El organismo cumple un rol fundamental en la gestión de recursos hídricos a nivel nacional y enfrenta un ajuste presupuestario. Denuncian que la intención es reemplazarlo por una empresa privada y reducir empleados.
El gobierno busca disolver el Instituto Nacional del Agua (INA), un organismo fundamental para la prevención de inundaciones y sequías, en un momento crítico de crisis hídrica en el agro e incendios forestales en la Patagonia. La medida implica severos recortes presupuestarios, despidos masivos y la posible privatización de sus funciones, reduciendo su equipo de casi 300 expertos a solo 50, lo que dejaría inoperante su estructura y funciones esenciales.
Con más de cinco décadas de trayectoria, el INA desempeña un papel clave en la gestión del agua a nivel nacional. Entre sus funciones se encuentran el diseño y monitoreo de obras hídricas, la modelización de inundaciones y sequías, la investigación de enfermedades vinculadas al agua y la resolución de conflictos por contaminación. Además, provee peritajes y asesoramiento en grandes proyectos nacionales e internacionales, como la gestión del Canal de Panamá y la operación de represas hidroeléctricas clave.
El INA cuenta con infraestructura única en Latinoamérica para el estudio de dinámicas hídricas, incluyendo laboratorios especializados y tecnología de cálculo avanzada. Su estructura descentralizada, con centros regionales en distintas provincias, le permite abordar problemáticas hídricas de manera integral y con enfoque federal. Sin embargo, el cierre de estos centros pone en riesgo la investigación aplicada y la toma de decisiones basadas en datos científicos.
A pesar de que la Ley de Bases N°27.742 protege al INA de su disolución, el gobierno parece buscar su vaciamiento mediante el estrangulamiento financiero: recortes presupuestarios, falta de designación de autoridades y la interrupción de servicios esenciales como electricidad e internet. Esta estrategia podría responder a intereses inmobiliarios, dado que su predio en Ezeiza ya ha sido inspeccionado por la Agencia de Bienes del Estado para una posible venta.
Los trabajadores del INA han alertado sobre el impacto devastador que tendría su desmantelamiento, no solo en la prevención de desastres naturales, sino también en sectores productivos como la agricultura, la minería y la industria, altamente dependientes de la gestión del agua. Han propuesto mejoras para optimizar su funcionamiento sin perder su carácter público, pero el gobierno insiste en una visión de “ajuste” que podría dejar la gestión del agua en manos del mercado, poniendo en riesgo el acceso equitativo a este recurso vital.
(fuente: https://primereando.com.ar/)