El doctor Luis Garay se desempeñó como defensor del Pueblo de Paraná durante una década, tras la cual brindó impresiones sobre satisfacciones y las muchas y crónicas cuentas pendientes que la administración municipal tiene con sus contribuyentes. En una nueva etapa de su profesión, destacó los beneficios y posibilidades que brinda la mediación.
El club y la vía
—¿Dónde naciste?
—En Paraná, el 15 de diciembre de 1962, en el sanatorio La Entrerriana. Vine a nacer, por cesárea, porque en María Grande no había posibilidades.
—¿En qué zona viviste?
—En avenida Argentina, la entrada a la ciudad.
—¿Cómo era el pueblo en tu infancia?
—La avenida era de tierra; había un generador eléctrico y la luz se cortaba a las 22, el teléfono tenía una manijita con la cual se llamaba a la empresa para darle el número, éramos de los pocos privilegiados con televisor, con una antena muy alta, para ver Canal 13 de Santa Fe y, a veces, el 3 y 5 de Rosario, pero muy “lluviosos”.
—¿Lugares de referencia?
—El Club Atlético María Grande, donde me crié, fue mi infancia y jugué al básquet.
—¿Qué actividad laboral desarrollaban tus padres?
—Mi papá es escribano, jubilado, y mi mamá era docente de la escuela Nº 67, en 3º grado, donde fui pero luego me cambiaron “a la escuela detrás de la vía”, para no ser alumno de ella. La vía dividía al pueblo y los barrios más humildes estaban pasándola. Tengo muy lindos recuerdos de ese barrio, el de “la vincha roja”, porque había un equipo que lo representaba.
Docentes y un periodista
—¿El mandato del estudio fue muy fuerte?
—Sí; no la carrera. No seguí Abogacía por mandato familiar sino porque tuve como profesor a Daniel Beltrame, quien me entusiasmó con sus clases.
—¿Y cuando niño?
—Imaginaba ser periodista, no sé por qué. Había un periodista, Samuel Litvin, amigo de mi papá, con quien yo trataba. Cuando llegó el momento de elegir, no dudé en cuanto a la Abogacía.
—¿Leías?
—Siempre. El Principito fue muy importante por una profesora del Secundario que nos daba francés, Virginia Navarro, y nos enseñó a querer al personaje e interpretarlo. Fue un antes y después.
—¿Qué entendiste?
—La ilusión de un chico que podía viajar por el mundo y relacionarse con cuestiones que veía y otros no. Era algo ideal, aunque luego tuve otras interpretaciones. Tuve buenos docentes que me marcaron, aunque nunca aprendí Matemáticas y Castellano, no me gustan.
—¿Cuándo descartaste el periodismo como opción?
—Cuando lo conocí a Beltrame. Nos daba Instrucción Cívica y se animaba con cuestiones que no estaban permitidas, al igual que otros docentes que nos vinculaban con la democracia durante la dictadura.
Derecho, realidad y un cheque
—¿Qué pensabas sobre la Justicia y el Derecho?
—Me parecía que con el Derecho podía acompañar y nadie pasaría por encima de nadie, aplicando la ley. Veía que si tenía derecho a algo, había que respetarlo. Después la realidad te indica que no es así… Lo separo de la Justicia.
—¿Tu papá te trasmitió algo en ese sentido?
—Lo pongo como ejemplo de escribano. Un amigo suyo iba todos los días a tomar mates a la escribanía, hizo la división de sus propiedades para sus hijos y cuando terminó, falleció. Quedó un autito muy viejo que no se puso a la venta, entonces un hijo vino a pedirle si podía certificarle la firma con el 08. Mi viejo le dijo que no. Ahí dije “no es mi profesión”. Tuvieron que abrir la sucesión para meter el autito. No obstante valoro mucho la actitud de mi papá en cuanto a sus principios.
—¿En la carrera hubo alguien influyente como lo fue Beltrame?
