Por Juan Martín Garay (*) –
Desde una cosmovisión empirista apoyada en la Filosofía y la Política, allá por el siglo XVII -el “siglo del barroco” que estuvo marcado por una época de crisis casi constante- John Locke elaboró una teoría a la que denominó “tabula rasa”. Con “la rasa” y su concepción pretendía dar respuesta a la pregunta que nos atraviesa incluso hoy día respecto de la realidad y de qué manera la experimentamos y pensamos.
Nada preescrito
La teoría de Locke se basaba por un lado en que las ideas no existen de manera innata en las personas, sino que la realidad las va construyendo en base a la experiencia vivida. El accidente del nacimiento lo es no sólo en el tiempo, modo y lugar de venir al mundo, sino también en la incidencia que tienen los entornos sobre el desarrollo intelectual de las personas. El ser humano es una construcción desde el primer suspiro de vida, es parte de la “tabula rasa” donde no hay nada preescrito y el desarrollo cognitivo aún es un misterio para el cerebro. Una conjunción entre sensaciones y reflexiones.
Así, dada esta teoría, la construcción de conocimientos tiene inicio en “la rasa” como “tabula” de estado inicial. Si lo pensamos al hoy día, sería algo así como el inicio de un importante camino hacia los primeros 1.000 días de la existencia de cada una de las personas, siguiendo hasta el fin de la vida adulta, todo pasando por un mecanismo de elaboración de conocimientos en un trayecto que debería estar dado por varias etapas de aprendizajes.
La multiplicidad de conocimientos se basa también en las más diversas expresiones culturales y las distintas opiniones que cada uno exprese producto de la formación y elaboración de una visión propia de las cosas. Si bien las ideas de John Locke recibieron críticas, aunque parezca anacrónico su teoría, para reflexionar juntos estimados lectores, podemos proyectar ese empirismo a esta época en la que existen cambios de manera permanente en una realidad muy dinámica pero sostenida en conflictos claramente innecesarios.
Amnesia
La costumbre al conflicto actual, por más rechazado que fuere, también produce una especie de bloqueo en la memoria producto del trauma generado por algo que agobia y cansa, heridas sociales que perduran en el tiempo generadas y sostenidas por las más variadas situaciones sucedidas. Pareciera ser que la realidad como superior a la idea trasluce la existencia de una amnesia social que nos impide retener y sostener nuevas experiencias, vivencias y recuerdos, lo que nos hace vivir en un estadio cíclico casi constante de padecimiento de la crisis de representatividad que se convierte en un eterno y permanente presente.
La vulnerabilidad en la que nos deja la pérdida de confianza actual, tiene directa relación también con el control social que se produce desde el poder que tiene la utilización de la desinformación como gran instrumento para alcanzar objetivos inconfesables. Por otra parte, la información veraz para construir conocimiento crítico de la realidad con experimentación y pensamiento propio, no viene siendo dable en un contexto claramente adverso y conocido por todos, aunque confuso muchas veces.
El laberinto social en el que nos hallamos por estos días y del que pareciera no encontramos la salida, nos lleva a seguir recorriendo oscuros caminos que nos aíslan y enfrentan por el temor que eso genera, dudando incluso de todos, paralizando las aspiraciones de un mañana esperanzador con estímulos que permitan reconstruir memoria colectiva pero también pensar un futuro sin grietas.
Construcción de futuro
Como vemos, la realidad actual genera paranoia y con ella pareciera ser que todavía estamos cada uno de nosotros con una “tabula rasa” donde nada aún fue dado a conocer. Sin embargo, la construcción de un mismo destino histórico necesita de un proyecto de futuro, con menos conflictos, con más apego al análisis desde la realidad, construcción de procesos de vinculación de un pueblo y en donde el conjunto sea más importante que cada una de las partes que la conforman. Un compromiso real con los semejantes para la tarea de Nación por delante que consiste según Francisco en “refundar con esperanza nuestros vínculos sociales”.
(*) Secretario de Gobierno de la Municipalidad de Concepción del Uruguay desde el 2019. Presidente de Bloque Concejales del PJ 2017-2019. Presidente Comisión Hacienda y Presupuesto 2015-2019. Decano del Colegio Mayor Universitario de Santa Fe 2003-2004-
(fuente: La Calle)