La casa perdió su enredadera
Como sábana querida
se extendía en el tapial.
Cada día el musgo de su cuerpo
habitaba una mitad.
Era clavel del aire,
tenue ventana del anochecer.
Una redada de invierno la llevó
hacia el olvido del jardín.
En la pared quedaron huellas
del gajo que supo resistir.
Sigue bordada en mis ojos.
Sé que la lluvia la devolverá
al sosiego del vergel
virginal y traviesa como cardenal.
SusyQ 2023