CAMBIO DE ROL (1)
por Rodolfo Oscar Negri –
Cruzaron la calle San Martín rumbo a la vereda de la escuela Normal. Tan familiar y habitual, para ellos, porque ella es testigo de sus casi diarias caminatas y –además- de sus diálogos, de las charlas donde aparecen las novedades de esa casa que se quedo sin hijos una vez que crecieron e hicieron su camino; en fin, la puesta al día de todo lo que ocurría en el entorno de los dos. Ahora, la misma vereda de siempre, se aprontaba para cumplir una vez más con su rutina.
Caminar alrededor del establecimiento educativo normalista de Concepción del Uruguay es un verdadero placer. Hermosos veredones amplios, con árboles centenarios que, especialmente en otoño, muestran una paleta con la policromía más variada que podamos imaginar. Sobre todo a la hora de la siesta, cuando el sol todavía se atreve a pasar haciendo piruetas entre el ramaje añoso y tupido, transformando a la caminata en un paseo placentero, cálido y acogedor.
Mirta y Jorge salían de hacerse el chequeo médico anual y comenzaban a intercambiar comentarios:
- ¿y cómo te fue? Preguntó ella.
- Pienso que bien. Este año se sumaron exámenes nuevos. Pero últimamente siempre ha sido así. Son los años que van sumándose y que posiblemente requieran chequeos extras.
- ¿pero que te dijo el doctor?
- Nada, que por ahora siguiera con la medicación que estoy tomando; por lo que deduzco de que está todo bien ¿y a vos, como te fue?
- Casi un calco de lo tuyo, pero con una diferencia: Me dijo que mañana viniera a hablar con él. Tal vez le esté faltando algún resultado, vos sabes que los exámenes femeninos son extras y requieren cuestiones especiales. Mañana lo sabré.
Así continuó la charla hasta que llegaron al hogar, a muy pocas cuadras del lugar.
Al otro día, cuando Jorge volvió de la oficina entre los comentarios habituales que ambos hacían durante el almuerzo y para ponerse al día, le preguntó a su esposa como le había ido en su visita pendiente al médico. Ella, sin mirarlo, le dijo que bien, que estaba todo en orden y que lo suyo fue completar solamente un trámite mas.
Las cosas continuaron normalmente. Pero, a pesar de que Jorge no era un dechado de perspicacia, empezó a notar anomalías en lo que hace a las costumbres del hogar. Entre otros indicios, papeles que aparecían y desaparecían, llamadas telefónicas que eran respondidas en voz baja y en el baño. Incluso creyó escuchar algún que otro gemido detrás de alguna puerta cierta vez.
Preocupado, intrigado y confundido, después de unos días, le preguntó a su mujer:
- ¿Mirta está pasando algo que yo desconozca?
- No Jorge ¿Por qué me preguntas?
- Últimamente he notado varias cosas raras en el movimiento de la casa que me hacían dudar si estaba todo bien o no. Vos sabés que podes contar conmigo para todo ¿No es así?
- No sé qué te imaginás que está pasando, pero no pasa nada. Si querés o te hace feliz, invento algo y así te doy la razón…
- No quiero molestarte, pero lo digo en serio, querida…
- Yo también, así que no te hagas problema y si llega a pasar algo serás el primero en enterarse, como siempre ha sido.
Esta frase si bien terminó en forma terminante el diálogo y del contenido del mismo no se desprende nada que haga pensar sobre su falta de certeza u honestidad, Jorge no percibió lo mismo. Notó la mirada de ella sumamente huidiza y eso lo hizo dudar.
Por eso y a pesar de que fueron pasando los días sin volver a tocar el tema, siguió con un cada vez más puntilloso análisis de las cuestiones diarias que se sucedían en el hogar. Había algo que él no sabía, un trasfondo ocurría fuera de su conocimiento y control, pero que tenía –el no dudaba- un alto nivel de gravedad ¿Por qué? La razón estaba en el ocultamiento. Nada que no sea de gravedad justifica el ser escondido u ocultado de semejante manera, pensaba.
