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Los chanás: una cultura fascinante que aún desafía con sus preguntas

 

Víctor Acosta es conocido por integrar “Las voces de Montiel”. A la actividad musical suma la de docente y bibliotecario, y la tarea de investigar sobre historia y cultura de la provincia. Fruto de esa decisión, que comparte con su esposa, acaba de publicar “La fascinante cultura chaná. Los aborígenes entrerrianos olvidados”, editado por Ana Editorial. “Quiero aportar a que podamos sentir orgullo de la identidad entrerriana a partir de conocer la historia”, expresó a EL DIARIO.

 

CARLOS MARIN / cmarin@eldiario.com.ar

Víctor Acosta se define como “un escritor popular” que intenta “llevar a la gente común lo que los científicos ya conocen hace mucho”.  Músico y compositor, histórico integrante de “Las Voces de Montiel” –grupo folklórico que creó hace 43 años con sus hermanos, y que se conoció primero con el nombre “Los huelleros”-,  este diamantino es también docente y bibliotecario. Su pasión por escribir “con sentido y fundamento” no es algo nuevo en la vida de este lector. Eso, unido a su curiosidad lo han llevado a plasmar el fruto de sus inquietudes en 11 trabajos que ha publicado. A esa lista acaba de sumar el fruto más reciente de su tarea. “Entiendo que la tarea del escritor, parafraseando a Abelardo Castillo, es ser un buscador de tesoros. En mi caso ligados a la cultura y la historia de esta tierra”, asegura.

Como resultado de esa convicción acaba de dar a conocer “La fascinante cultura chaná. Los aborígenes entrerrianos olvidados”, editado por Ana Editorial. El volumen se enfoca en brindar un pantallazo sobre este pueblo del cual resta mucho por conocer. De allí lo valioso del aporte de Acosta como aproximación a este universo, que recupera antecedentes como los trabajos de Antonio Serrano, Blas Jaime, Pedro Viegas Barros, Clara Passafari y Mariano Bonomo. Precisamente de una frase de éste último –antropólogo e investigador de la Universidad Nacional de La Plata- tomó el entrerriano el título para este libro.

La nueva publicación, contó el autor a EL DIARIO, se inscribe en un proyecto de largo plazo, que lleva adelante desde hace algunas décadas. “Estos doce libros tienen un eje que es abordar aspectos de la cultura entrerriana que no hayan sido abordados por otros autores”.

“En este caso –señaló- me apasioné por los chanás porque observé que en Entre Ríos, en la currícula de la educación formal, de todos los niveles, no existe una referencia a este pueblo. Y si la hay, se lo menciona muy superficialmente”. Sin embargo “cuando se profundiza en el tema se encuentra una cultura que asombra y no tiene nada que envidiar a otras mucho más estudiadas y reconocidas, como las del altiplano o de América Central y del Norte”.

El trabajo se propone brindar al público general un pantallazo general de la vida y la cultura chaná, con una redacción para la gente común y no para especialistas.

PRIMERAS INQUIETUDES

Los chanás, señala Acosta, habitaron en esta parte del planeta durante más de dos milenios, en un área que se ubicó en ambas márgenes del Paraná desde las actuales Islas del Ibicui hasta La Paz. Y agrega que este nuevo libro es resultado de un proceso de tres décadas de persistir en una pesquisa que catalizó durante los años 2020 y 2021, en los cuales, obligado por la pandemia, halló el espacio necesario para reunir un montón de partes dispersas y comenzar a armar un particular rompecabezas.

“Cuando leí el libro de Blas Jaime –considerado el último custodio de la lengua y la cultura chaná- sobre su pueblo, y me enteré que además lo que planteaba había sido supervisado por el investigador Pedro Viegas Barros –un lingüista experto en los pueblos originarios- vi que la presencia de este pueblo y de su idioma era algo verificado científicamente y eso me impulsó a retomar una tarea que con mi esposa venimos realizando desde hace décadas”, agregó Acosta a EL DIARIO.

“En Diamante, desde hace muchos años hemos rescatado restos de cerámicas en distintos lugares de la zona de la costa del Paraná. Para nosotros era una incógnita su procedencia, ya que no lográbamos encajarlos como producto de la cultura guaranítica”, explica el docente. Junto a su esposa Rosario Crick Chort, dio los primeros pasos en la temática cuando a fines de la década de los 60, visitó Diamante la antropóloga rosarina Clara Passafari de Gutiérrez. La destacada investigadora, –madre de la periodista Mónica Gutiérrez- concretó entre los años 1967 y 68 “un trabajo maravilloso en las islas cercanas a Diamante, en el cual, junto a su esposo que era fotógrafo llevaron adelante un relevamiento y rescate sobre los pueblos que habitaban en la zona antes del arribo de los europeos”.

