Por Juan Martín Garay. –
La inflación baja es un logro, pero… ¿a qué precio?
En medio de la incertidumbre económica, hay un dato que se destaca: la inflación en Argentina ha mostrado una desaceleración significativa. Según el INDEC, el índice de precios al consumidor en junio fue del 1,6 %, el nivel más bajo en cinco años. Una cifra que, en principio, podría interpretarse como una señal positiva para la economía nacional.
Sin embargo, detrás de estos números alentadores se esconde una realidad compleja. *La falta de gestión eficaz y la estrecha sintonía política entre Rogelio Frigerio y Javier Milei dejan en evidencia que, a pesar de las diferencias discursivas, ambos representan la misma política de ajuste que castiga a todos por igual*. Son dos caras de una misma moneda que profundizan el ajuste fiscal, mantienen el alza de los combustibles y trasladan los costos al bolsillo de la gente.
Nafta al palo, bolsillos vacíos
YPF volvió a aumentar los precios de los combustibles en Concepción del Uruguay, reflejando un nuevo incremento que se suma a una suba acumulada superior al 240 % desde diciembre de 2023. Este aumento golpea a todas las familias y a toda la economía local, impactando desde el precio de los alimentos hasta el costo del transporte público y los servicios esenciales.
Un tanque que se volvió un lujo
En nuestra ciudad, llenar el tanque hoy cuesta más del triple que hace apenas 19 meses. Este fenómeno no es sólo un problema para quienes tienen vehículo propio, sino que se siente en cada aspecto cotidiano: en el traslado escolar, en el precio de los fletes, en el acceso a la salud y hasta en la llegada de la ambulancia al barrio.
Municipios en la primera línea
Mientras la gestión nacional marca la pauta del ajuste, las necesidades sociales se trasladan a los municipios, que enfrentan presupuestos desactualizados y costos que se disparan. En Concepción del Uruguay, el presupuesto 2025 se diseñó con valores de combustible que hoy están totalmente desfasados. A pesar de esto, el municipio continúa brindando servicios, aunque la presión financiera se vuelve insostenible.
El costo oculto del orden fiscal
La baja inflación es un dato positivo, pero el costo social de mantener ese orden fiscal es altísimo. Mientras la inversión en salud, educación y asistencia social se congela, el precio de los combustibles se libera al ritmo del mercado internacional, sin amortiguadores que protejan a los sectores más vulnerables.
Este escenario es el reflejo de un modelo de gestión que, pese a las distintas caras políticas, insiste en la misma lógica: ajuste, desfinanciamiento y transferencia del costo social hacia las mayorías.
¿Y quién cuida a la gente?
Cada vez que suben los precios del combustible, se imponen nuevos límites a miles de familias. Cuando el Estado nacional se retrasa o delega, los municipios quedan a la deriva, siendo el primer punto de contacto de reclamos sociales y necesidades insatisfechas.
La economía no es un número frío: es la vida
Celebrar la baja inflación no puede hacernos perder de vista que otros precios clave continúan descontrolados, erosionando derechos y debilitando la capacidad de respuesta local. La macroeconomía necesita orden, sí, pero no a costa de la gente ni de la gestión municipal.
¿Subir bajando y acelerar frenando?
Con una nafta tres veces más cara y servicios esenciales cada vez más costosos, la pregunta persiste: ¿quién realmente paga el ajuste?
Porque la economía no son números fríos: es la vida cotidiana.
Juan Martín Garay – Abogado – Concejal PJ Concepción del Uruguay_