizar la figura del presidente.

¿Qué piensan les argentines sobre un hecho de tanta magnitud como el intento de asesinato a la vicepresidenta? ¿Hubiese cambiado el rumbo de los acontecimientos? ¿Se podría quizás, establecer un paralelo con lo que sobrevino, en Colombia, luego del asesinato a Eliécer Gaitán en Bogotá en 1948? Especialmente, porque las encuestas lo daban como seguro ganador de las elecciones a presidente y desencadenó el mayor levantamiento popular de ese país denominado “el bogotazo.” ¿Ese tiro que no salió, pudo incidir en el desenvolvimiento actual de nuestra democracia?

Para encontrar algunas respuestas a esos interrogantes se realizó una brevísima encuesta telefónica que no tiene valor de referencia. Constituye solamente, un pensar con otres, algunos conocidos de quien esto escribe, pero intentando cierta diversidad en cuanto franja etaria, oficio o profesión y sexo que totalizaron 15 personas.

Opiniones

Al repasar las opiniones hay dos posiciones muy diferenciadas. Un grupo repudia el atentado y considera que es un hecho grave, de terribles consecuencias institucionales. Otres en cambio, lo definen como que fue armado con el fin, por parte de Cristina, de victimizarse. En consecuencia, carece de realidad.

En cuanto a determinar los responsables del acto violento, los mismos que lo repudian lo atribuyen al sector opositor al gobierno. Agregan además que son personas que promueven o defienden dictaduras. Otros en cambio responsabilizan a algún partido político, a los servicios ya sean argentino o internacionales, un grupo de pibes definidos como perejiles. Muchas dudas. Hasta hay quien afirmó que fue La Cámpora o los sectores de izquierda.

Ante la pregunta si podría caber la sospecha que fuese algún grupo de la derecha, la persona interrogada se mostró confusa como no entendiendo mi referencia a la derecha. En consecuencia, demostró que no definía así al espacio de Juntos por el Cambio, al que había votado.

Algunos que repudiaron los hechos explican el suceso, desde las vivencias personales. Por tanto, hablan de estupor primero y les cuesta entender frente a la magnitud de lo ocurrido. Luego reconocen ser invadidos por la tristeza, la angustia y en otres genera indignación. Un adolescente pudo pararse desde un afuera y darle entidad al derecho a la vida que rige para todas las personas y trasciende la política. Otra joven en cambio le da entidad al cargo de vicepresidenta que detenta Cristina y sostiene que al peligrar su vida deja al descubierto el grado de vulnerabilidad de la sociedad toda. Agrega sentir angustia al comprobar a qué extremos, hasta aniquilar al opositor recurren los sectores dominantes, para hegemonizar el poder, y la tragedia que pudo ocurrir con la muerte de Cristina.

Hay opiniones coincidentes respecto a reconocer que parte de la sociedad ha naturalizado la violencia, la ausencia de derechos o pérdida de los mismos. Agrega una docente que la gravedad estriba en que son los sectores populares, los jóvenes, los que han habilitado un candidato como Milei, que conjuga en sus programas de gobierno lo que otro sector social reprueba y se opone. El origen de esa elección volcada recientemente en las urnas, podría relacionarse con los datos de la actualidad que arrojan un el alto costo de vida, precariedad en lo laboral y la pérdida de respeto generalizado hacia las instituciones. Frente a esta realidad muy exacerbada en los medios hegemónicos, es preciso concluye, buscar nuevas repuestas a las demandas. Una revisión por parte del gobierno como las medidas últimas que se han implementado.

