Por Luis Alejo “Toto” Balestri (1) –
El viernes pasado ocurrieron una serie de hechos preocupantes pues hubo un concierto de desaciertos que han puesto en riesgo el esfuerzo comunitario de cuarentena (sus verdaderas consecuencias las veremos en 15 o 20 días) y ha contribuido el esfuerzo de algunos jodidos que en vez de reforzar un liderazgo necesario para las decisiones colectivas que este virus significa, por egoístas razones de una política mezquina habían empezado a realizar (cuando veo las movidas que involucran a sectores del poder real, a los medios, a los jueces no dando la posibilidad de cuarentena domiciliaria a presos políticos, por procesos muy dudosos y orden de detención cuando no hay condena), a los más poderosos medios de comunicación social y al sector recalcitrante que no gobierna del elenco que termino hace unos meses no me cabe ninguna duda que la movida implica una conducción estratégica.
También estoy seguro que ni Macri, ni Bullrich y ni Peña Braun pueden ejercer esa conducción. Tampoco los dueños de Clarín y La Nación. Quizás ¿alguna embajada?
Los hechos del viernes y otros que comenzaron algún día antes me lleva a reflexionar sobre dos cosas: la toma de decisiones frente a situaciones de enorme incertidumbre (los estrategas y propectivistas suelen hablar de escenarios ambiguos) y el afloramiento de comportamientos que desde la economía puedo decir estratégicos, pero que reflejan lo ambiguo del comportamiento humano frente a estas grandes crisis donde afloran actitudes rayando al ser humano que avanzó en la escala evolutiva y marcha hacia sociedades más cercanas al “omega” diría Teilhard de Chardin y actitudes tan pequeñas que nos asimilan al comportamiento animal (hacia los cuales nos quieren llevar los pensadores neoliberales).
Primera parte: Lo del viernes
Había un escenario ambiguo y corto de tiempo. Varios días de bancos cerrados. Personas que no habían cobrado y se habían quedado sin dinero y, pienso, su solución implico la resolución de un problema a todas luces “complejo”. ¿Qué significa complejo? Que en su enunciado y en su solución intervienen un montón de variables a las cuales no solo no podemos medirlas, sino que a veces no llegamos a identificar. Son cuestiones muy difíciles de resolver y para lo cual no estamos estrenados. Nuestro sistema educativo nos enseñó (en base a los viejos métodos positivistas de inicios de la ciencia moderna) a pensar linealmente y son pocos (y algunos pregonan como hacerlo, pero en la práctica no lo hacen) y para lo cual, una variable se explica solo por otra. Si no hay plata porque los bancos están cerrados, la solución es simple: abrir los bancos. Fue la orden. Quizás se pensó que desde el nivel donde se tomó hacia el nivel de sucursales que debían implementarla alguno iba a advertir los riesgos en el contexto de cuarentena. Pues no. El pensamiento lineal y la verticalidad y la actitud de no contradecir a quien ordena parece que imperó y no hubo advertencias.
Y bueno, vino el caos. Y el recule, que espero Dios nos proteja y no sea demasiado grande.
Luego, “con el diario de lunes”, pulularon los enojados. Con buenas intenciones algunos y otros no tanta. Se equivocó, por primera vez en casi 4 meses, ¡a pegarle! Hubo indignados en las redes y en los medios masivos de comunicación. Hasta muchos que se suponen defensores del modelo pedían cabezas. Pocos tratando de explicar que había pasado.
Afloró el odio antisindical: el culpable el La Bancaria que pidió cerrar los Bancos. Perdón, es un sindicato pesado, pero que yo sepa no dirige el sistema. Alguien con autoridad lo decidió. ¿Quién? ¿Se podían sostener abiertos? ¿Es diferente la exposición del cajero bancario al cajero de una farmacia o un supermercado? Son todas cuestiones que es necesario analizar y encontrar respuestas, solo que no se si lo urgente y grave del tiempo permite esos análisis.
Otros acusaron a los jubilados. Esto es grave pues es la vieja historia de pensar echarle la culpa al otro. Me dicen, actitudes irresponsables que teniendo tarjeta fueron a cobrar por caja. Y, afirmar esto es no conocer a los jubilados. Somos gente de otra generación. No nos formamos en las herramientas informáticas y cibernética y cuando podemos, tratamos de evitarla. Solo recordar las colas previas a la apertura de los bancos en otros días para saber que ese es el comportamiento esperado.
