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Los Cementerios de Concepción del Uruguay en la 1ra. Guia de Cementerios de la República Argentina

por Rodolfo Oscar Negri   –     

En la primera Guia de Cementerios de la República Argentina se incluyen nuestros cementerios -Municipal e israelita-.

Indudablemente el que Maria Laje, compiladora de artículos de cementerios nacionales, los haya tenido en cuenta tienen que ver con su valor arquitectónico e histórico, pero –además- con la labor que viene cumpliendo al frente de la Dirección de Cementerios la Arquitecta Ana María Almeida. 

Desde La Ciudad, felicitamos a la funcionaria y a todos quienes trabajan con ella en el mantenimiento de estos verdaderos centros de recuerdos e historia.

Por otro lado, compartimos con nuestros lectores los dos textos que se incluyen en la guía. El que se refiere al Cementerio Israelita lleva la firma de Ana María Almeida y Gustavo Sirota; el otro, la de la funcionaria municipal.

Evidentemente esto es algo trascendente para todo aquello que significa la difusión de nuestro patrimonio histórico y cultural.

El Cementerio de Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos

por Ana María Almeida (1)   –

El Cementerio municipal de Concepción del Uruguay, fundado en el año 1856, es uno de los más singulares de la provincia de Entre Ríos. La ciudad, llamada “la Histórica”, está localizada a la vera del río Uruguay y fue protagonista de buena parte de la historia nacional. Cuna de caudillos que escribieron los orígenes de nuestra Patria, cuyos restos descansan en este predio que cobija no solo sus panteones y tumbas sino también los mitos, leyendas y verdades construidas.

El cementerio no tiene nombre pero puede jactarse de tener padrino, fue el General Justo José de Urquiza, Presidente Constitucional de la Confederación Argentina en ese momento histórico.

Recorriendo sus calles, descubrimos su singularidad, incorporando su naturaleza al arte y arquitectura, datos de la realidad que hacen necesario comenzar a clasificarlos en capítulos -ya que está en proceso la declaratoria de Cementerio Museo Municipal a cielo abierto-.

Localizado al Oeste de la planta urbana, debido al exponencial desarrollo de la ciudad hacia ese sector, poco va quedando de esa idea primigenia de estar “alejado de la población”. La superficie original de 1856 se ha ampliado, por sucesivas adquisiciones por parte del municipio de terrenos privados linderos, hasta su traza actual -aproximadamente ocho hectáreas-. Al Norte limita con el Boulevard Sansoni, eje principal de acceso a la ciudad, su frente está al comienzo de la calle 9 de Julio, la más importante arteria vehicular. En su trazado responde a los conceptos de los principios higienistas introducidos en nuestro país en el siglo XIX; sus elementos comunes están presentes: el trazado general, la parquización y densa arboleda y un sector central monumental.

 

Se accede a través de un pórtico de estilo neoclásico, con portones de hierro de muy buena factura, construido en 1910 por el italiano Santiago Giacomotti. El cuerpo central avanza sobre la línea general de la verja, adquiriendo así mayor jerarquía. Está compuesto por dos monumentales pilastras y rematado por un tímpano, sobre el que se encuentra una cruz de hierro. Tiene tres grandes vanos cerrados por rejas y se destaca la puerta central de mayor tamaño; el piano nobile, o hall de acceso, supera el nivel de vereda y se salva por una escalinata de escalones de mármol blanco.

Descubrimos la singularidad del Cementerio recorriendo sus calles. El sector de panteones deslumbra por su monumentalidad y presenta la mayor densidad de riqueza arquitectónica y artística en distintos estilos. La impronta de la iconografía funeraria que aquí encontramos amerita un estudio iconológico profundo. Conforman el acervo patrimonial la variedad de estilos arquitectónicos de diferentes vertientes y los materiales nobles que se usaron para su construcción, sumado a los destacados constructores, los autores de placas conmemorativas y artistas de renombre nacional que realizaron varios bustos y esculturas. Las personalidades más importantes de la comunidad se encuentran allí sepultadas. Este conjunto de tal complejidad y riqueza de detalles no se agota en una primera y única mirada, exige una aproximación paciente y creativa.

