Por Susy Quinteros –
Como siempre despertó cuando el sol se acomodó en la ventana del dormitorio. Al levantarse apoyó los pies en la alfombra, estiró los brazos y saludó al placard, la cómoda y al aparto de TV. Nadie respondió. Ya en el baño repitió el saludo a los azulejos, al espejo y a las toallas. Sin respuesta posible buscó en la cocina donde el mate y la pava esperaban su visita cotidiana, donde el silencio vivía amarrado a los objetos como una enredadera al tronco que le da vida. Encendió la radio, buscó en el dial la voz conocida del locutor y exagerando los modos, casi gritando dijo: ¡buenos días amigo! Fue un eco sobre otro eco perdido entre el oleaje de noticias Salió al patio por la puerta chiquita. En el círculo de árboles volaban plumitas de una rama a otra. Se agitaban gallinas y perros. Los trinos se unieron en el fragante y estremecedor saludo de la naturaleza cuando loros, horneros, benteveos tacuaritas y tijeretas le entregaron un glorioso saludo matinal.
