La producción por habitante aumentó apenas 0,66% anual entre 1970 y 2025. La Argentina quedó detrás de Chile, Colombia, Uruguay, Brasil y México. El recorrido histórico muestra el peso de las políticas de apertura y endeudamiento en ese rezago. Las crisis consumieron años de crecimiento y condicionaron a los gobiernos que debieron reparar sus daños.
El PIB per cápita mide la producción promedio por habitante y, para seguir su evolución, se utilizan precios constantes, de modo de descontar la inflación. El promedio no refleja cómo se reparte lo generado. La utilidad analítica de este indicador es mostrar si la capacidad de producción crece más que la población.
¿Cuándo se empezó a romper?
Entre 1970 y 1975, el PIB por habitante aumentó 7,5%. Este resultado incluye el deterioro del último año, con el Rodrigazo y la agudización del conflicto distributivo. Como explica Juan Santarcángelo en el texto “La reforma financiera de 1977 como pilar del endeudamiento externo”, publicado en Voces en el Fénix-UBA, el golpe de 1976 abrió una transformación regresiva. Al cierre de 1983, el producto por habitante era 3,2% inferior al de 1975. La reforma financiera de 1977 alteró la asignación del crédito y liberalizó las tasas de interés. La apertura comercial, combinada luego con la apreciación cambiaria, deterioró las condiciones de la producción local.
La democracia condicionada y la convertibilidad
Entre 1983 y 1989, el PIB per cápita cayó 12,2%. La gestión de Raúl Alfonsín estuvo atravesada por intentos heterodoxos de estabilización y posteriores ajustes, bajo la presión de los acreedores. La herencia de la dictadura impuso un poderoso condicionamiento, al que se sumaron las fragilidades propias del gobierno para enfrentar esas restricciones. El pago de la deuda exigía divisas que no había y restringía el margen de acción del Estado. La crisis fiscal y la inflación se agudizaron hasta el desenlace hiperinflacionario. El fracaso de la estabilización alfonsinista terminó facilitando otro giro liberal.
El estallido y posterior recuperación
El período que va del piso de 2002 a 2015 muestra una dinámica diferente, aunque reúne varias etapas.El PIB por habitante aumentó 54,4% e incluso tomando 2001 como base de comparación, la expansión hasta 2015 fue de 36,1%. La expansión posterior a 2002 comenzó con capacidad ociosa y salarios deprimidos. El economista Andrés Wainer explica en “Economía y política en la Argentina Kirchnerista” que el inicio de este ciclo contó con un contexto externo favorable, pero también con decisiones que impulsaron la demanda interna y recuperaron márgenes de intervención estatal.
La caída macrista y el estancamiento de la gestión Alberto Fernández
Entre 2016 y 2019, el PIB por habitante cayó 7,1%. El gobierno de Mauricio Macri dejó la economía más pequeña en términos per cápita. La apertura financiera permitió una rápida acumulación de deuda, sin generar una expansión productiva que asegurara su repago. La reversión del financiamiento desembocó en la crisis cambiaria y en el regreso al FMI. Entre 2020 y 2023, con el 2019 como base, el producto por habitante aumentó apenas 2,3%. Ese resultado incluye el desplome de la pandemia, la recuperación posterior y el impacto de la sequía de 2023.
El saldo inconcluso del período Milei
En 2024, el PIB real por habitante cayó 1,7%. En 2025 se recuperó 4%. El saldo respecto de 2023 fue positivo en 2,3%, aunque el nivel de producción por habitante permaneció 5,4% por debajo del de 2011.El segundo trimestre de 2026 ofrece una señal de deterioro. El INDEC informó que el PIB creció 2% interanual y bajó 0,6% frente al trimestre anterior, en términos desestacionalizados. El interrogante es qué capacidad tiene un programa basado en el ajuste del mercado interno y la apertura para sostener el crecimiento.