—La cátedra de Historia, con (Juan) Varisco Bonaparte, y (Enrique) Muttis, quien me hizo querer la Historia y lo traía a (José) Pepe Rosa, con quien charlamos.
—¿Cuándo disociaste más fundamentadamente Derecho y Justicia?
—Con un hecho anecdótico, recién recibido, a los 24 años, con mi amigo y socio. El padre nos dio un caso de un cheque para resolver. Hasta ahí creía en la buena fe de las personas. Fuimos a hablar con un abogado mayor, de la otra parte, nos hizo dejar el cheque para cobrarlo y, por supuesto que cuando lo fuimos a buscar nos dijo “¿qué cheque?”. El padre de mi socio se rió mucho y nos dijo “menos mal que le di este caso y no algo más grande”. Fue el bautismo en la profesión y sirvió para aprender.
—¿Te frustraste?
—Sí, tremendo, porque tenía la inocencia de pueblo, de haber estudiado con amigos con principios y valores, y encontramos una profesión que no era lo mismo. Estudié en el estudio del doctor (Jorge) Vuoto, quien nunca quiso ganar un juicio por una cuestión procesal, entonces antes de meter una caducidad de instancia le avisaba al colega. Quería ganar con cuestiones de fondo.
—¿Cómo elegiste el ámbito de trabajo en función de estas influencias?
—Cuando comenzaron las necesidades de juntar plata tomaba cualquier cosa (risas). En María Grande no podía hacer Laboral porque no entendían el trabajo del abogado, y yo era amigo de trabajadores y empresarios. Fui asesor de la Municipalidad de Tabossi.
—¿Y la vocación política?
—Nació en la facultad por profesores como Dapaquiano, el contador Quinteros, en Economía Política, Patricia Vasconi, en Filosofía, Vaquiano y Luciano Leiva. Lo conocí a Pepe Rosa, tuve contactos con (Raúl) Carignano y dirigentes de aquella época, así que comencé a militar en el peronismo en María Grande. Un pueblo donde toda la vida había ganado el radicalismo y me miraban como bicho raro porque no vengo de una familia tradicional peronista. Había dirigentes como Enrique Beltrán y Ana Schaab, quienes me llevaron a la docencia, que ejercí durante 30 años.
La mediación, punto de inflexión
—¿Primaba una de estas actividades?
—En 2000 hice un ataque de pánico, por la cuestión profesional, y fue un quiebre en todo sentido. Era de locos porque viajaba a María Grande, Hasenkamp y una máquina de hacer cosas, sobre las cuales me cuestioné si me gustaban. Con la terapia y medicación me di cuenta de que tenía que abrir la cabeza, tenía cuestiones inconclusas y era el momento de hacerlas. Me hubiera gustado ser kinesiólogo, así que hice un curso de masajes; colaboré para una radio, hice canotaje, buceo… Pero lo que fue un antes y un después en cuanto a la profesión fue el curso de mediación, pues creía que todo se resolvía litigando. Me di cuenta de que hay una alternativa.
—Pero el sistema está fundamentado y estructurado con aquel criterio.
—Sí, recién en 2008 la mediación se instala por ley, pero cada vez se dará más, ya que cuando hay un fallo una parte está muy contenta, la otra no y el conflicto continúa. Se apunta a resolver este y para eso las partes tienen que estar de acuerdo en cuestiones de convivencia que salgan de ellos.
—¿Cuáles son los intereses más difíciles de remover para que la mediación sea más permeable al sistema?
—La formación de los profesionales no está orientada a la mediación, sino a litigar.
—¿Hay un punto de encuentro entre ambas concepciones?
—Cuando estudié no existía la mediación, ahora estimo que deben abrir un poco más la cabeza. Pero el concepto del abogado recibido es ir a juicio, usar toda la artillería y ganar, no ver cómo se resuelve el problema.
—¿Y los magistrados?
