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Martín Fierro y el hombre vivencial (4)

por José Florentino Beorda  –      

Párrafos tomados de: “José Hernández, Martín Fierro y el hombre vivencial”
(Libro digital eBook) 

Estrofa 459
Sapiencial por cuanto discierne y reconoce del Hombre y para el Hombre de todo tiempo y lugar.

“Es el destino del pobre
Un continuo safarrancho
Y pasa como el carancho,
Porque el mal nunca se sacia
Si el viento de la desgracia
Vuela las pajas del rancho.”…

La comparación con el ave rapaz diurna para describir la “suerte reculativa” y existencial que experimenta toda humanidad caída en desgracia, cierra el valor conceptual dado a esta palabra desde el condicionante temporal. Nada queda en el Hombre de Hombre una vez perdida por factores extraños a su voluntad, la base anímica y vivencial (afectos; naturalidad; proyección…), que dentro de la acepción rancho/hogar cabe. Cual el ave rapaz deberá correr la suerte instintiva de subsistencia sin aspirar a nada más que a sobrevivir. 

La desgracia es entonces sinónimo de degradación y alimento para el mal. Por tanto, se contrapone a toda ley evolutiva de la naturaleza psíquica y orgánica que el Hombre conozca. 

El Hombre, único ser pensante, está comprometido (moral) a desenvolverse dentro de aquella naturalidad en armónica integración y evolución existencial. 

De no hacerlo así. De no asumirlo así. De no entenderlo así… permite que la desgracia se convierta en degradación y decadencia. En “suerte reculativa” para quien sufre sus efectos. Y en tal condición, decadente, llega a vivir cual ave de rapiña… fiera… animal. 

El Hombre “es”, y en su evolución racional / orgánica / vivencial, debe buscar “saber hacer para ser”. Esa la ley. Eso lo natural.

El mal es obstáculo que no admite límites de decadencia cuando la desgracia llega. Para este estudio, es ella la preclara advertencia argumental.

Estrofa 460
Dentro de cuanto se experimenta, la compensación es parte de aquella ley natural donde no hay, a priori, privilegios. Y las características de esa ley, válida para las vivencias, se reflejan desde la parte física dinámica de lo temporal.

El proverbio telúrico sapiencial de los dos últimos versos así lo especifica desde su universalidad.

“Y hasta el pelo más delgao
Hace su sombra en el suelo.”

Podemos agregar:
“Indudablemente que hay cierta semejanza íntima, cierta identidad misteriosa entre todas las razas del globo que sólo estudian en el gran libro de la naturaleza; pues que de él deducen, y vienen deduciendo desde hace más de tres mil años, la misma enseñanza, las mismas virtudes naturales, expresadas en prosa por todos los hombres del globo y en verso por los gauchos que habitan las vastas y fértiles comarcas…”.                                  (De: “Cuatro palabras de…”) (*)

Baste su reflexión. Su comprensión y su internalización para volverlo real.

Estrofa 461
Los fundamentos dados desde la estrofa 454 cierran aquí. Desde la Naturaleza  explica su solidez sapiencial. Aquella que hace posible soportar los rigores de la suerte, sin declinar el Hombre en su dignidad.

El álamo, altivo; erguido; en el fondo de la acepción “varonil”, también gime para quien sensible/atento lo sabe percibir.

Preparado; atento, erguido, son/serán condiciones necesarias que eviten la desesperanza si la desgracia – decadencia llega, con su fatiga y su ley. Cuando así suceda, el límite puesto a su influencia desde la amplitud sapiencial, permitirá por de pronto… sobrevivir… Sin llegar al salvajismo de la degradación total.

Estrofas 462 a 468
La vivencia puesta a prueba en el duro cautiverio a pleno desierto.

El desierto… Base circunstancial y anímica desde donde se proyectan ambos protagonistas. Centro y eje argumental dentro del mundo Pampa. 

Estos versos nos proponen la reflexión sobre el universo instintivo, al cual para la ocasión, el Hombre “hijo del desierto” pertenece. Pero también mundo al que el protagonista no asume como propio a su idiosincrasia elemental.

La percepción inteligente y el discernimiento lúcido encuentran un hilo conductor que guía la advertencia sutil, hacia la decadencia que vivencialmente lo humano llega a padecer.

“Fuimos a esconder allí

Nuestra pobre situación,

Aliviando con la unión

Aquel duro cautiverio —

Tristes como un cementerio

Al toque de la oración.”

Aunque el mundo Pampa admite y exige por otra consideración cultural propia, (la que no nos corresponde tratar aquí), desde el concepto reflexivo analítico del autor, “ser natural” reconoce y proyecta… conocimiento – reflexión – testimonio. 

Búsqueda de un hombre integrado. 

Jamás el Instinto como finalidad, será reconocido en ese ideal.

(*) Prólogo de José Hernández)

 

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(*) (Todos los versos comienzan con Mayúsculas: Seguimos estrictamente la ortografía y su gramática tan particular, incluidos los guiones a final de versos,  basados en la “EDICION CRITICA” de Carlos Alberto Leumann.)