Cuando escuchaba las acusaciones a los jubilados pensaba en mi propia experiencia. No use celular hasta que mis relaciones profesionales me obligaron a hacerlo. Fui a pagar todos los meses el monotributo a un banco (primero privado y cuando estos me mandaron a pagarlo por cajero automático fui a uno público y me comía la cola) hasta que un día me dijeron “no le puedo cobrar más, tiene que hacerlo por home banking”. Y con mucho miedo a errarle aprendí su funcionamiento y no me arrepiento. Pero sepan, tuve miedo. Después fue la factura electrónica que solo empecé a hacer cuando me dijeron no te recibo más la de papel. Y tampoco me arrepiento. Pero, de entrada, miedo y resistencia. Y conste que mi nivel de instrucción es el segundo de la escala pues son doctor en ciencias. Señores: de todos los acusados, este sector es el inocente. Es su modo de ser.
Otros apuntaron los cañones a los Presidente del ANSES y del Banco Central. Y. Es gente que decide. Es posible que uno indicó que se paguen las asignaciones y el otro que se abran los bancos. ¿Dijeron algo de los riesgos y la planificación del hecho? No lo sé. Si no lo dijeron ¿exime de responsabilidad de los gerentes y niveles inferiores de decisión? En absoluto, es su función llevar a la práctica lo que deciden los números 1. Claro, esto no exime de responsabilidad el principal “decididor”. Algún periodista ayer hablo de la herencia “macrista”, un cuerpo de gerentes que supuestamente accedieron a sus cargos después de un proceso de compulsa y que no se pueden tocar. Incluso hubo nombres. ¿Pudo haber habido conspiración? Viendo el comportamiento animal (con perdón por nuestro cohabitante de la tierra) de quienes ejercieron la presidencia anterior, al menos me genera una sospecha fundada.
Esta es la situación y la magnitud del problema que enfrentamos y la gravedad del error de ayer. ¿Cabe pedir cabezas? Es algo que debe evaluar el Presidente. Al menos, de los directores de los dos órganos que fallaron quizás corresponda poner la renuncia a consideración y empezar a revisar la estructura administrativa que recibieron y correr, por el procedimiento legal que corresponda, a quienes tienen niveles de decisión.
El segundo paso, y quizás el más importante, con ellos o sin ellos, es analizar y poner en marcha procedimientos que impidan que se vuelvan a producir estos errores. El enemigo es poderoso y no lo conocemos, tenemos muy poca información sobre cómo se comporta y mucha de ella no es confiable. El error debe servir de ejemplo para que las estructuras verticales del Estado no sean tales y se abran a niveles participativos que permitan erradicar este tipo de comportamientos y nuevas posibilidades de fallas.
La segunda cuestión: el comportamiento
Como decía antes, en tiempos de la crisis, afloran nuestros mejores comportamientos, y también nuestros peores. Cada decisión implica comportamientos que bien puede ajustarse a un modelo de la “teoría de los juegos”. Algunos decidirán desde su egoísmo y otros lo harán desde su naturaleza humana sabiendo que, frente a esta cuestión incierta, ambigua y compleja, o nos salvamos entre todos o nos hundimos. Y todos tienen costos, que en este caso no solo se medirán en términos económicos, sino principalmente en términos de muertos.
