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Muere Artigas en el exilio paraguayo

José Artigas muere el 23 de septiembre de 1850 a los 86 años, en Paraguay donde permanecía exiliado desde hacía treinta años.

La caida del caudillo

En 1820, en medio de luchas por la libertad de nuestro suelo contra portugueses, el gobierno porteño y enfrentado a las fuerzas rebeldes de Francisco Ramírez, José Artigas se retiró al Paraguay (escoltado por algunos fieles charrúas, su guardia personal).

En su última campaña Artigas se enfrentó con su antiguo aliado, Francisco Ramírez, y en la batalla de Las Tunas, en las cercanías de Paraná, fue derrotado y perseguido hacia Corrientes. No olvidando a los fieles orientales que le acompañaron en todo momento, que estaban prisioneros en la isla brasileña das Cobras, les envió un último dinero que quedaba: 4.000 patacones.

Asilo paraguayo

En Paraguay, Gaspar Rodríguez de Francia le dio asilo en San Isidro de Curuguaty, a más de 400 kilómetros de Asunción. Allí, acompañado solamente por Joaquín Lenzina (el fiel Ansina) se dedicó a tareas rurales compartiendo el fruto de su trabajo con los pobladores del lugar. Pasó a ser para ellos el Caraí Marangatú (padre de los pobres en guaraní).

Carlos Antonio López asumió la presidencia del Paraguay en 1845 y lo invitó a instalarse en Ibiray, a 7 kilómetros de la capital paraguaya, en una finca de su propiedad, donde vivió, mas confortablemente sus últimos años, donde fallece.

Su fallecimiento

José Artigas, registrado en su acta de nacimiento como José Gervasio, falleció repentinamente el 23 de septiembre de 1850 en Paraguay -país al que había llegado 30 años atrás- en su residencia en el barrio Trinidad, de la capital Asunción.

En aquel amanecer, las últimas palabras del Karay Guazú, como le llamaban los guaraníes, fueron “¡Mi caballo! ¡Tráiganme mi caballo!”

Los restos del patriota latinoamericano recibieron sepultura en el Cementerio de la Recoleta , en el sector denominado “Campo Santo de los Insolventes”, a poca distancia de la quinta en la que entonces vivía.

El cura del pueblo escribió esta acta de defunción: “En esta parroquia de la Recoleta de la Capital , a 23 de setiembre de 1850, yo, el cura interino de ella  enterré en sepultura ordinaria el cadáver de un adulto llamado José de Artiga, extranjero, de esta feligresía. Doy fe. Cornelio Conteras.” Enterado poco después de quién se trataba, el cura enmendó el acta y le puso “general Artigas”.

La primera noticia necrológica respondió a “El Paraguayo Independiente” de Asunción, del 28 de setiembre de 1850, cinco días después de la muerte del prócer. En Uruguay, “El Porvenir” del 5 de febrero de 1851 recogía la noticia del “Jornal de Comercio” de Río de Janeiro de 13 de enero, fue el primer diario uruguayo que informa sobre la muerte de Artigas:

La Historia del general Artigas es muy conocida en nuestro país y aún existen compañeros de armas, hombres que lo conocieron y observaron. La historia imparcial juzgará algún día esa época, porque es una propiedad suya. La revolución, las pasiones, todavía no han acabado, están en pie y difícilmente podríamos ocuparnos hoy de trazar los pasos, la vida del general Artigas, porque sería un trabajo incompleto y hasta extemporáneo. Recordémosle en la mansión del silencio y la tierra extranjera que ha recibido sus restos mortales, le sea leve: mientras tanto que ellos no queden olvidados, y que la República , cuando asegure la paz, pueda transportarlos para que reposen en el suelo de su nacimiento y en el lugar destinado a eternizar la memoria de los hombres que, como él llegaron a presidir los destinos de un país, al que consagró su vida peleando por su independencia y libertad como su primer guerrero.

Poco tiempo antes, el ingeniero Mayor Enrique de Beaurepaire Rohan relató así su encuentro con el anciano caudillo oriental: “No me cansaba de estar frente a frente con este hombre temido, de cuyas hazañas había oído hablar desde mi infancia, y que mucho tiempo creía muerto. Por su parte, no se manifestó menos satisfecho el viejo, al saber que me conducía a su morada la fama de sus hazañas. Entonces, me preguntó risueñamente, ¿mi nombre suena todavía en su país de usted? Y habiéndole contestado afirmativamente, dijo, después de una pequeña pausa: “Es lo que queda de tantos trabajos: hoy vivo de limosnas”.

Años más tarde, en 1854 durante el gobierno del General Flores, el Gobierno uruguayo recibe autorización para repatriar el cuerpo de Artigas, quien llega a Montevideo el 19 de setiembre de 1854. La urna que contenía sus restos fue primeramente depositada en la Rotonda del cementerio Central, hasta ser finalmente ubicada en el Mausoleo construido en su honor en el año 1977, debajo de la estatua del prócer en la Plaza Independencia.

Bibliografía:
Muerte de Artigas, en https://uruguayintegrado.com.ar/noticia/282/muerte-de-artigas. Acceso: 20-10-2017
Klein, Fernando, Exilio y Muerte de Artigas en el Paraguay, en http://www.liceus.com/cgi-bin/ac/pu/fernando_klein_artigas.asp. Acceso: 20-10-2017
Imagen: http://www.sellosmundo.com/America/Uruguay/sello_166297.htm. Acceso: 20-10-2017

(extraído de https://genoma.cfi.org.ar)

Este articulo fue publicado por la revista La Ciudad el 23/9/2019

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