—Son producto de la misma facultad. Lo comparo con los médicos, que no trabajan en prevención, salud y causas profundas, sino que son súper especializados en determinados problemas.
—¿Qué vicios genera un sistema exclusivamente litigante?
—Lo económico, el abogado quiere ganar honorarios.
—El mediador también.
—Son otros costos. Cuando hacés un juicio el abogado gana mucho dinero.
—¿Cuáles son las áreas en las cuales se puede dar una mayor inserción?
—Hay una etapa de avance con las mediaciones familiares. Los conflictos son diferentes, hay menores de edad que son rehenes de los adultos, entonces la mediación favorece el acuerdo, y que no sea el juez quien decida la vida de esos chicos.
—¿La mediación puede lidiar con la ineficiencia municipal?
—Separo la mediación prejudicial, institucionalizada, y la comunitaria, en la cual la defensoría tiene 120 mediadores ad honorem, que le sirven a la ciudad porque construyen paz a través del diálogo entre vecinos, para que no terminen a los tiros.
—¿Un caso paradigmático?
—Un conflicto muy grande en una cortada famosa de avenida De las Américas, por un gran enfrentamiento entre familias. Se hizo la reunión en la Fiscalía y se logró bastante, por un tiempo.
—¿Por qué funciona?
—La escucha, que es el trabajo del mediador, es fundamental para detectar cuáles son los intereses de las partes y que se aproximen.
Cuestión de equilibrio
—¿Tu visión de la administración antes de ser defensor del pueblo y al serlo?
—La modifiqué mucho porque la defensoría tiene una mirada “al revés” en cuanto al usuario del transporte, a quien le falta el agua o una luminaria, la existencia de un bache, etc, sin posibilidad de hablar con el funcionario, entonces se acompaña el reclamo para la solución. En la defensoría hay un equilibrio permanente en cuanto a quién reclamar, en qué momento y con qué dureza. Si hay 10 obreros trabajando en un caño de agua y no dan abasto, ¿con qué dureza voy a ir si no lo pueden arreglar? Acompaño al ciudadano, pero comprendo lo que pasa. Así todos los días. Los últimos años instrumentamos con el centro de mediación comunitaria mesas de facilitación de diálogo, con lo cual acompañábamos el reclamo ciudadano y se convocaba a los funcionarios del área correspondiente. Casi siempre eran reclamos colectivos por cloacas y desagües, y los vecinos charlaban mano a mano con los funcionarios.
—¿Recordás los primeros días?
—No me imaginaba cómo era, aunque la había utilizado como ciudadano. Encontré un equipo técnico muy bueno, con ganas de hacer y sin importar quién gobierna. Sabían que era peronista, ingresé cuando gobernaba Halle y cuando hubo que criticarlo lo hice, al igual que a Blanca Osuna y Varisco. Siempre tuve respaldo del personal y con algunos funcionarios me peleé muy duro, a puertas cerradas, para conseguir soluciones.
—¿Cómo es la burocracia en su esencia?
—Lo lamentable es que te acostumbrás. Venía un ciudadano a quejarse por un problema, le pedíamos que primero hiciera la queja en la Municipalidad y le dieran un número de referencia, porque era la única manera de que hubiera un derecho vulnerado que se puede demostrar, como lo exige la ordenanza.
—Lo que no está en el expediente no existe.
—¡Claro! No debiera ser así… pero te acostumbrás porque hay cosas que no podés cambiar tan fácilmente.
—¿Por qué el estancamiento estructural de Paraná?