Casi un mes después del comienzo de este relato, Jorge regreso una hora antes de la oficina e ingresó al hogar de la forma más silenciosa posible… allí la descubrió in fraganti: su mujer lloraba desconsolada acostada en la cama. Cuando ingresó a la habitación, en medio de su sorpresa y sobresaltada porque acababa de ser sorprendida; se sintió indefensa cuando Jorge atacó como para no darle tiempo a pensar:
- No me vas a decir que no está pasando nada, por favor ¿Qué ocurre?
- Está bien, le dijo mientras seguía sollozando. ¿Queres saber la verdad? Pues la verdad es la peor. La peor de todas. ¿Recordas los exámenes de hace un mes? Pues bien lo que parecía que estaba bien, estaba todo mal. Muy mal…
- Pero… ¿Mal? ¿Qué tan mal? Respondió sorprendido y preocupado.
- El peor panorama de todos.
- ¿Pero habrá algún remedio, algún tratamiento?
- Esta tan avanzado que ya no hay solución.
Sintió que el suelo se movía bajo sus pies y un temblor comenzó a invadir su cuerpo. Jamás se imaginó la vida sin su mujer y de pronto pareció que el mundo entero se le caía encima.
- Tal vez si consultamos en Buenos Aires o en otro lugar, aparezcan soluciones… argumentó titubeando
- Durante todo este mes se enviaron a los mejores centros de Buenos Aires e –incluso- a un servicio de interconsulta de la facultad de medicina de la Universidad de Harvard…
- ¿Y…?
- Todos coincidentes confirmaron el diagnóstico local: no hay solución.
- ¿Alguna forma de prolongar la vida?
- Ya no queda ni siguiera eso.
- Por Dios, que desastre… ¿Cuánto tiempo?
- Los primeros síntomas son inminentes y después…
El la abrazo tiernamente con el ánimo de consolarla, mientras le decía:
- No tenías que bancarte semejante cosa sola. Es un peso tremendo para vos. Hasta es injusto. Yo estaba aquí para apuntalarte, para ayudarte. Todo en la vida lo enfrentamos juntos y esta, si es la peor, con mayor razón debe ser así…
- Mirá Jorge, al principio creo que me invadió un deseo de negación. Como si ignorando lo que pasaba, eso no existiera. Pero fue inútil. No podía evitar las llamadas de los médicos y el intercambio de papelería y demás. Luego apareció el miedo… más que miedo, terror… terror a lo desconocido, a lo irreparable, a la muerte… y me paralizó. Pero esa es la verdad. La dura, cruel e injusta, verdad… también quiero decirte que quería protegerte de vivir semejante calvario… por eso quise hacerlo sola.
- Mirta ¿protegerme? Por favor, este es un problema de familia y como familia lo tenemos que enfrentar. Este es un camino que recorreremos juntos y trataremos de pasar lo que nos toque de la mejor manera posible, disfrutaremos de cada momento, intentaré que estés lo mejor que mis posibilidades me permitan y así, por lo menos así, transitaremos ese tiempo de la mejor manera, dijo Jorge mientras las lágrimas comenzaron a surcar su rostro.
- Pero, Jorge… me parece que me expresé mal…
- ¿Cómo te vas a expresar mal? Esto es una tragedia, un hecho injusto y lamentable; pero también ineludible y sobre el que no tenemos ningún poder de control de alteración…
- No, replicó Mirta mientras ponía sus dos manos tapándose la cara como para esconder el tremendo significado de sus palabras y entonces lo dijo: No soy yo Jorge, sos vos.
(1) Este cuento está incluido en el libro “De todo como en botica…” de Rodolfo Oscar Negri, editado en febrero de 2017
Este cuento fue publicado por la revista La Ciudad el 29/4/2020