Se hace imprescindible un acuerdo político con el objetivo de poder lograr una política de Estado que muestre resultados constantes y medibles respecto de la reducción de pobreza y la indigencia en nuestro país.
La pobreza es un fenómeno multicausal, es decir, adquiere causas económicas, educativas, sanitarias, sociales y culturales. En nuestro país es un problema de carácter estructural que lleva décadas de existencia. En consecuencia, la pobreza es un fenómeno muy complejo de abordar y más aun de resolver. Es absolutamente cierto, que al igual que otros problemas estructurales en nuestro país, debe alcanzar el carácter de política de Estado y por consiguiente se hace imprescindible un acuerdo político con el objetivo de poder lograr una política de Estado que muestre resultados constantes y medibles respecto de la reducción de pobreza y la indigencia en nuestro país.
Dicho esto, la incógnita que surge es la siguiente: ¿Es posible alcanzar el acuerdo político para luchar contra la pobreza cuando se observa por parte de un sector de la sociedad y de la dirigencia política, expresiones o actitudes de rechazo o fobia al pobre, que podrían catalogarse en cierta medida como actitudes de características aporofóbicas?
La palabra “aporofobia” es un neologismo acuñado por la filósofa española Adela Cortina para referirse al “rechazo, aversión, temor y desprecio hacia el pobre, hacia el desamparado que, al menos en apariencia, no puede devolver nada bueno a cambio”.
La aporofobia tiene un componente claro de discriminación y prejuicio clasista: no solo se trata sólo de diferencias económicas, sino de un rechazo hacia el que se encuentra en una situación general de vulnerabilidad.
En los últimos tiempos en nuestro país, ya sea por parte de los ciudadanos y ciudadanas o de las y los dirigentes políticos, ha habido manifestaciones que exhibieron componentes aporofóbicos. Esto a mi entender dificulta sensiblemente la posibilidad de poder alcanzar los acuerdos políticos necesarios sobre el problema diría central de nuestra nación.
Una encuesta nacional llevada adelante por la consultora Voices del año pasado, arroja datos que fortalecen esta hipótesis. Según el mencionado relevamiento, el 77% de los argentinos cree que las personas que viven en la pobreza sufren discriminación. Más de la mitad de la población de dicha encuesta (58%) comparte la idea que los jóvenes pobres son violentos y consumen drogas y alcohol en exceso. Esto según Voices, es uno de los prejuicios más arraigados en nuestra sociedad en torno de la pobreza. Le sigue el supuesto que las personas pobres no trabajan lo suficiente para salir de la pobreza (54%). Pero hay más: las personas viven en las villas porque no pagan los servicios y tienen más cantidad de hijos para recibir más asistencia del Estado, cuestión esta derribada por el porcentaje (1,83%) promedio de hijos que poseen las personas que reciben algún tipo de asistencia por parte del estado.
A estos datos arrojados le podemos añadir las declaraciones o posturas políticas, asumidas por gran parte de la dirigencia más representativa de Juntos por el Cambio, lo cual complejiza aún más la cuestión.
El ex presidente Mauricio Macri afirmó el Día de la Lealtad: “El peronismo ahora es el partido de los que no trabajan». Esta consideración fue reforzada por el actual presidente de la Unión Cívica Radical (UCR), el diputado Alfredo Cornejo, quien sostuvo “el peronismo de hoy representa al sector parasitario que vive de quienes crean riqueza».
Por su parte, el ex candidato a vicepresidente de JxC Miguel Ángel Pichetto en plena campaña electoral había caracterizado a las organizaciones piqueteras al sostener que “no laburan” y que “son parte del endeudamiento de la Argentina; son cooperativas de la pobreza, multinacionales del cartón”.
Otra importante referente de este espacio político, la ex diputada Elisa Carrió, expresó en el recinto de la Cámara baja que “los más humildes se mercantilizan, viven del abuso y terminan siendo taxi boys”. En igual sentido la actual presidenta del PRO, Patricia Bullrich, sostuvo que «el pobre para sobrevivir trabaja, arma un grupo de cumbia o de cuarteto».
En síntesis, podemos observar con preocupación que en un sector de la sociedad y de la dirigencia política, existe un discurso con ciertos componentes aporofobicos.
Es necesario que comprendan que a través del discurso de la discriminación, estigmatización y criminalización de la pobreza e indigencia no habrá de soluciones este problema, sino que por el contrario se agudizara aún más.
Se hace necesario que las dirigencias políticas reviertan dicho comportamiento y centren su atención en buscar los mecanismos de acuerdo que permitan iniciar un camino de resolución para más del 40% de la población.
Es imperioso la construcción de un proyecto de país donde todas y todos se sientan incluidos y eso es responsabilidad de todos, pero fundamentalmente de la dirigencia política. Solo así podremos ingresar como nación en el camino del desarrollo con inclusión.
Ya en 1980 el Premio Nobel Paul Samuelson nos dijo que la carencia de acuerdos explicaba la «decepción argentina» y que aquellos, seguían siendo necesarios para lograr el desarrollo sostenible, el pleno empleo y la reducción de la pobreza.
Por Marcelo Fidalgo
(fuente: Ambito.com)
