Estar demasiadas horas frente a dispositivos tecnológicos conspira contra la salud de los más chicos.
En tiempo de increíbles avances tecnológicos, tanto en los juegos como en el notable crecimiento de las redes sociales en todas las latitudes del mundo, hay factores a tener en cuenta para que los menores no sufran efectos adversos en su cuerpo a futuro.
Es por eso que los profesionales pediátricos han reiterado una confirmación que se nota a simple vista: el uso excesivo de pantallas en niños trae aparejados trastornos en el sueño, sedentarismo, obesidad, problemas físicos (alteraciones visuales, contracturas musculares, tendinitis), depresión, ansiedad, trastornos vinculares y puede afectar tanto su desarrollo cognitivo como emocional y social, entre otras dificultades.
Una investigación realizada hace pocos meses en más de 2.400 niños en Canadá demostró que cuanto mayor es el tiempo de exposición a las pantallas a los 2 y a los 3 años, menor es el rendimiento encontrado en las pruebas de evaluación del desarrollo de esos niños a los 3 y a los 5 años, respectivamente.
Además, los especialistas instan a que los padres se replanteen el propio uso que hacen de los dispositivos electrónicos, para que puedan pasar tiempo de calidad con sus hijos y sean para ellos un ejemplo de utilización saludable de la tecnología.
Opinión autorizada
Por ‘pantallas’ nos referimos a cualquier dispositivo electrónico digital que proyecte imágenes, como televisores, computadoras, tablets, teléfonos celulares y videojuegos, entre otros. Lamentablemente, su uso comienza cada vez a edades más tempranas, a pesar de las recomendaciones actuales al respecto”, explicó el Dr. Nicolás Cacchiarelli (M.N. 103.685 y miembro de la Sociedad Argentina de Pediatría).
Según los especialistas, las pantallas impactan negativamente por el contenido de lo que ven o hacen los niños mientras utilizan estos dispositivos y también por todo lo que dejan de hacer, como el desarrollo de vínculos afectivos con los demás, juegos creativos, lectura, estudio y actividad física, etcétera.
El desarrollo del cerebro del niño depende en parte de las experiencias que vive y la pérdida de momentos de juego creativo tiene un fuerte impacto en su fortalecimiento.
Si bien aún se están estudiando los mecanismos que intervienen para que la exposición a pantallas por sobre las recomendaciones produzcan efectos nocivos en la salud, entre las conclusiones preliminares se halló que el cerebro interpreta la luz azul de las pantallas como que “es de día” y por eso se producen alteraciones en el sueño. Además, se están empezando a describir problemas visuales más tempranos, contracturas musculares y tendinitis.
Lo que no se hace
En cuanto a los efectos producidos por todas las otras actividades saludables que se dejan de hacer, aparecen niveles importantes de sedentarismo, obesidad, depresión, ansiedad, trastornos vinculares y afectación general en el desarrollo cognitivo, emocional y social del niño, con lo cual es importante consultar con un especialista para saber qué efectos puede causar a futuro esta práctica en un menor.
“El uso de pantallas a cualquier edad produce un efecto inmediato de detención del movimiento y de desconexión de lo que está ocurriendo alrededor. Esto, que a primera vista puede resultar “práctico”, impacta directamente en áreas sensibles del desarrollo de los niños pequeños como la calidad del sueño y el desarrollo del lenguaje y en la edad escolar, en la capacidad de concentración para el aprendizaje”, detalló la doctora Laura Krynski (M.N. 88.980 y también miembro de la SAP).
Cabe destacar que en enero de este año se difundió una investigación denominada “Asociación entre tiempo de pantalla y performance de los niños en una evaluación de desarrollo”, publicada en un ente internacional.
Esta evaluó a 2.441 madres y niños menores a 5 años de Canadá y concluyó que hay una asociación directa entre el tiempo de pantalla al que se someten y el desarrollo cognitivo de los niños.
Números que asustan
“Las cifras que arroja este estudio son alarmantes, dado que muestra, por ejemplo, que los niños de 2 años se encuentran expuestos a pantallas en promedio alrededor de 2 horas y media por día, y a los 3 años, más de 3 horas y media diarias. Y aquí se demostró la siguiente asociación: cuanto mayor es el tiempo de exposición a las pantallas a los 2 y a los 3 años, menor es el rendimiento encontrado en las pruebas de evaluación del desarrollo de esos mismos niños al ser evaluados a los 3 y a los 5 años, respectivamente. Si bien estos datos son de Canadá y no contamos con estadísticas locales al respecto, todo indica que en nuestro país la situación sería muy parecida”, aseveró con suma preocupación el doctor Esteban Rowensztein (M.N. 110.184 y especialista de la SAP).
Finalmente, los especialistas de dicho organismo nacional destacaron que en caso de utilizar pantallas, la actividad debería estar asociada a los juegos propios de cada edad. Por ejemplo, sería preferible pintar, leer un cuento o armar un rompecabezas en la tablet, en lugar de permanecer inactivo mirando videos en reproducción automática, y con esto se reducirían en notable forma problemas a futuro.
EL EJEMPLO QUE VALE: LOS ADULTOS DEBEN CUIDAR LAS FORMAS
Conocidos ya cuáles son los efectos que puede causar el constante contacto de un chico con una pantalla y cómo se lo puede “solucionar”, existe otro ítem a tener en cuenta: la responsabilidad de los adultos en el uso de estos dispositivo electrónicos. Con relación a este punto clave, el doctor Rowensztein sostuvo: “No son sólo los niños los que utilizan inadecuadamente estos dispositivos. Muchas veces son también los adultos quienes los utilizan en exceso, afectando notablemente el tiempo y la calidad de los momentos de encuentro compartidos con sus hijos. Además, al representar el modelo que los niños toman, los padres indirectamente legitiman en ellos el uso excesivo Cada vez vemos más adultos conectados a los dispositivos y desconectados de sus hijos. Y debemos dar el ejemplo”. Con respecto a los niños mayores, el riesgo que entrañan estos dispositivos -de acuerdo a la opinión de los especialistas- es la posible exposición a contenido inapropiado para su edad (violencia o sexo), así como también ser víctimas de ciberacoso.
Por Gabriel Arias
(fuente: https://www.cronica.com.ar)