Fallecimiento de Francisco y entronización de León XIV. El dato Letra P y la fumata blanca. Promesa de visita, tensiones con Milei y Trump y cierre del jubileo.
Letra P adelantó lo que luego ratificaría la fumata blanca. Prevost, cardenal con pasado en Perú, formación en Roma y doble nacionalidad, fue electo papa con el nombre de León XIV. Su perfil pastoral, moderado, sobrio y estratégico, fue leído como continuidad del modelo bergogliano, pero con matices propios.
El papa que nunca volvió y el que promete venir
Mientras Bergoglio fue el papa argentino que nunca volvió, Prevost ya dio señales de querer estar en el país. La diplomacia argentina activó los canales formales y, en el primer día de su papado, el entonces canciller Gerardo Werthein le entregó una edición del Martín Fierro y una invitación oficial. “Tiene deseos de venir”, afirmó el canciller.
La posible gira por América Latina incluiría a Perú, Uruguay y Argentina, dos países rioplatenses ausentes en la agenda internacional de Francisco, aunque no en su deseo. El cardenal Ángel Rossi deslizó que Córdoba podría ser una escala, con la frase diplomática pero sugerente del papa: “Con gusto lo tendré en cuenta”.
En este escenario, Milei busca capitalizar una eventual visita como gesto de reconciliación institucional y victoria diplomática. El Presidente, que en el pasado tildó a Francisco de “representante del maligno”, ahora ensaya una diplomacia pragmática con la Santa Sede.
León XIV: justicia social y política latinoamericana
El nuevo pontífice debutó con una homilía contundente. En su primera misa como papa, advirtió sobre “un sistema económico que margina a los más pobres y destruye la naturaleza” y pidió una Iglesia activa frente a los desafíos del mundo moderno. La frase clave de su discurso fue: “No hay progreso sin justicia”.
Con un estilo más sobrio que su antecesor, León XIV retomó los ejes de la Doctrina Social de la Iglesia, y reivindicó el legado de León XIII, autor de Rerum novarum, el documento fundacional del pensamiento social católico. Su programa pastoral se define con claridad: diálogo, justicia y reforma.
El 25 de diciembre, durante la bendición Urbi et Orbi, redobló ese mensaje con un guiño directo a la región: “Que el Niño Jesús inspire a quienes tienen responsabilidades políticas en América Latina para que, al enfrentar los numerosos desafíos, se le dé espacio al diálogo por el bien común y no a las exclusiones ideológicas y partidistas”.
La advertencia no fue casual. En Argentina, donde el gobierno nacional adopta un enfoque de choque con la idea de justicia social, la declaración del papa se leyó como una intervención suave pero clara.
Un papado que incomoda a las derechas
Lejos de una figura neutra, León XIV ya dejó en claro que el suyo será un papado con presencia en los debates globales. Su preocupación por los migrantes, los pobres, el cuidado ambiental y la exclusión social lo ubica en las antípodas del discurso libertario.
Antes de asumir el pontificado, Prevost había cuestionado públicamente al entorno de Donald Trump y a su vice, J.D. Vance, por sus declaraciones xenófobas. En redes sociales -actualmente más cuidadas- difundía artículos en los que se denunciaba la “jerarquización del amor cristiano”, en contraposición al mensaje evangélico.
En esa línea, su elección representa un contrapeso a las derechas globales. El papa de la justicia social puede incomodar a Milei, tanto como Francisco incomodó a gobiernos que naturalizaban el ajuste estructural y el discurso del mérito.
Segunda identidad latinoamericana
Aunque nacido en Chicago, Prevost es también el segundo papa latinoamericano. Su nacionalidad peruana, adoptada en 2015, es más que un trámite. Vivió casi dos décadas en el norte del país andino, acompañó procesos sociales y no dudó en reclamar justicia ante episodios de represión, incluso durante el gobierno de Alberto Fujimori.
Ese paso por Trujillo, Chiclayo y Chulucanas le imprimió una sensibilidad acorde al modelo de Iglesia periférica que promovió Francisco. Pero a diferencia de su antecesor, León XIV cuenta con una ventaja estratégica: no carga con cuentas pendientes en Argentina.
Eso lo posiciona como un puente posible, tanto en la política vaticana como en la diplomacia con América Latina. “No se trata de ganar espacios, sino de sostener procesos”, decía Francisco. Su sucesor parece dispuesto a sostenerlos… y quizás a llevarlos más lejos.
En un año en el que el Vaticano vivió el cierre de una era y la apertura de otra, la historia de los dos papas marcará el rumbo de una Iglesia que sigue enfrentando sus grietas internas, sus urgencias morales y sus desafíos globales.
(fuente: https://www.letrap.com.ar/)



