El acróbata
Por Susy Quinteros –
Por donde iba el viento la risa se perdía. Mi primo y yo paseábamos infancia por las calles de una ciudad ribereña que ennobleció nuestro espíritu con bailes y música acompañando tardes. Nuestras bicicletas paseaban el mundo saboteando estampitas de ojos caídos y umbrales con horarios. Buscadores de sucesos artísticos, nuestros espíritus escurrían la razón hacia sentimientos guardados en escondites. Nunca se entregaba el día sin batalla. Tocados por el último juego volvíamos al mantel de la obediencia y en el sueño de rodillas fatigadas quedaba una hermosura de cometas. De pronto los días mudaron sus pesquisas hacia nuevos rumbos y crecimos con la rapidez de un tiempo que jamás mira hacia el costado. Se abrió el mundo a los reclamos. Él fue artista de escenario. Cuerpo de gimnasta en acrobacias con un metro noventa de estatura mostrando armonía de formas enlazadas a una belleza de movimientos que asombraban. Breve cielo en Mallorca, el lugar que conquistó sus días de extranjero. Allí vivió pisando una arena que seguramente le llevaba mensajes de la otra, la que pisara tantas veces en el balneario del riacho Itapé. Cuando el corazón cayó vencido y la muerte subió al escenario, el silencio enlutó las plateas. Su juventud, pájaro caído quedó sin despedida.
Hoy escribo en sus nubes para borrar tanta injusticia.
