Por Jorge Héctor Bonvín –
Con motivo del último festejo de lo que hasta el año pasado se trataba del “Día del Niño”, se buscó este año darle un título más inclusivo, para que no se piense que el festejo es solo para los niños, excluyendo las niñas. Es así que se le llamó Día de la Niñez o Día de la Infancia, es decir se lo hizo más inclusivo pero utilizando palabras que pertenecen a nuestro idioma, sin caer en aquellas nuevas palabras como “niñes” o “chiques”, que tanto enloquecen a ciertos periodistas que protegen la pureza del idioma, pero no cuidan una cuestión esencial en la profesión que es contar la verdad con total imparcialidad.
Se dice habitualmente que las personas mayores, y yo lo soy, tenemos problemas para adaptarnos a los profundos cambios que se están registrando a cada día mayor velocidad. No comparto esta apreciación porque creo que en todos los rangos etarios existen estos problemas, pero aceptemos que quizás son las personas que peinamos cana o no peinamos nada, los que mayores conflictos con los adelantos tecnológicos y las nuevas formas de vida tenemos.
En estos casos, permitan que sea autoreferencial, me manejo con un valor que es fundamental en la vida de las seres humanos, la libertad. Si bien se trata de un concepto abstracto que no es fácil definir, podemos señalar que está vinculado a la facultad que poseemos para realizar acciones de acuerdo con nuestra propia voluntad.
Pero esta libertad no es ilimitada. Tiene un límite si con esta acción estoy afectando la vida de otro ser humano. Si una persona cercana a mi tiene otro pensamiento político, religioso o político a mí no me debería afectar, si una persona quiere casarse con otra del mismo sexo no me afecta, pero si una persona cercana a mi no acepta vacunarse contra el COVID, por ejemplo, si está perjudicando mi libertad, porque su postura puede acarrearle una enfermedad y esta ser transmitida a los demás, además con su acción está haciendo que el virus no desaparezca.
Volvemos entonces al lenguaje inclusive, que no surge de un repollo, nace de un problema de base muy importante que es la desigualdad que tienen muchas mujeres con respecto a los hombres en cantidades de actividades que no son necesarias enumerar. De cualquier manera yo no creo que esta modificación del lenguaje vaya a ser una solución, pero esa es una apreciación totalmente personal, “posiblemente equivocada”, diría Jorge Asís.
Pero considero que lo peor que se puede hacer en este momento es enojarse por su uso, incluso en las escuelas. Si fuera profesor, por suerte para una generación de jóvenes no lo soy, si un alumno me da una lección utilizando bien el nuevo lenguaje, lo único que consideraría para su calificación es cuánto sabía de la lección. Hay que tener en cuenta que la mayoría que lo utiliza son jóvenes, dotados de una natural y bienvenida rebeldía, al momento de prohibirse el resultado será totalmente contrario, contará con mayores adeptos.
Considero que todavía es una expresión que está verde y tiene, en algunos casos un uso que no tiene nada ver con el sentido con que fue pensado. Días atrás veía en alguna de las redes una chica que decía que estaba “en Puerto Madere, comiendo una milanese”. Sin embargo creo también que hay que dejarlo andar, el tiempo nos dirá si este nuevo lenguaje fue una moda pasajera o la Real Academia Española deberá considerar la inclusión de algunas de sus palabras como usuales.
No nos olvidemos de como fue el nacimiento del lunfardo, como producto de la mezcla de lenguas que integraban las corrientes inmigratorias de finales del siglo XIX y principios del XX que tenían necesidad de comunicarse en el hacinamiento de los conventillos. Es en 1953 cuando José Gobello publica su libro “Lunfardía”, donde rescata ciertas palabras y convierte al lunfardo en hechos lingüístico.
Después fueron las letras de los tangos que hicieron que esta “lengua de ladrones” se propagara de tal forma que hoy se utilicen en Argentina, Uruguay y en menor medida en Paraguay.
En definitiva creo que no se puede crear una nueva forma de expresión por decreto pero tampoco se puede desconocer los movimientos que van naciendo y desarrollando en algunos sectores de la sociedad como es el lenguaje inclusivo que además tiene base en un problema muy serio que esta sociedad no puede resolver íntegramente.
Será solo el tiempo quien nos dará la respuesta a como dice el título “qué hacemos con el lenguaje inclusivo”