Blas Jaime, quien conserva el legado ancestral chaná, fue uno de los referentes que movilizó al bibliotecario diamantino a concretar el libro.

“Mi esposa y yo hicimos unos talleres que dictó Passafari posteriormente en los cuales mencionó a los chanás y nos quedó siempre el interés”, agregó Acosta. Dos décadas más tarde, en 2000, Blas Jaime dio a conocer su legado como integrante de ese pueblo. Mientras tanto en la línea que había planteado la antropóloga, Acosta y su esposa continuaron trabajando e investigando por su cuenta, desde la costa de Alvear hasta Las Cuevas, en el departamento Diamante.

“Hemos podido rescatar una colección de piezas de cerámica que durante años llevábamos a charlas en escuelas e institutos terciarios”, contó Acosta. En esos encuentros exponían –a partir de contar como antecedente con el trabajo de Antonio Serrano “Los primitivos habitantes de Entre Ríos- aspectos de esa cultura. Entre aquellos hallazgos, el equipo integrado por el docente y su esposa tuvo el privilegio de encontrar un horno chaná, ubicado en una isla, en la zona Las Cuevas. “Afortunadamente pudimos dejar registro de ese hallazgo que hicimos en un momento de bajante del Paraná. Lamentablemente luego, con las inundaciones posteriores –como ha sucedido con otros sitios en los que se han concretado descubrimientos similares- ese patrimonio se perdió”.

A partir de este siglo, sobre todo con el aporte de Jaime Pedro Viegas Barros –vinculado a que se conoce el legado de Blas Jaime- el tema cobró interés en la comunidad científica. A partir de la radicación de un Centro regional de la Comisión Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas en Diamante (CONICET), “comenzaron a venir antropólogo y arqueólogos para concretar excavaciones en la zona”.

En su tarea, los académicos también visitaron a Acosta en su casa “para ver qué tipo de cerámica habíamos rescatado”. El encuentro resultó clave para que comprendiera de qué se trataba y finalmente pudiese identificar a qué cultura pertenecían esas piezas.

ACERCAR LECTORES 

Como resultado de todo ese trabajo el Doctor Mariano Bonomo, investigador de la Universidad de La Plata dirigió una investigación cuyo resultado se publicó con el título de “Historia Prehispánica de Entre Ríos”, que fue editada por esa casa de estudios. Cabe, en este punto, citar el antecedente del antropólogo santafesino Carlos Cerutti –egresado de esa casa de estudios y que fuera director del Museo de Ciencias Naturales de Entre Ríos- quien durante los 80 y 90 del siglo pasado, concretó diversos trabajos de campo en la provincia.

A partir de la llegada de Bonomo, ya en el presente siglo, comenzaron a llevarse adelante investigaciones en la costa del Paraná con equipos integrados por distintos actores científicos (arqueólogos, antropólogos, geológos).

“Todos han hecho trabajos muy buenos. Pero enfocados sobre temáticas y nichos muy específicos del conocimiento”, acota Acosta. Sucede, añado, que esas investigaciones no llegan al público lector en general.

“Vimos que hay una distancia muy grande entre lo que circula en publicaciones especializadas para un público muy restringido y el público lector en general, y sobre todo entre los alumnos de los distintos niveles científicos”, agregó el docente.

“En ese sentido –y pensando en un trabajo de divulgación científica- nos planteamos con mi señora que nuestro trabajo era parecido a armar un rompecabezas”, evocó Acosta.

Con el propósito de sistematizar la información disponible –escrita para especialistas científicos-, sobre la base del libro de Blas Jaime y Viegas Barro –que era una parte de la historia chaná- Acosta se dio a la tarea de compilar todo de manera ordenada en un trabajo que reuniera diferentes facetas. Así en plena pandemia se conectó con el CONICET en Buenos Aires y les solicitó material sobre historia y cultura chaná. Para ello tuvo que justificar y fundamentar su pedido y de ese modo –durante el período de ASPO y la pandemia- pudo consultar las publicaciones especializadas y libros sobre el tema.

Víctor Acosta, autor del libro junto a su esposa Rosario Crick Chort (izq.) que lo acompañó en la tarea de investigación. Junto a ellos (parte inf. de la imagen), la madre del músico, Prusia Arrigoni.

ARDUA TAREA

Con todo el panorama desplegado ante sus ojos, para Victor y Rosario “no fue sencillo armar la estructura del libro por la cantidad de información que había. La recopilación y sistematización llevó dos años”, indicó el autor a EL DIARIO. Finalmente el material se presenta en un volumen de 36 capítulos a lo que se añado el prólogo, anexos y bibliografía.