Entre las personalidades históricas más destacadas encontramos a los que combatieron en las huestes del General Francisco Ramírez, el “Supremo Entrerriano”, en tiempos en los que surgía la República de Entre Ríos, entre ellos el Brigadier Gral. Miguel Jerónimo Galarza (1798-1881) quien formó parte de la escolta de Francisco Ramírez el día su muerte, ocurrida en San Francisco de Río Seco (Córdoba), y fue quien acompañó a la Delfina -legendaria compañera de campaña de Ramírez- en su regreso a esta ciudad. Galarza luego luchó dirigiendo el ejército del Gral. Urquiza.

Por Decreto Nº 3281 M.G.J. del 11 de junio de 1958 se declaró a varios panteones “Tumba Histórica provincial”, entre ellos los que contienen los restos de Galarza, la familia Urquiza, Jorge Clark (1830-1867), Norberta Calvento (1790-1880), Pablo Gunther Lorentz (1835-1881), Anastasio Chiloteguy (1861-1904), Lucilo López (1870-1918).

Martín Ruiz Moreno (1833-1919) notable abogado, político e historiador, vinculado a Urquiza, defendió la autonomía de Entre Ríos en la revolución de López Jordán de 1870, fue también intendente de esta ciudad. Urquiza lo envía a Buenos Aires a cumplir una misión confidencial ante Mitre después de la Batalla de Pavón. Fue también diputado en el Congreso de la Confederación y coautor en 1864 del proyecto de repatriación de los restos del Gral. Don José de San Martín.

En la avenida central de acceso se encuentra una extraña tumba, en la que están depositados los restos de Cruz López Jordán (1804-1858), hija de una familia fundadora de nuestra ciudad, media hermana de Francisco Ramírez. Cruz López fue una de las mujeres con quien el Gral. Urquiza tuvo hijos, de esta relación nació Ana Dolores Ercilia de Urquiza López de Victorica -conocida como Ana Urquiza de Victorica-. En la casa de esta hija dilecta del general se velaron sus restos luego de su asesinato en el año 1870.

Esta misma tumba contiene también los restos del Coronel Waldino de Urquiza Calvento (1827-1870), hijo de Urquiza con María Segunda Calvento, quien fue asesinado en la ciudad de Concordia el mismo día que su padre. En el panteón de la familia Urquiza, hoy descansan los restos de sus hijos: Dolores de Urquiza Costa (1853-1940), Juan José de Urquiza Costa (1861-1915), José del Monte Carmelo de Urquiza Costa (1868-1909) y sus nietas, Dominga Micaela Urquiza y Cándida Amelia Urquiza.

Cabe aclarar que los restos del general, sus padres y su esposa Dolores Costa de Urquiza están depositados en el mausoleo de la Basílica Menor Inmaculada Concepción, que hoy es un punto de interés y genera un atractivo especial que incita a conocer más sobre esta ciudad.

Una historia particular es el derrotero de los restos del General Apolinario Almada (1792-1871), poco conocido para el público pese a haber tenido una actuación destacada en todo lo que fue la creación de la República. Formó parte del ejército de su primo hermano, Francisco Ramírez, luchó en Cepeda y contra Artigas en 1820. Almada continuó su carrera militar a las órdenes de Urquiza, mandando un escuadrón de Dragones en la campaña de Caseros en 1853. Si bien falleció en Paysandú, en 1875 sus restos fueron traídos por su hija a este cementerio y depositados en el panteón familiar; sin deudos que se hicieran cargo de las tasas municipales, este tuvo un cambio de dominio y todos los restos fueron inhumados en una tumba común. Gracias a la responsabilidad y recuerdo de un antiguo trabajador del cementerio, esta tumba fue resguardada y actualmente hay un proyecto de revalorizar la figura de este legendario general y brindarle el reconocimiento merecido.

De tal importancia como los anteriores podemos nombrar a Cipriano de Urquiza, Mariano Calvento y Calixto de Urquiza, hermano del General quien, como los anteriores, también conformó el ejército de Francisco Ramírez. Sin dudas un capítulo de la historia de este cementerio podría titularse “entre combatientes y tumbas”, también en sus páginas figurarán los nombres de los veteranos de Caseros y de la Guerra del Paraguay: Cruz Aguirre, Pilar Cuello, Capitán Simón Toledo y Mayor José Ríos.

