El ministro de Educación de la Nación conversó con RED/ACCIÓN sobre el nuevo plan
consensuado con las provincias para mejorar el sistema educativo argentino. Definió como
clave evitar que quienes mejor se desenvuelven en el aula tenga que salir justamente del aula
para ascender o progresar. Consideró que la «formación para el trabajo» debe estar presente
permanentemente en la escuela. Y puso en valor el aporte educativo del deporte y el arte. Sobre
la curricula del secundario, dijo que debe tener menos materias y más profesores a tiempo
completo. El acuerdo con el FMI, aseguró, no compromete el presupuesto que requieren los
cambios que planificaron.
La semana pasada, el Consejo Federal de Educación (CFE) consensuó los Lineamientos
Estratégicos 2022-2027. Por una educación justa, democrática y de calidad. Allí, el ministro
de Educación de Nación, Jaime Perczyk, los ministros de las 24 jurisdicciones,
representantes sindicales, legisladores nacionales y rectores universitarios acordaron el
plan quinquenal con el que pretenden transformar el sistema educativo argentino.
El plan tiene tres grandes objetivos:
asegurar el acceso, permanencia y egreso de los y las estudiantes al sistema educativo
en todo el territorio nacional.
fortalecer los procesos de enseñanza y aprendizaje para garantizar la calidad educativa
de los y las estudiantes en todos los niveles y modalidades.
proveer los recursos necesarios para mejorar las condiciones en que se suceden los
procesos de enseñanza y aprendizaje.
Para lograr estas metas, el CFE avaló 28 estrategias políticas, con objetivos a cumplir en
2023, 2025 y 2027 para cada una de ellas y las graficaron (en la página 28) de manera
sencilla en el documento de 42 páginas
Esta semana, conversé con Jaime Perczyk sobre cómo se llevarán adelante estas estrategias
y cómo serán financiadas. Los lineamientos, según el ministro, se diseñaron en base a los
datos obtenidos en los relevamientos y estudios realizados por el estado nacional y con el
fin de garantizar los derechos ya reconocidos por ley.
—Yendo a los datos concretos, ¿se sabe cuántos chicos y chicas aún están fuera del sistema
educativo?
—El número de chicos que se desvinculó de la escuela durante la pandemia y que al 2 de
marzo pasado, cuando empezaron las clases, aún no se habían reincorporado al sistema
eran unos 195.000 entre los tres niveles: inicial, primario y secundario, de un total de 13
millones de estudiantes. Seguimos articulando con otras áreas del Estado y yendo casa por
casa a buscarlos para que vuelvan a la escuela, porque por el núcleo de necesidades que
tiene esta población que sigue desvinculada requiere de otros apoyos para poder asistir a
clases. También es cierto que ya desde antes de la pandemia se desvinculaban chicos de la
escuela. Se nos van por el trabajo golondrina de sus familias y, en secundaria, entre otros
motivos, porque no es una escuela que siempre escucha lo que los pibes necesitan en
relación al trabajo, la cultura, sus tiempos, sus intereses, o porque se van a trabajar. Y
muchos lo hacen en segundo y tercer año.
Asegurar el acceso, permanencia y egreso de los y las estudiantes
Para lograr esta meta se propusieron trabajar seis aspectos. El primero es “garantizar el
acceso y la igualdad de oportunidades de los niños, niñas, adolescentes, jóvenes, adultos y
adultas a los niveles de la educación obligatoria”
—Ahora, la crisis económica y los niveles de pobreza hacen suponer o ya se está viendo un
corrimiento de estudiantes de escuelas de gestión privada a escuelas de gestión estatal.
¿Tienen información sobre esto? ¿Cómo se prepara el sistema?
—No tengo el dato consolidado nacional, pero ha pasado. A fines de mayo tendremos los
datos del último relevamiento anual y ahí podremos verificar. ¿Cómo nos preparamos?
Tenemos una transferencia de recursos importante para ampliar escuelas, hacer aulas,
designar docentes, comprar equipamiento inmobiliario. Pero también hay que saber que en
la Argentina la curva del incremento de la matrícula en la educación privada viene desde la
década del 60 y es continua. Cuando hay altibajos están relacionados con las crisis y mejoras
económicas, pero la pendiente es más o menos constante.
