El grito
Después del arrebato, el joven negro se arrodilló y comenzó a llorar con la cabeza hacia el suelo. Sus lágrimas fueron la última manera de una lucha despareja. La imagen rubia huía por el claustro de la casa de estudios buscando consuelo. En el bolso volvían a su lugar los libros los rizos desordenados y su agitada respiración. Lo inevitable golpeó su frente. No había adjetivos para un después de esa boca que quiso adueñarse sin permiso de la suya, y dejó en sus labios una oscura fragancia. Aún de rodillas, el dueño de la pasión lanzó un grito que estremeció el silencio de esa hora vacía. Fue un pedido de perdón que corrió por las baldosas y estremeció los pasos que se alejaban buscando la salida.
SusyQ. Agosto 2022