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LITERATURA, LOS PERSONAJES DE SUSY QUINTEROS: DON ARRIONDO

En este trabajo –que comenzamos a publicar hoy- hay treinta y tres personas sacadas de la vida de todos los días y de la vida de ayer convertidas en recuerdos. Seres que vi pasar, que escuché, con los que conviví por breve o largo tiempo o los que soñé, pero quedaron flotando en mi imaginación. A veces la memoria ríe y otras veces, llora. Los rescaté como homenaje a sus vidas sencillas, fecundas, solidarias a veces llenas de regocijo, otras de dolor y también de tragedia. Vivieron en distintos escenarios: el campo, pequeñas ciudades, libros inolvidables, calles extranjeras y barrios de Buenos Aires. En ese recorrido los vi entregados al poder de la naturaleza, en atestadas calles, vacías plazas y esforzados días de laborioso ir y venir buscando siempre en la madeja de los días un espacio donde enhebrar sus realidades. A todos los fotografié en mi mente, allí quedaron fijados en instantáneas pulcras y vivieron en mis papeles esperando que alguna vez los guardara en un libro.

Aquí están, los dejo en sus pupilas.

Don Arriondo. La tía Chila. La amanecida. Francesca. Lluviosa desgracia.  Abuela de los cuentos. El solitario de la confitería. La rescatada. Ercilia Maldonado. El raro. Ana Karenina. Visión. La pintora de barcos. La no familia. Las silvestres. El señor Eugenio. Niña del Pilcomayo. Doña vinagre. El hombrecito de la sombrilla rayada. Doña Inés. Mujer que escribe. El dueño del auto amarillo.  Los Banegas.  Bonita bonita. Madres campesinas. La loca. La dueña de la perra Daisy. La brasilera. Los Tupamaros. Las cuidadoras. El acróbata. ¡Vamos Miguel!. El sanador.

Susy Quinteros – 2020

Don Arriondo

Hombrecito ladino don Arriondo, de mirada oscura y pícara, sacador de árboles y otras yerbas. Su cuerpo flaco y menudo, vivía en concubinato con la de turno, a quien siempre mantenía, porque sus predilectas eran las jóvenes madres abandonadas y desposeídas. Él se hacía cargo, les daba techo y comida, a cambio de tener una figura de mujer en la casita del barrio Los inundados. Lo increíble eran su fuerza y su habilidad para sacar  eucaliptos de raíz, esos enormes árboles que extienden sus raíces hacia todos lados. El eucalipto no es un árbol para adornar jardines. En el verano, a sus hojas se les da por cambiar de rama, y caen y caen silenciosas pero sin desfallecer, dejando manchas en el suelo que sólo se van si alguien las barre. Cuando el constructor analizó el lugar para levantar la casa, dijo que había que sacar por lo menos cinco de los gigantes, y ahí apareció Don Arriondo con su bien ganada fama, hacha en mano, bombachas, alpargatas y una faja negra en la cintura. Y así fue, pudo más que los árboles. Para él todo era posible y pimporoso.

 

 

 

 

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