—Otra de las propuestas para garantizar que la educación llegue a todos los chicos y las
chicas es “generar dispositivos uno a uno que garanticen la vuelta y el acceso de todos los y
las estudiantes en edad de educación obligatoria”. ¿Cómo se propusieron lograrlo?
—Tenemos un programa muy importante a nivel nacional que se llama Volvé a la Escuela y
que en cada provincia tiene un formato distinto. Hay provincias que han dado clases los
sábados, hay otras que han optado por dar clases a contraturno. La provincia de Buenos
Aires, por ejemplo, desarrolló Más ATR. Salta agregó tutorías, clases a contraturno y los
sábados. Además, hay docentes y trabajadores sociales que van a buscar a los chicos casa
por casa. El formato es uno a uno y la idea es que estos programas funcionen todo el año.
Talleres de revinculación en una escuela de Mendoza / Foto: Dirección General de Escuelas de Mendoza
—“Desarrollar propuestas pedagógicas y sociales dentro de las escuelas que acompañan la
trayectoria escolar de cada uno y una y aseguren su permanencia en el sistema educativo”.
Ese es otro de los puntos de los lineamientos. En este sentido, algunos especialistas hablan de enviar a los y las mejores docentes a las escuelas con poblaciones vulnerables, aquellas
que más creatividad y habilidades demandan. ¿Qué opina al respecto? ¿O de qué manera
piensan garantizar esa permanencia?
—Hasta ahora la carrera docente es vertical. Es decir, el docente asciende yéndose del aula.
No hemos encontrado una propuesta para hacer la carrera docente horizontal, que pueda
crecer quedándose en el aula. Es decir, no hemos logrado que los mejores docentes, que
habrá que discutir quiénes son, estén en los años que son más difíciles: primer grado en
primaria, primero y segundo año de la secundaria. En general, en los docentes está la idea
de salir de esos años. Y lo mismo nos pasa respecto a las escuelas, siempre es más fácil
entrar en una escuela en sectores vulnerables y luego, con experiencia y habilidades
desarrolladas, cambiarse a escuelas en comunidades no vulnerables. Necesitamos encontrar
estímulos simbólicos (reconocimiento), económicos y de carrera para que los docentes
puedan tener un desarrollo dentro de las aulas, en los grados y años que más los
necesitamos, y en las escuelas que más los requieren. Es responsabilidad de la política
educativa encontrar un camino para eso. No es una responsabilidad de los padres, ni de los
docentes, ni de los gremios. Ahora, volviendo a la pregunta inicial, el desafío está en cómo
hacemos para que todos los chicos en la Argentina lleguen al piso que necesitamos, que
queremos y que tienen derecho a tener y que objetivamente Argentina no se lo asegura a
todos los pibes. Para ello, la regionalización del currículum me parece central, porque en
qué momento los chicos de San Juan, por ejemplo, ven historia o geografía de San Juan. A
nosotros nos parece que partir de tener nociones de la cultura propia refuerza la posibilidad
de incorporarse a un mundo globalizado. Pero uno no puede incorporarse de una manera
justa si no reconoce lo propio.
—¿Esto tiene que ver con hacer atractiva la escuela para los y las estudiantes?
—Yo creo que sí, que atractiva tiene que ver, en parte, con eso. Pero también tiene que ver
con incorporar el mundo del trabajo, el mundo del arte, el mundo del deporte. Tiene que ver
con entender que meterse en la cultura universal puede ocurrir perdiendo todo lo tuyo o
reforzándolo. Y cuando ocurre esto último, se fortalecen los pibes, la sociedad, la Argentina,
se fortalece a América Latina.
—¿Acá no deberían tener en cuenta también que hoy muchos de los procesos educativos se
dan por fuera de la escuela?
—Cuando empezó la escuela, educación y escolarización eran lo mismo. Hoy la educación es
mucho más que la escolarización. Y a la escuela no la hemos repensado. En línea con esto es que proponemos estos lineamientos, proponemos acercar la escuela al mundo del trabajo.
Porque el mundo del trabajo, el deporte, el arte, la cultura tienen valores que son
educativos. El trabajo, la rutina, el hábito, el esfuerzo, la constancia tienen valores que son
educativos.