Entre las mujeres destacadas descansa aquí Doña Clementina Conte de Alió (1873-1916) primera directora de la segunda Escuela Normal del país, nació en Francia y llegó a Argentina en 1869 acompañada de sus tíos de apellido Cambaceres. En Buenos Aires, conoció y se casó con Agustín Mariano Alió, quien en 1871 fue designado Rector del Colegio del Uruguay “Justo José de Urquiza” -primer colegio laico del país-, fijaron residencia en Concepción del Uruguay. Falleció en la ciudad de Rosario pero sus restos fueron trasladados a este cementerio donde descansan junto a su esposo en una artística tumba coronada por un ángel representando la elevación del alma al cielo, obra de la marmolería Marini de Buenos Aires.

No es común que una mujer pase a ocupar un lugar en la historia por amor hasta su muerte pero Norberta Calvento (1790-1880) se convirtió en leyenda pues siguió fiel a su primer, único y gran amor, el ya nombrado Gral. Francisco Ramírez. Norberta no ocupó cargo alguno en política, no participó en las luchas civiles y tampoco fue hacedora de actos culturales o sociales; pero, a pesar de ello, merece ser recordada porque su figura se asocia indiscutiblemente al amor y la lealtad que esta mujer demostrara para con el caudillo entrerriano.

Es para destacar a Teresa Ratto (1877-1906), primera médica de Entre Ríos, quien estudiando en el Colegio del Uruguay obtuvo el título bachiller, siendo la primera mujer en obtener esa graduación en esta institución que admitía solo a hombres. Habiendo sido recomendada por el Dr. Benjamín Zubiaur a la Dra. Cecilia Grierson -primera médica del país-, esta la tomó bajo su tutela; es así que en la Facultad de Medicina de la UBA obtuvo su título de Doctora en Medicina y Cirugía.

Hay mucho para conocer en este cementerio municipal, por lo cual la nueva gestión del mismo está abocada a lograr la difusión de la historia y realizar el relevamiento del acervo patrimonial de esta necrópolis, trabajo que se viene haciendo y se publicará en el libro, del cual soy coautora junto a los Licenciados en Turismo María Virginia Civetta y Carlos Ratto, que se titulará: “Cementerio de Concepción del Uruguay – Mitos, leyendas y verdades construidas”; este objetivo va concatenado con otro mayor: solicitar la declaratoria por parte del Municipio como Cementerio Museo a cielo abierto.

Bajo el lema “solo se valora aquello que conocemos”, queremos fomentar e iniciar el rescate y resguardo de este patrimonio, resignificar el lugar y lograr otra mirada posible.

¡Lo esperamos con un sorprendente bagaje histórico cultural!

Cementerio Israelita de Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos

por Ana María Almeida (1) y Gustavo Sirota (2)   –

El primer grupo de judíos llegó de paso a Concepción del Uruguay, arribando en abril de 1892. Fueron unas ochenta familias que se dirigían a San Antonio, donde echaron las bases de la colonia que lleva su nombre. Fue un largo derrotero que los llevó a afincarse en las aldeas de los alrededores y con el tiempo también en la ciudad.

Uno de estos pioneros inmigrantes fue Noé Yarcho -en algunos archivos figura como Iarcho- de profesión médico, vinculado muy activamente a la vida comunitaria en esta región entrerriana y de destacada participación como miembro de la Logia masónica Nº 44 “Jorge Washington” -fundada en 1822- a la cual ingresó en 1894, siendo el primer miembro de religión judía. La masonería ha sido siempre un lugar donde muchos judíos han encontrado un espacio cultural e ideológico en el que poder estar en plenitud e igualdad.

Para la segunda década del Siglo XX comenzaron las primeras formas de organización comunitaria, nació una que aglutinaría a los israelitas en Concepción del Uruguay, el Centro Cultural Israelita Kodimo. Probablemente haya sido esta entidad la que llevara adelante las primeras gestiones para obtener un terreno para ser utilizado como cementerio de la comunidad judía; esta petición ante las autoridades municipales nos remite al más antiguo tramite comunitario del Centro Kodimo -luego de varios vaivenes en el año 1925- este centro trocó en Centro Social Israelita Argentino.

La Municipalidad de Concepcion del Uruguay cedió al pedido realizado y el día 23 Septiembre de 1918 sancionó la ORDENANZA Nº 0434 concediendo a la Sociedad Israelita “…incorporar una fracción de tierra de su propiedad inmediata al primer cuerpo del Cementerio Público, sobre el frente Norte…”, en un media hectárea destinada para Cementerio Israelita lindera al Cementerio Municipal, que ya funcionaba desde 1856, a su vez en la ordenanza se pauta que debían cercarlo con pared y verja sobre el lado Este, “iguales a las recientes construidas”. Este detalle nos deja concluir que ya estaban terminadas las obras del perímetro de dicho lado del predio general. En la misma Ordenanza se especifica que la Sociedad Israelita quedaba sujeta a todas las disposiciones generales y especiales sobre administración del cementerio, pago de impuestos, etc. que se originaran por las operaciones que se realizaran. Este terreno recién en 1927 se transfierió a nombre del Centro Social Israelita Argentino que para ese año obtuvo la personería jurídica.

