Por Luis Alejo “ToTo” Balestri. –
En verdad pensé que después de recuperar algunas empresas que fueron privatizadas en los noventa, no porque formara parte de un proyecto político sino por el gran fracaso de quienes se habían hecho cargo de su dirección.
Y esa es la verdad: FRACASO. Tanto Aerolíneas como AYSA o YPF tuvieron que ser tomadas porque no quedaba otra razón. Lamentablemente no hubo cojones suficientes para recuperar las distribuidoras de electricidad que también funcionan muy mal.
Y sepamos que esta cuestión del fracaso no solo es una cuestión de los argentinos. La experiencia que desde las privatizaciones británicas de los años ochenta recorrió todo el mundo tiene montones de casos de fracaso.
Y bueno, si hubo fracaso pensé que no sería necesario volver a garabatear algunas ideas explicando porque no es conveniente que muchos de estos servicios estén en manos de empresas privadas lucrativas, que por definición de la teoría neoclásica y casi asumida por la gran mayoría de los empresarios buscan hacer máxima sus ganancias.
Pero bueno, parece que la memoria de algunos es precaria y los intereses de los medios que forman conciencia se repiten y prenden. En consecuencia, con aplauso de las empresas de comunicación al uso del sistema y al amparo de facultades delegadas de legisladores impresentables, volvemos a privatizar.
Estos hechos me obligan a retomar algunas publicaciones que había realizado en algunos medios alternativos o en congresos científicos.
¿Por qué no es conveniente que estos servicios públicos estén en manos de grupos empresarios privados lucrativos?
Los servicios públicos como la distribución por redes de electricidad, gas, agua potable o desagües cloacales son por naturaleza monopolios. Constituyen lo que se llama “monopolios naturales”. Se los denomina de ese modo porque, al menos con las tecnologías existentes hasta hoy, solo pueden ser presentadas por una sola empresa. Incluso los modelos matemáticos de esos teóricos demuestran que es la forma más eficiente de funcionamiento.
Esos modelos se construyen a partir del supuesto que una empresa tiene un solo objetivo: maximizar la ganancia. No pierdan de vista este objetivo.
Trataré de explicar ahora como funciona un monopolio. AL ser la única empresa que vende un servicio, toda la demanda del mercado le corresponde, es el único que la atiende. Cuando el monopolio decide cuanto producir, su decisión será la oferta del mercado. Cuando esa oferta se iguala con la demanda se forma el precio. Esto significa que con su decisión de producir el monopolista forma el precio. SI aumenta la producción el precio baja y si reduce el precio sube. Esta facultad del monopolista se la llama “poder de mercado”, es decir, tiene el poder de poner el precio. Primer elemento peligroso para el Pueblo.
Pero hay más. Todos los servicios citados son de primera necesidad (en teoría económica decimos que tienen una demanda precio inelástica). Significa que ante un aumento del precio la caída del consumo es de menor proporción que el aumento del precio, por lo tanto, cada aumento de precio significa un aumento de la venta del monopolista y en consecuencia, una mayor ganancia. Recordemos ahora que ese era su objetivo, por lo que seguirá aumentando hasta que algunos consumidores empiecen a caerse del mercado y su facturación no aumente.
Por esta razón es que para el Pueblo, para los consumidores, estos servicios sean prestados por quienes solo pretenden ganar lo máximo que pueda.
La diferencia de las épocas es que en los noventa se tomaron el trabajo de buscar justificaciones a las privatizaciones y generar argumentos para atenuar o corregir estas cuestiones. Pero en este tiempo particular que vivimos no. La única razón expresada y aceptada por el sistema es la destrucción del Estado y conseguir unos dólares para que la economía no desbarranque.
Quizás, recordando algo de mis escritos noventosos alguien pudiera recurrir a aquellas justificaciones. Los efectos no deseables de las privatizaciones serían controlados mediante la figura de un ente responsable de regular y controlar la prestación del servicio. Esos organismos, los famosos “entes reguladores” debían crear condiciones para que el funcionamiento de las empresas se asemeje a un mercado en competencia. De ese modo se debía controlar el precio y el “poder de mercado”.
