Por Alfredo Guillermo Bevacqua –
Murió Julio Casiano Bareño. Uruguayo. Nacido en Rocha. Uruguayense por decisión propia. De profesión, Periodista. Si, la mayúscula está bien empleada.
Murió en la ciudad que consideraba suya. Las vidas prolongadas, a veces, generan soledades; no de familiares, si de amistades, como en este caso que es el aviso fúnebre del diario el que nos llena de pesar y hace que se amontonen recuerdos de tiempos compartidos.
Julio Bareño respondía fielmente a los cánones clásicos de esos personajes que componían las redacciones de diarios tradicionales que además de ser informativos eran fuentes de educación y cultura. Formaba parte de esa raza de periodistas que luego del cierre prolongaba las noches en una bohemia ya irrepetible, no solo por el tiempo, sino porque los diarios son cada vez mas pocos y no es necesario juntarse en la redacción a esperar el cierre…
En Montevideo formó parte de la redacción del diario El Día (en la edición del 19 de agosto de 2021, dijimos equivocadamente del diario El País). Fundado en 1886 por José Batlle y Ordóñez, ideólogo y emblema del batllismo y del Partido Colorado, dejó de aparecer en 1993. Tenía una particularidad, era el único diario de habla hispana que cuando se refería a Dios, lo escribía con minúscula. Una encarnizada disputa del fundador con la Iglesia Católica determinó esa singularidad, seguramente universal.
Julio compartió la redacción –entre otras figuras de la cultura uruguaya- con el ex presidente Julio María Sanguinetti y el poeta Horacio Ferrer, el creador de “Balada para un loco”. Julio Bareño trabajaba en la sección Policiales, y a los de esa especialidad, los caracterizaba que tenían amistades entre “los buenos” y “los malos”. Tal vez Ferrer se inspiró en ellos para escribir en su homenaje a Troilo, que era capaz de caminar abrazado “con un arcángel y un ladrón”. Y esto fue determinante en su vida.
En la madrugada del 6 de setiembre de 1971, el teléfono interrumpió su plácido sueño; desde el otro lado de la línea, una voz le dijo: “Venite a Punta Carretas que nos estamos escapando”. Cortó y no dudó. La voz era de un tupamaro que conocía y que la anunciaba la espectacular fuga de 106 guerrilleros, entre ellos un futuro presidente oriental, José “Pepe” Mujica. Llegó al Penal, y dos minutos después, llegó a gran velocidad un auto; descendieron, y casi corriendo, pasaron frente a él, el Ministro del Interior y el Jefe de Policia montevideano; éste se vuelve, y lo increpa “¿Y usted que hace acá?”, no alcanzó a contestar, porque el Jefe se metió en el penal.
De ahí se fue a la redacción y comentó con uno de sus superiores lo ocurrido. Le dijo: “prepará un bolso, yo te llevo, vos también vas a tener que disparar”. Eran tiempos de represión. Aún no estaba el puente, pero Colón fue su destino.
Un tiempo allí y luego se incorporó a LA CALLE para formar parte de la época dorada del diario; un tiempo de estar en todas partes, en cada acontecimiento que participara un uruguayense; cuando todo personaje que llegaba a Uruguay, visitaba el diario; el tiempo de los suplementos, de los posters, de la Fórmula Entrerriana, del dominio de Atlético Uruguay en el fútbol, del nacimiento de las universidades en nuestra ciudad, del Pelay inolvidable, de Tupinambá y Iemanjá…
Ese tiempo, que dejó una marca indeleble en la ciudad, fue contado también por Julio Bareño desde La Calle, con su escritura ágil, descontracturada, amena, comprometida con la ciudad.
Como sus padres rozaron el siglo de vida, él confiaba que vería el Mundial del 2030 en el Estadio Centenario, pero ayer murió. Sus restos descansan en la ciudad que amaba. Tenía 92 años.-