En abril de 1924 se solicitó a las autoridades comunales la aprobación de los planos para las primeras edificaciones y se comenzó meses después la construcción de “un pequeño edificio consistente en dos piezas de madera, con cañerías de agua corriente… y la portada que mira al Oeste”, según consta en el Libro de inventario de bienes del CSIA.

Respecto a aquellos fallecidos con anterioridad a la creación del cementerio, se pueden barajar dos hipótesis: una de ellas es que se los trasladaba para ser sepultados en las colonias de las cuales muchos de ellos provenían, que se encuentran cercanas a la ciudad, y allí podían ser inhumados de acuerdo a los preceptos, ritos y costumbres mosaicos, esto aún día continúa practicándose. La segunda hipótesis es que a aquellos, para los cuales no se contara con recursos para el traslado, se los inhumasen en el cementerio municipal. Cabe aclarar que, desde su creación, este cementerio fue destinado para el descanso, sin distinción, de todos los habitantes de la Villa de la Concepción del Uruguay por mandato del Gral. Urquiza.

En las gacetillas del Registro Civil y del Cementerio Municipal figuran inscriptos varios apellidos de indudable origen judío, incluso muchos de esos apellidos figuran en instituciones comunitarias judías; como podemos inferir, al no contarse con un cementerio propio, el destino último fue este cementerio corroborando esta hipótesis.

Establecer un registro de las primeras sepulturas no resulta sencillo, para elaborarlo se han tenido en cuenta tres fuentes principales, a saber: el listado o registro que figura en la secretaria del CSIA, el Libro de Defunciones de esta institución y, por último, el trabajo de campo realizado allí, tarea que nos permite agregar un elemento controversial: la existencia de sepulturas que no figuran en ninguno de los registros mencionados anteriormente, así como otras en las cuales el paso del tiempo y la erosión impiden colegir datos.

Del intercambio y entrecruzamiento de información entre las distintas fuentes tomadas deducimos que las primeras sepulturas oficialmente registradas se realizaron en Agosto y Septiembre de 1923. A partir de esa fecha se conservan asentados datos figurando: filiación del difunto, numero de fila y de sepultura -lado izquierdo o derecho- y fecha de entierro. Resulta interesante precisar esta fecha pues ambas inhumaciones son realizadas antes incluso de la presentación de los planos en la Municipalidad y del comienzo de las obras; pero, de hecho, este año se toma como el fundacional. Ambas inhumaciones también aparecen en el Libro de Defunciones del CSIA, que originariamente estaba escrito en Idish en letra cursiva, de izquierda a derecha, con pluma y tinta y letra gótica, y que, posteriormente, fue copiado y traducido al español.

El acceso al Cementerio da al Oeste, por un portal de dos hojas de hierro enmarcado por un arco rebajado de chapa que tiene una leyenda que confunde pues dice: “Cementerio Israelita 1936”, año en el que seguramente se ha construido el portón, al igual que otras obras edilicias y los tapiales perimetrales pero que no guarda relación con la fundación del predio.

Al ingresar, encontramos un edificio en cuyo frente hay dos estrellas de David -Maguen- y que cuenta, en su lado derecho hacia el Sur, con el lavatorio para la higiene y para limpiar simbólicamente las manos al abandonar el lugar; en su interior conserva los oratorios y los grifos para el lavado ritual y purificación del cuerpo -tahará-, elementos usados en el caso de los adherentes al rito sefaradí el cual debería haber sido realizado por miembros de la Chevrá Kedushá.

Este lugar es utilizado hasta nuestros días para una de las paradas -siete en total- que simbolizan las siete etapas de la vida o las siete veces que la palabra vanidad figura en el Antiguo Testamento; esta ancestral costumbre, al igual que la de rasgar las vestiduras de los parientes cercanos -keriá- quizás hayan sido observadas por practicantes como por aquellos menos apegados a los rituales religiosos.