—Lo planteé en una de las audiencias cuando me presenté como defensor, en cuanto a que no tenemos un perfil de ciudad. Muchos quieren hacerla turística, pero no hay una superestructura o algo por lo cual se oriente hacia ahí, tampoco industrial, porque no tiene un parque para grandes radicaciones ni hay políticas en ese sentido, más allá de ciertos intentos. Hay muchos empleados públicos y una participación importante de ese sector, que trabaja hasta las 13 y a la tarde van a clubes, comisiones vecinales, ONG o movimientos sociales, y el Estado debe acompañar ese trabajo y escuchar sus demandas. La Asamblea Ciudadana, de Santa Lucía, es de vecinos organizados que hay que escuchar más en cuanto a transporte, tránsito y cloacas, más allá de que se les dé la razón. Los gobiernos quieren conformar al centro de la ciudad lo más rápido posible, tapando pozos, cortando el césped y juntando la basura, pero la gente del centro no utiliza tanto el transporte urbano, que es algo serio pendiente, más con relación al área metropolitana. También planificar lo relacionado con agua, cloacas y recolección de basura, más allá de los maquillajes electorales.
Transporte, a revisar
—¿Cómo atentan contra la planificación los grupos de intereses más poderosos, léase el inmobiliario, el comercial y el mismo del transporte?
—Conozco más el del transporte en cuanto a que no hubo un plan b cuando se llamó a licitación. Hay una cartelización nacional y las empresas no se pisan, pues se dividen por zonas. Me pongo en el lugar del funcionario y digo: se va esta empresa y ¿quién viene? El usuario dice “es un problema del Estado”. Hay que rever, planificar en serio, ver experiencias como la de Salta y Mendoza, y otros tipos de contratos. Cuando vine a Paraná había cinco empresas y no existían quejas continuas como ahora.
—¿En algún momento quisiste renunciar por cuestiones recurrentes e irresueltas?
—Cuando fui defensor estuve en el SITU (Sistema Integral del Transporte Urbano) sobre el cual muchos dirán que no sirve para nada, pero me permitió decirle en la cara a los empresarios y funcionarios lo que la gente ve mal. Tuvieron que poner nuevamente la línea Anacleto Medina-Yatay, al igual que la del Parque Industrial. Pero no han cumplido con los coches adaptados a personas con discapacidad.
El tema que nadie prefiere tratar
Garay se lamentó del frustrado proceso para elegir a su sucesor y criticó el desinterés del poder político, en todos sus niveles, respecto a dicho cargo, ya que también en el ámbito nacional y provincial continúa sin ser designado. En cuanto a su mayor frustración mencionó la lacerante situación de las personas en situación de calle.
—¿Una situación de impotencia?
—Me quedé con el sabor amargo, y lo dije al despedirme, de que pasaron tres gobiernos y ninguno entendió la importancia de trabajar con las personas en situación de calle, para lo cual no se necesitan grandes presupuestos ni obras, sino tener la mirada de acompañar a quienes trabajan en ello. Esta gestión puso al frente a dos personas que conocen el tema, pero falta la decisión política presupuestaria para armar un dispositivo en el cual la persona en situación de calle sea vista como un sujeto de derecho y no de asistencialismo. Me superó y nadie hacía nada cuando se convertían en parte del paisaje urbano. Ningún gobierno habla sobre el tema.
—¿Que no se haya elegido a tu sucesor implica desinterés?
—No sé si hay dirigente político o funcionario a quien le interese la Defensoría del Pueblo, si no no tendríamos acefalía desde 2009 en el ámbito nacional, cuando se fue (Eduardo) Mondino. Pasaron gobiernos y no lo nombraron. En la provincia, desde 2008 está en la Constitución, se intentó con una terna en 2011, no se aprobó, nunca más se avanzó y no se habla. En esta gestión municipal, el 3 de diciembre venció el mandato de Pablo Donadío, llamaron a convocatoria y supuestamente para mayo lo habrá. No les gusta la figura del defensor que está continuamente diciéndoles desde el mismo Estado cuáles son las equivocaciones, desde el punto de vista de los ciudadanos que se quejan. Fue una lástima que no se eligiera el 26 de noviembre, más allá de que el organismo trabaja y en febrero hubo 200 actuaciones.
Fuente: Uno Entre Ríos