Hoy, no solo podemos responder desde la teoría, sino y lo que es más valedero, desde la realidad. En sus funciones, los entes no conocen las entrañas de los prestatarios. Controlan a partir de la información que reciben. Y estamos llenos de situaciones de cooptación. A veces de modo transitorio y otras de modo permanente terminan regulado de acuerdo a los intereses de la prestataria. En todo el mundo los entes han quedado desdibujados en sus funciones.
El último argumento de los noventa y que a veces ahora se repite, es el de las inversiones. Había que privatizar porque los nuevos prestadores iban a invertir y supervisados por los entes, al simular competencia, deberían hacerlo a lo largo del tiempo. También refutamos ese argumento desde la teoría. Los modelos neoclásicos nos indican que solo lo harán si ven amenazada la situación del monopolio.
Si esa situación de amenaza no se produce, la actitud del prestador monopolista asume la estrategia de la “vaca atada”: inversión cero y solo hacer caja para llevársela.
Pero en estos tiempos no sería necesario recurrir a argumentos teóricos. Basta mirar la realidad de lo que pasó. Salvo algunos casos como teléfonos donde tuvieron que poner para poner en marcha un servicio muy decaído, en las eléctricas y en aerolíneas solo hicieron caja. Lo cierto es que la experiencia demuestra que con alguna inversión inicial o sin ella todas las prestatarias fueron con la vaca atada.
Ante los anuncios de nuevas privatizaciones y en especial del agua en Buenos Aires me parece oportuno recordar estas verdades. Argentinos, es especial jóvenes que se creyeron el verso de la necesidad de destruir el Estado de Milei, sepan que no hay razón para privatizar el agua potable. Que el escenario cuando se produzca será mucho peor que hoy y que solo lo están haciendo para permitir que mi tocayo Luis Toto y sus amigos puedan seguir haciendo sus negocios financieros que tantas ganancias les deparan.
Y ahora un agravante adicional. Para hacer atractiva la privatización se autoriza el corte del suministro de agua por falta de pago. No solo constituye una violación al derecho a recibir un agua apta para consumo sino que olvidan la razón principal por la que en el siglo XIX apareció esta forma de abastecer agua fue para evitar una serie de pestes (cólera y tifus principalmente) que se transmite usando el agua como vehículo.
En tiempos de la maldita premier británica que ordenó la muerte de muchos argentinos y que realizó las primeras privatizaciones, se decretó la posibilidad de cortar el suministro. Situación que duró hasta que unos años después tuvieron un brote de cólera en la propia Londres. La situación es clara, quien se queda sin agua segura de algún lado irán a beber y no hay garantía del agua que reciben. Aparecido el brote, la posibilidad de expansión a sus vecinos es muy importante, por eso suspendieron la posibilidad del corte
Pues bien, privatizar el agua permitiendo cortar el suministro es retroceder al siglo XVIII.
Un último comentario. Si el Estado no quiere realizar la prestación ¿Cómo hacerla? Desde la aptitud de cada ente llevo presentadas varias posturas en congresos acerca de la conveniencia que sea realizada a través de la comunidad organizada en forma de cooperativa de servicios públicos.
Se trata de una forma organizativa creada por los argentinos y que permiten a los ciudadanos autoprestarse el servicio. El modo ideal de hacerlos es en complemento con el Estado que debe realizar la planificación de largo plazo de la comunidad.
En esta instancia argumentarán por las inversiones necesarias en este tipo de servicios. Sepamos que en un buen complemento entre la cooperativa de servicios y el Estado con costos bien calculados, las inversiones solo serán cuestión de decisión política. La experiencia de los noventa indica que los pocos pesos que pusieron en el servicio los adjudicatarios fueron tomados del ahorro interno. Compraron bancos y captaron ahorros mediante préstamos.
Cooperativas de servicios públicos y el estado con programación y decisión política pueden hacerlo.
Solo es necesario dirigentes con convicciones y que no hagan caso a los versos neoliberales.
(1) Luis Alejo “Toto” Balestri. – Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Córdoba (España).- Contador Público por la Universidad Nacional de La Plata (Argentina). – Diplomado en Relaciones Internacionales por la Círculo de Legisladores del Congreso de la Nación Argentina y el auspicio de la UBA.