Entre Ríos recibirá en mayo unos 80.000 volúmenes destinados a niños y niñas de salas de 3, 4 y 5 años, y también a bibliotecas escolares. La noticia fue la excusa ideal para hablar de la realidad de ese nivel de enseñanza, pero también para conversar con especialistas en literatura pensada para los más chicos y ver todo lo que se cifra en este tipo de lecturas.
Mónica Borgogno/ mborgogno@eldiario.com.ar
La llegada de libros a las escuelas siempre es motivo de celebración. Que las políticas públicas vuelvan a poner el ojo en la centralidad del libro y las lecturas, merecía ampliar la noticia.
Pensemos en lo que pasó en las últimas décadas con los vaivenes en el acento, puesto o no, en la promoción de la lectura. Si acordáramos que un punto de arranque podría ser la dictadura militar del 76’, debemos rememorar que un sinnúmero de libros fue quemado o prohibido. Autores como Beatriz Doumerc, Ayax Barnes, Elsa Bornemann, Mario Lodi, fueron apenas algunos de aquellos censurados. De esa manera, generaciones de niños y niñas fueron privados de leer la historia fantástica de La torre de cubos, por ejemplo; e imaginar otro mundo, otra vida y esa casa y pueblo de caperuzos que inventó Laura Devetach, una de las escritoras censuradas.
Con la recuperación de la democracia sobrevino un renovado incentivo al hábito de leer, acompañado de la distribución de volúmenes para las bibliotecas escolares. Luego, en la década de los 90’ los planes nacionales de lectura se apagaron, por decirlo de algún modo, y cobraron nueva fuerza entre 2001 y 2015 para volver a resentirse durante el macrismo. Ahora, regresaron los libros a los establecimientos educativos.
En efecto, en mayo próximo los jardines de infantes públicos de todo el país comenzarán a recibir del Gobierno nacional, dos libros de literatura por cada niño o niña, para ser utilizados como parte del proceso de aprendizaje en las salas de 3, 4 y 5 años. El desembarco de esos ejemplares, en el marco del programa “Libros para Aprender”, que lleva adelante el Ministerio de Educación, se dio a conocer en las jornadas federales que se hicieron días atrás en Buenos Aires y de las que participaron referentes de Entre Ríos. En tal instancia, se compartió la buena nueva de que distribuirán esos libros útiles para intensificar la alfabetización inicial.
De acuerdo a lo informado por la directora de Nivel Inicial del Consejo General de Educación, Patricia López, se estima que llegarán a Entre Ríos unos 80.000 libros. El cálculo que se hace para llegar a ese total, es el siguiente: llegarán dos libros por niño o niña; en la provincia hay alrededor de 38.000 chicos escolarizados en ese nivel; y además habrá un remanente que se destinará a los estantes de las bibliotecas de escuelas de la provincia.
Si bien no trascendieron los títulos de las publicaciones, sí se conoce que la partida incluye textos de literatura argentina y latinoamericana.

Capital cultural
En diálogo con EL DIARIO, Patricia López, recordó que esta es la segunda etapa de entrega de libros y, además, aprovechó para dar detalles de las acciones que están desarrollando desde el área que integra. La acción se enmarca en el afán de apuntalar este primer escalón del sistema educativo y los primeros pasos en la lectura y escritura. Pues, como es sabido, en tiempos de pandemia, en el 2020 y 2021, niños y niñas de ese nivel de enseñanza, por múltiples motivos, abandonaron la escolaridad formal o tuvieron un vínculo débil con la escuela. Esta realidad se traduce en algunas cifras preocupantes.
En principio, las preguntas que se le formularon a López estuvieron orientadas a ese asunto. “Tenemos datos de 2020 que nos dicen que hubo un 6% de chicos que se desvincularon del sistema educativo o mantuvieron un débil vínculo. Son alrededor de 1.000 en toda la provincia, sobre todo de sala de 5 años. Ya en 2021, cuando se puso en marcha la bimodalidad -una semana de clases presenciales y otra, con tareas virtuales- bajó la cifra a un 5 % de chicos y chicas de 4 y 5 años con una débil vinculación; es decir, que se desconectaban, faltaban mucho o respondían en menor cantidad a los trabajos y consignas que se les solicitaban”, explicó López.
Para revertir dicha situación, pensando en esa población infantil específica, fue que se diseñó un cuadernillo denominado “Tiempos de aprender en la casa y en el jardín”. El material fue producido en forma conjunta con las direcciones de Inicial y de Primaria, el programa Presentes, y técnicos del CGE. Esos contenidos fueron imaginados para trabajar por fuera de la escuela.
“Desde hace unos 15 días se empezaron a distribuir en todas las escuelas de la provincia. Hicimos más de 4.200 cuadernillos, y ya se entregó casi la mitad. Sabemos que en zonas rurales la escolaridad fue más dificultosa, por eso ahí vamos a reforzar también con este material”, precisó la entrevistada, al tiempo que agregó que, al arribo de ese contenido lo complementarán con una serie de asistencias técnicas a docentes para que puedan aprovecharlo mejor.

Formación
Contar con libros y, a la vez, capacitar a los docentes, es fundamental para “que todos los chicos de escuelas estatales, de jardines que dependen del Estado, de escuelas de gestión privada de cuota cero, y de escuelas privadas que son ofertas únicas del lugar, puedan acceder a esos bienes culturales”, especificó López. En esa línea, comentó que desde 2021 vienen trabajando en “recuperar el hábito de la literatura infantil y la lectura, porque está comprobado que favorece la alfabetización en esos primeros años”. Al respecto, la entrevistada incorporó otras cifras. Adelantó en ese sentido, que “el año pasado se capacitaron 180 docentes en estos temas y vamos a continuar con otras cohortes, formando a referentes territoriales, docentes y equipos técnicos”.