La cartografía funeraria dentro del predio guarda una completa simetría marcada por la calle central, que actúa de eje axial de Oeste a Este, separando los sectores de los hombres, al Norte; al Sur, los sectores de las mujeres y otro destinado para los bebés, niños y jóvenes hasta la pubertad, en el caso de los varones esto es hasta el momento de tener edad de realizar su Bar Mitzvah a los trece años y un día. Esta separación es la misma que se guarda aún en muchas comunidades y grupos de la ortodoxia religiosa que delimita hombres o Azarat Anashim y mujeres o Azarat Nashim. Como es regla, todos los cuerpos están en dirección Este, en dirección a Jerusalén.

Hay una tumba, la de Berta Maravankin de Gorín fallecida en 1924, que guarda la particularidad de estar separada en un lugar distante de las demás y que no figura en los archivos del CSIA, con seguridad se debe a que el motivo de la muerte fue suicidio, acto que la tradición ancestral condenaba ya que era considerado una “rebelión contra Dios”. En la actualidad se declara que estas acciones son el resultado de una “locura temporaria causada por una depresión” y por tanto se exculpa de esta humillación al muerto y a los deudos, procediendo a enterrarlos con los restantes.

Respecto a las prácticas funerarias se dificulta recrearlas con máxima veracidad pues no se cuenta con fuentes escritas y debe hacerse a partir de relatos de los miembros de mayor edad de la comunidad, esto nos permite tener indicios sobre estas prácticas y la ritualidad mortuoria judía en la ciudad. En los primeros años, probablemente, los cuerpos se deben haber inhumado envueltos en mortajas -tajrijim- o paños previstos para la ocasión, luego ya se debe haber reglamentado el uso de ataúdes como en la actualidad, con la salvedad de ser lo más rústicos y sencillos posible e inclusive tener hendijas para permitir el directo contacto de la tierra y el cuerpo.

Debemos remarcar que la modestia es una constante en la casi totalidad de las sepulturas, denotando un fuerte desapego por detalles y ornamentaciones que contradigan los preceptos acerca de la sencillez que debe tener este tipo de ceremonias y prácticas, característica que se refleja en las lápidas. Observamos que mayoritariamente, con pocas excepciones, sobre todo las más antiguas, tienen una fotografía del fallecido.

Las inscripciones también guardan relación con lo que impone la tradición hebrea, solo aparece el nombre del fallecido -en muchos casos escrito en hebreo y en español- fecha de deceso como exclusivo epitafio, en algunas, la fecha del calendario hebreo. Muchas tienen, en este idioma, la abreviatura Z¨L – Zijromó Librajá- Lebrajá –Liberajá – que significa bendita memoria o recuerdo.

La tradición marca que la lápida de un “cohen” tiene grabadas las manos levantadas de la bendición -con los dedos mayor e índice separados-. Un cohanim -sacerdote- es el encargado de los servicios del templo y otras tareas específicas de la Torá, a causa de esto están investidos de una santidad especial. Un “cohen”, a causa de este carácter sagrado en el servicio del templo de Jerusalén, estaba investido de una santidad especial y sujeto a una cantidad de restricciones, entre las que se contaba el no estar en contacto con un muerto o acercarse a menos de “cuatro codos de un sepulcro”. Encontramos cuatro sepulturas con estas características como las de Israel Blaistein, fallecido en 1937, y la de Gregorio Blaistein, en 1946, ambos familiares entre sí. Destacamos la sepultura de Jacobo Nachajón, fallecido en1928, quien fue un reconocido Rabino de los fieles del rito sefaradí de la ciudad. En su tumba podemos observar claramente la inscripción que hace alusión a su condición. Este Rabino es reconocido por su vínculo comunitario y debe haber sido miembro de la Chevra Kedushá -Jevráh Kadisha- la sociedad sagrada cuyos miembros atienden al moribundo, se encargan de lavar el cadáver, proveer las mortajas y enterrar al difunto, prestando también asistencia a huérfanos, viuda y menesterosa.

Si Ud. decide visitar nuestra ciudad en busca de su historia, este es un sitio relevante que le recomendamos incluir en su itinerario.

¡Lo esperamos!

 

  1. Arquitecta UNL – Profesora universitaria UCU. Premio Fondo Nacional de las Artes 2018 – Área patrimonio. Directora del Cementerio Municipal.
  2. Profesor de Historia – FHAvCS de Universidad Autónoma de Entre Ríos. Docente en UADER; UCU e ISFD Carolina Tobar García Difusión Institucional UNER.

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