Se repasaron las distintas miradas ante la pregunta si el intento de asesinato a Cristina tuvo incidencia en las características de la democracia actual. Las respuestas mayoritariamente atribuyeron al hecho violento como demostrativo que la democracia argentina estaba dañada. El adolescente agregó que era posible comprobar que la democracia estaba en retroceso pues la acción retrotraía a los sucesos represivos de la dictadura del 1976. Desde otro enfoque, hubo quien sostuvo que el intento de asesinato impidió la participación electoral de la mejor dirigente argentina. También se señalaron diferencias entre la representación que sobre la democracia construyen los militantes y una parte de la sociedad; que es mayoritaria. Los primeros le otorgan a la democracia un valor trascendente. En tanto que para los segundos no tiene el peso otorgado por la militancia. En consecuencia, el atentado para los primeros incide muy negativamente en el sistema democrático. En cambio, para los segundos, el hecho no ha tenido gran repercusión, ni genera un repudio manifiesto que se demuestra en parte, en la poca trascendencia que tiene en la opinión pública la actuación del poder judicial, beneficiando a los procesados y sus mandantes, buscando su impunidad.

Avanzar sobre esas definiciones nos llevan a pensar en una sociedad que no encuentra espacios de diálogo y consensos por lo diferenciado de sus posiciones. Eso empuja a que los conflictos se resuelvan de manera violenta que van desde las palabras, las denuncias, hasta el punto más alto como fue el intento de asesinato.

Un hálito de pesimismo atraviesa los diversos conceptos. Lo justifica la gravedad que representó que la vice presidenta haya salvado su vida de milagro.

Atentar contra Cristina significó atentar contra la decisión popular. Contra el 47,79% de las ciudadanas y ciudadanos que la eligieron para que los represente.

Lo acotado del campo de observación impide encontrar definiciones precisas. Lo que, sí podemos concluir, luego de escuchar cada una de las opiniones, es que cuando se recurre a las estrategias violentas que implican el aniquilamiento del otro, el espacio de consenso ha desaparecido.

También podemos interpretar a las respuestas que le quitan entidad al atentado, que al mismo tiempo lo repudian, si bien no lo expresan. Esto es, pues no pueden aceptar que los espacios políticos en los cuales confían, sean responsables de un hecho criminal. A continuación, lo niegan.

Este acto ha sido definido como negacionismo, que implica negar directamente la Historia, y de ese modo buscar la impunidad del crimen perpetrado. El negacionismo se ha aplicado como un momento del proceso de los genocidios ocurridos en tantos momentos de la historia, como durante el nazismo, durante la dictadura argentina de 1976 y los otros gobiernos militares en América Latina. El paso fundamental es borrar rastros y así obtener impunidad.[1]

Lo que está ocurriendo con el juicio por el atentado a Cristina Fernández de Kirchner replica exactamente lo que describe la autora. El accionar con una impericia desmedida e impúdica de la jueza, obstaculiza la investigación y busca así que la verdad se escape por los pliegues del largo tiempo.

Al reclamo de algunas voces de revisar lo que hasta ahora se ha realizado es primero mejorar las condiciones de vida de las personas. Pero, desde la batalla cultural responder con una poderosa barrera de voces que sostengan y reivindiquen las acciones promotoras de memoria verdad y justicia. Esto es porque los que levantan las ideas de un Estado donde sólo estén presentes los privilegiados de siempre, le tienen pánico a la Historia. En ese espejo siempre se reflejan actuando con los más horribles papeles de verdugos, en los cuales quitan derechos y reprimen.

Los gobiernos populares como los de Perón y la etapa kirchnerista y el gobierno actual, abrazan la historia porque los reivindica como períodos donde el pueblo ganó derechos. No pueden entonces acorralarnos ni asustarnos, los rugidos que no son otros que los rugidos de la oligarquía a quien siempre hemos enfrentado. Sabemos que invariablemente defendieron sus privilegios extraordinarios y escondieron sus ganancias, para no disminuirlas ni en un centavo.  Y lo hicieron a puros zarpazos. A un año del atentado a nuestra vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner es fundamental oponer al negacionismo la fuerza de nuestra historia reivindicadora de derechos. Para que la alta muralla de la memoria que construyamos, alejen la resonancia de los rugidos y nos defiendan de los zarpazos oligárquicos.

Así, protegidos y resguardados en la memoria histórica, ni el tiro del final les va a salir.

 

 

 

 

 

 

[1] Laconcha, María Alejandra. (2022) Trabajo Integrador. Desafíos de la militancia en DDHH ante las narrativas negacionistas.

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