Perspectiva
EL DIARIO consultó también a las docentes Carina Sione y Silvia Schierloh, especialistas en literatura para las infancias. Esta entrevista se enfocó en la etapa posterior a la llegada del libro; es decir, cómo sacarles el mayor provecho.
La consulta se justificó porque, entre otras cosas, hay una serie de temáticas incorporadas a la nueva literatura pensada para niños y niñas, que en otras épocas fueron impensadas. Por caso, las diversas configuraciones familiares posibles o la ausencia de dichos vínculos; la muerte; la sexualidad; los estereotipos de género; las situaciones de bullyng, y la pérdida de la memoria en las personas mayores.
Sione y Schierloh se desempeñan como docentes en los profesorados de la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales de la Uader. Sione es licenciada en Enseñanza de la Lengua y la Literatura y actualmente cursa una maestría cuya tesis recupera buenas prácticas de lectura en el nivel inicial, en Paraná. En tanto, Schierloh es maestra jardinera y magister en Literatura para niños.
A sabiendas de la subestimación que suele sufrir la literatura que se piensa y escribe para los pequeños, una de las preguntas fue acerca del concepto de literatura infantil. “Yo elijo hablar de literatura para las infancias porque las infancias son muchas, son disímiles”, dijo Schierloh al comenzar a desandar el asunto. Acto seguido acotó que entre una y otra manera de denominar el objeto, hay diferencias de perspectivas.
En ese sentido, Sione aportó su mirada, al decir que “la literatura infantil fue el primer término que se acuñó para darle visibilidad a un campo que iba emergiendo en cuanto a estudio y producción. Esa expresión fue muy usada en las décadas del 60’, del 70’ y del 80’. Después empezó a usarse la denominación de literatura para niños. La autora María Teresa Andruetto tiene una conferencia titulada ‘Hacia una literatura sin adjetivos’, donde remarca que lo importante es que estamos hablando de literatura, es decir, de arte. No importa el calificativo infantil, sino el sustantivo literatura. La idea es que el destinatario no sea como un nuevo corral que generemos, en desmedro del trabajo artístico sobre la palabra y la imagen que hay en estos libros”.
Rupturas
A lo largo de la historia, “el concepto de literatura no fue estable, pero el de infancias, tampoco”, puntualizó Sione. En ese punto, ambas entrevistadas coincidieron en señalar la fuerte tradición que existe en torno a esta producción literaria, esa que la piensa asociada a la enseñanza de valores.
Así, la literatura que se le ofrecía a los más chicos, era lo que el adulto creía que ese chico necesitaba para amoldarse a la cultura y la vida social. “Ese afán de educar se rompió en los años 50’, con los textos de María Elena Walsh, Javier Villafañe, Gustavo Roldán o Laura Devetach, en los que aparece el juego con las palabras, y se apela a la imaginación y a la libertad del lector”, coincidieron.
En suma, se puso en valor la literatura como una posibilidad de imaginar otras dimensiones y universos, crear, hacerse preguntas, jugar con las palabras hasta incluso hacer brotar el disparate.
Niñez, en plural
Luego la conversación se inclinó hacia nuevas temáticas y autores de nuevas generaciones. “Siempre hubo temas tabúes, y la literatura infantil se fue permitiendo abordarlos”, comentaron y enseguida agregaron algunas advertencias sobre el mercado editorial. “Es preciso estar atentos porque hay libros que se disfrazan de literarios cuando en realidad operan como panfletos políticos o ideológicos. En cambio, la literatura es arte y, como tal, nunca es explícita, es una forma de conocimiento distinto a las ciencias o de las estadísticas”, indicó Sione. Luego completó: “Hay una delgada frontera entre bajar línea y tener un posicionamiento político a la hora de escribir. Ahora bien, desde nuestra función docente, es necesario distinguir los textos literarios de los otros. Esa toma de posición es clave en la organización y el desarrollo de la práctica docente, porque en la selección que se realiza entran a jugar las concepciones de la literatura, las nociones de infancia y la pregunta sobre qué es enseñar y aprender en el siglo XXI”.
A su turno, Schierloh, completó la idea al decir que, “el mercado es hábil, te ofrece lo que está en tendencia y a veces se ven libros álbum –como las que están hoy de moda-, vacíos de contenidos literarios. Como dice Andruetto, la escuela capta un mercado importante para las editoriales, entonces solicita y la editorial produce, y, a la vez, la escuela consume lo que la editorial publica. Por eso se necesita un perfil docente lector, problematizador, y crítico. El objetivo en nuestros espacios de formación es precisamente formar ese lector cuestionador, que se hace preguntas, para que la lectura no se convierta en un acto mecánico”.

Un pueblo con colores
A veces una lectura dispara imágenes, sueños, viajes, ideas y pensamientos renovados. Desde el grupo Primeros Años – Semillitas de Oro y la Agrupación “Silvia Wollert”, de Oro Verde, lo tienen bien en claro. Días atrás, a propósito del mes de la Memoria, que se conmemora durante marzo, las docentes convocaron a niños, niñas y sus familias para pintar un mural en el Polideportivo Municipal.
Lo hicieron después de escuchar el cuento “El pueblo que no quería ser gris”, de Beatriz Doumerc y Ayax Barnes, un clásico de la literatura infantil y también uno de los tantos libros prohibido por la Junta Militar de 1976, que implicó el exilio de sus autores.
Fuente: El Diario