“Como síntesis, creo que lo medular de mi trabajo en este libro de 320 páginas es haber vinculado las piezas del rompecabezas de la cultura chaná para el público en general. Y sobre todo para las nuevas generaciones, que son las que más me interesan, en el sentido que me moviliza que se acerquen y conozcan esta historia”, enfatiza el docente.

La distribución de “La fascinante cultura chaná”, está a cargo de Editorial Ana, librería del Paraná y “allí donde me convoquen iremos a presentarlo”, acepta el bibliotecario que, adelanta, comenzará “por supuesto acá en Diamante”.

En este sentido, Acosta tiene la inteción de “recorrer las escuelas primarias que me abran las puertas para llevar personalmente a los chicos la información”. Y abriga un sueño: “Me gustaría que el Consejo General de Educación tome la cultura chaná y la integre a la currícula de los distintos niveles del sistema educativo”. Para ello, adelanta, espera en algún momento “comunicarm con las autoridades para que este trabajo pueda llegar a toda la provincia”.

IMAGEN REPRESENTATIVA

La tapa del volumen está ilustrada con una fotografía de un fragmento de cerámica chaná. La imagen presenta el rostro de un integrante de ese pueblo con los ojos cerrados y dos lágrimas en cada mejilla. La pieza forma parte de la colección que preserva la familia del autor en Diamante.

FACETAS ASOMBROSAS

En el proceso de escribir el libro “comenzamos a trabajar con todo el material que teníamos y así, con mi esposa, fuimos sistematizando información. En ese rompecabezas empezamos a unir piezas y hemos podido corroborar cosas increíbles que ya plantea Blas Jaime en su libro. Él sostiene que la cultura chaná era un `pueblo mudo´. Lo que pasaba era que a los perros, cuando eran cachorros, este pueblo les cortaba las cuerdas vocales para que no los descubriesen sus enemigos. Resulta difícil de creer. Pero Viegas Barros fue a su archivo y halló unos documentos originales de los españoles que mencionaban que había en esta parte del mundo `perrillos sin voz´”.

Otra de las cosas interesantes, sostiene Acosta, es que “Jaime cuenta sobre el modo de sembrar, de arar. Y recientemente los científicos comprobaron tras estudiar el fondo de vasijas que recuperaron, que la alimentación de los chaná no sólo eran pescados y mamíferos sino también porotos, zapallo y maíz”.

Así, postula Acosta, “se comprueba que este pueblo ya trabajaba con el concepto de agricultura asociada, algo que el INTA esta promoviendo hoy”. Además fabricaban sus herramientas y utensilios, tenían graneros, corrales, cementerios. “Ellos hacían sus propios `cerritos´ para habitar arriba y no inundarse con lo cual se demuestra que también tenían conocimiento de ingeniería”, señala el autor del libro.

Calendario, idioma, religión, cerámica artística, son otros temas que se presentan en el libro que ha permitido al docente diamantino “corroborar cosas que asombran. Todo eso –confía- lo llevó a tomar la frase de Mariano Bonomo –antropólogo de La Universidad de La Plata- sobre “la fascinante cultura chaná”.

TRAYECTORIA

Víctor Hugo Acosta –señala César Brumatti- es un diamantino “multifacético”, nacido el 28 de agosto de 1958. Docente, poeta, músico, autor y compositor, desde muy joven se interesó por las raíces de su pueblo, tomando como afición el estudio histórico y el culto a la tradición de su patria chica.

En 1979 fue cofundador e integrante del grupo folclórico “Las Voces de Montiel”, al  mismo tiempo que componía un interminable número de poemas y canciones, de las cuales ha registrado cerca de ochenta, grabando una gran parte de ellas.

En 1986 se estrenó su obra poética musical “Lamento indígena del Litoral” en el Teatro  “3 de Febrero” de Paraná, cuya autoría comparte con el santafecino Ángel Riquelme Atienza. Ese año contrajo matrimonio con María del Rosario Crick. Su esposa lo acompaña lúcidamente y con  infatigable tesón en el trabajo e investigación.

Docente graduado en Bibliotecología condujo y produjo ciclos televisivos sobre Diamante y también ha sido corresponsal perodístico para medios gráficos de la zona.

Su primera publicación fue en 1994 con el libro: “Diamante y su Toponimia” trabajo con el cual inició la Municipalidad de Diamante (Entre Ríos) la edición de una colección. Tampoco dejó de lado la faceta del rescate social de nuestros pueblos originarios. Fue  Cofundador e integra desde 2003 el grupo Diamantino de Reivindicación Indígena  (G.D.R.A.) junto a Miguel Fayok, Aldo Monzón y Mirta Sosa.

Fuente: El Diario

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