Los primeros días hubo un comportamiento solidario extraordinario. Llamaba la atención y me hizo dudas de algunas caracterizaciones de los agentes económicos. Pero al poco tiempo afloró lo peor. Recuerdo haber escrito a un compañero del secundario para evaluar la opinión de alguien que es muy crítico del peronismo. Para mí la señal de comenzar a operar fue cuando el Presidente de los Estados Unidos descubrió el error de creer que era una gripecita y que le significaría muertos incalculables y una caída de la economía mayor al 10% del PBI con una enorme caída de los puestos de trabajo que le permitieron ganar la elección, empezó a buscar una causa para desviar la atención pública: primero hablo del “virus chino” tratando de decir que allí estaba la culpa y como esto no cuajó, parece que consiguió la declaración de la justicia norteamericana (servil del poder como casi todos los jueces) acusando de narcotraficante global al Presidente de Venezuela. Ahora tenemos una enorme flota cercando al país vecino (a la que se suman sus socios en todas las tropelías y de quienes aprendieron a ser imperialistas: los ingleses). Es terrible, para ocultar sus errores frente a una pandemia que nos puede extinguir se preparan para la guerra. Irresponsable total. Solo me recuerda el viejo dicho de Perón sobre que los imperios como los peces se pudren por la cabeza. Trump es a los Estados Unidos lo que Nerón o Calígula fueron para los romanos. Solo que la implosión, en este caso, no será como la soviética que salpico un poco a su alrededor. La de Estados Unidos nos va a llevar de mierda a todos.
Esa fue la señal, pero empecé a ver actitudes. Primero personales: “¡Que me importa la peste, yo me voy de vacaciones!”, recién llegue de no sé dónde, pero “no me voy a privar de la fiesta” e infecto a un regimiento. O el otro caso que después de aplaudir a los soldados de la primera línea de esta batalla (el personal de la salud) puso un cartel pidiéndoles a esos profesionales que no transiten en el edificio.
Hasta allí, cosas personales. Pero empezaron a aflorar hechos institucionales. Antes de ayer, apareció en Buenos Aires un ómnibus cargado de personas expulsadas por una provincia (Jujuy, que había anunciado que iría a cerrar para que no se les transforme en conurbano). Bueno, pensé, es un gobernador pero que en otras cosas acata las estrategias federales.
Pero ayer fue otro, ahora de Mendoza. Y quien tuvo mucho tiempo de militancia política piensa ¿Qué une a los dos gobernadores? Y. Son de un mismo partido político, aliados de quienes organizan cacerolazos y mellan la autoridad de quien, por voluntad popular, debe dirigir la estrategia defensiva nacional. ¿Forman parte de la estrategia política? ¿Podrán ser tan ruines de jugar a la mala política en situaciones tan graves y urgentes? Ayer pensé que sí.
Hoy me entero del proyecto de San Luis de cerrar sus rutas. Espero que sea una “falsa noticia”, no se escribirla en inglés, porque nunca quise aprenderlo. Y me pregunte; en el marco de la enorme crisis sanitaria y económica, ¿habrá aflorado el viejo proyecto del país confederal? Y de esto, como peronista, algo de culpa me cabe. ¿Por qué? Porque desaparecida la conducción estratégica del movimiento el justicialismo (como fuerza política, no como doctrina y cultura) se refugió en los PJ provinciales que, en su gran mayoría, asumieron una actitud que reemplazo a los viejos partidos provincialistas.
Espero que prime la cordura. A los funcionarios nacionales, quienes deben dirigir la estrategia contra el virus, sepan que institucionalmente deben prever dos escenarios: que se alineen con la directiva federal (nacional) o que prioricen los intereses provinciales. Como el jugador de ajedrez deberá tener dos reacciones para cada acción.
A todos los funcionarios: no decidan y ordenen. Hagan, aunque sea corta y en pequeño, un ejercicio de pensar compartido. Las actitudes que surgen de los juegos estratégicos pueden ser más y hay que identificar escenarios y pensar reacciones para una multitud de acciones. No es fácil, pero bueno, hoy ser político no implica solo pensar en un sueldo sino en la capacidad de resolver problemas complejos (y ojo, no ataco la política, creo que la mayoría actúa de esa manera, pero que también existen quienes solo se suman por interés personal).
A todos: muchachos, amigos, compañeros. ¡De esta nos salvamos entre todos! Si lo que sobresale de mi personalidad es el egoísmo individual, es posible que alguno se salve, pero el costo social será terrible.
Para los que creemos ¡Que Dios nos ilumine en esas decisiones! Para quienes no lo son, sepan que nadie se realiza en un nosotros que no se realiza.
[1] Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Córdoba (España). – Contador Público por la Universidad Nacional de La Plata (Argentina). – Diplomado en Relaciones Internacionales por la Círculo de Legisladores del Congreso de la Nación Argentina y el auspicio de la UBA.