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Martín Fierro y el hombre vivencial (3)

por José Florentino Beorda   –

Párrafos tomados de:

“José Hernández, Martín Fierro y el hombre vivencial”

(Libro digital eBook)

CANTO TRES de “LA VUELTA”
Pintadas las contingencias desde lo íntimo de la reflexión y percepción creativa, en su “rudeza”, la vida Pampa se nos hace conocida. Si bien limitada al tiempo de malones, refugiados, desiertos y tolderías. Pero fundados operativamente en los conceptos vertidos por el autor, tratemos de vernos representados en aquella “impresión”. En aquella odisea vital del protagonista. Para aprender, con quien “tanto ha sufrido”… por estudio, por pensamiento, por recogimiento, por elaboración. 

Estrofa 454
Metidos en la circunstancia…

“Empeñaos en la partida –”

La estrofa se hace referencia del Hombre universal.

Las alternativas temporales pertenecen al Hombre y es el Hombre, sin ser un absoluto, quien las sufre y las puede vencer. Por ello, por sobre toda vivencia; por sobre la mesma experiencia y suerte la Vida. El soplo divino que permite su realidad.

Estrofa 455
Cierra el concepto anterior. Define con dureza para ambas caras de la moneda, puestas a rodar. Justifica una misma postura vivencial.

“Respetar tan solo a Dios,

De Dios abajo a ninguno.”

 Y desde tal compromiso ya no importan entonces históricas jerarquías culturales. Sí importan; sólo importan, actitudes.

Estrofa 456
Clara definición de arraigo telúrico. 

“El mal es árbol que crece

Y que cortado retoña –”
Meditada enseñanza universal que emerge de la observación atenta y la reflexión sobre lo natural. Naturaleza -manifestación pluricultural  sobre la Tierra- es Vida; pero en esa Vida, al igual que en el interior humano, el mal, “la ponzoña”, es real.

Tan real que no se encuentra limitado; circunscripto.

Tanto la experiencia como la ingenuidad sufren sus efectos.

Donde existe tierra fértil para su manifestación… allí ha de estar.

Quien, como Hombre arraigado a su naturaleza, a su autenticidad, puede asumir su presencia en lo real…  sabrá las diferencias y eventualmente, discernir y separar.

Estrofa 457
Discernir para separar, como se dice. Explícito aquí para esta estrofa tan singular. 

Prudencia y desgracia. Aptitud varonil la una. Desdicha y tribulación, la restante.

Prudencia. Escudo protector contra deslizamientos imposibles de contener. Tanto anímicos como conceptuales. Valor en sí misma por lo que implica en cuanto razón y serenidad. 

“Mas todo varón prudente

Sufre tranquilo sus males –”

Su falta es ausencia de autodominio. De control.

En cambio, y si bien surge de los Hombres y de ella derivan infinitos sufrimientos, a la desgracia se la considera “guacha”. 

“La desgracia tiene hijos

Aunque ella no tiene madre.”

Es decir, efecto de las circunstancias que se encadenan y la conducen y que la encarnan en lo particular. 

Por ello es vista como imposición de los acontecimientos e imponderables de la interrelación sociocultural. Al menos… para este Hombre que no la pudo controlar o no la supo prevenir.

Estrofa 458
La Vida tiene un porqué. Imbuida de la ley natural -o leyes- todo en ella se explica. Se relaciona. Y todo en ella nace por y para una función.

El proverbio de los dos últimos versos así lo determina y lo orienta.

“Porque el cardo ha de pinchar

Es que nace con espina.”

La “herencia”; el “destino”; la “suerte”, implican una derivación de circunstancia que condiciona una determinación exponencial. La desviación que por sí implica la desgracia, se soluciona en la actitud moral – sapiencial, surgida de una identidad y desde una capacidad emotiva/racional… acorde. Por tanto, esa ley natural que no fuerza, ni finge; explícita al transcurrir del relato, exige de la evolución enraizada y armónica, constante, para que el Hombre pueda gozar su entidad desde el entendimiento y la comprensión.

En esto, las figuras proverbiales/sapienciales literarias, el autor las asume desde la Naturaleza, por ser ella transmisora fértil de enseñanza sensorial cognitiva, cálida y veraz.

“El gaucho no aprende a cantar. Su único maestro es la espléndida naturaleza que en variados y majestuosos panoramas se extiende delante de sus  ojos…”.

(De “Cuatro palabras de conversación con los lectores.”)

(José Hernández)

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