—En los lineamientos se planteó “asegurar el acceso temprano al sistema educativo a
partir de la ampliación de la cobertura de las salas de 3 y 4 años en el nivel inicial”. Para
ello establecieron que con salas de 3 debían llegar al 45% de los chicos y chicas en 2023, al
65% en 2025 y al 75% en 2027 ¿Cómo se proponen lograrlo, con qué financiación y con qué
docentes?
—Fundamentalmente, la política es construir jardines y salas con financiamiento nacional
en acuerdo con las provincias, que son las que deciden dónde se construyen esos jardines o
salas. Para eso, hubo un presupuesto el año pasado que se ejecutó todo y este año estamos
ejecutando un presupuesto de 36.000 millones de pesos. En este momento estamos
haciendo 360 jardines en las 24 jurisdicciones y financiando la ampliación de salas en otros.
Después viene otra inversión importante que es la de gastos corrientes, la de formar y
designar docentes, de la que sí tienen que hacerse cargo las provincias desde sus
presupuestos. Aunque a la formación docente también la financia Nación cuando se hace en
las universidades nacionales. La idea es cubrir las salas de 5 que faltan, ampliar la oferta en
sala de 4 (llegando al 95% de los chicos en 2027) y ampliar mucho más la oferta de salas de
3.
—El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional conlleva el compromiso de bajar el
déficit fiscal. ¿Esto puede impactar en el presupuesto que Nación destina a Educación?
—El gobierno se ha comprometido no solo a no recortar el gasto en Educación, sino a
expandirlo. De hecho, hasta ahora lo está habiendo. No solo estamos haciendo jardines,
también estamos refaccionando y construyendo escuelas, entregando computadoras a los
chicos de la secundaria, distribuyendo dos libros —uno de Lengua y otro de Matemáticas—
a cada nene, nena y docente de primaria. Además, en junio empezamos a entregar libros de
literatura a cada nene y nena del jardín de infantes y, en el segundo semestre, vamos a
intentar hacer los mismo con primaria y secundaria.
—“Fortalecer la articulación y el pasaje de estudiantes entre el nivel primario y la escuela
secundaria” es otra de las propuestas con la que buscan asegurar el acceso, permanencia y
egreso de los y las estudiantes. ¿Tiene algo ya planificado?
—No aún. Lo estamos trabajando y lo vamos a presentar en breve.
—En ese sentido, un grupo de especialistas convocados por Irene Kit desarrolló una
propuesta en exclusiva para REAPRENDER en la que se sugiere que en el último año de
primaria se desarrolle un proyecto relacionado con algo que le guste al estudiante y que se
continúe en los primeros meses del secundario, que los chicos y chicas tengan algunas
certezas sobre cómo será ese primer tiempo en el secundario.
—En esa línea estamos trabajando. Nosotros lo que sabemos desde las estadísticas es que la
mayoría de los pibes que termina la primaria va a la escuela secundaria y ese es un punto de
partida muy bueno para la Argentina. Es un piso interesante. El problema muchas veces está
en que en diciembre el chico termina la primaria con cuatro docentes, temas pensados para
él, en un espacio donde se los conoce por su nombre, su cara y, dos meses y medio después,
tiene dieciséis docentes que van rotando, que no saben quién es ni de donde viene, con
temas absolutamente fragmentados que encima no coinciden con el estado del
conocimiento en el siglo XXI. Porque muchos de los temas que tenemos divididos en
materias, en la cabeza de los pibes y en la investigación científica no están escindidos. Ahí
tenemos dificultades muy grandes. Tenemos que lograr que ese tránsito entre la primaria y
la secundaria sea cultural y socialmente menos fragmentado. Eso requiere que la secundaria
vaya a la primaria y la primaria a la secundaria, hay que acompañar a los pibes en ese
camino. Cuando uno habla con los jóvenes, los temas de alimentación, de ciencias sociales,
de género, de ambiente para ellos están en un mismo universo de preocupaciones y nosotros lo tenemos partido en materias que se ven en distintos años. En los pibes el interés
está, pero nosotros lo rompemos en disciplinas. Ahí hay una reformulación que hay que
hacer desde la política. Tenemos que lograr transformar la escuela secundaria en una
escuela que nos meta en el siglo de los chicos y para eso hay que lograr, primero, un acuerdo
político con la sociedad, los empresarios, los trabajadores, los representantes de los credos,
el arte, la cultura, con los docentes, que nos permita ir a esa escuela que todos vemos que es
necesaria, que incorpore el mundo del trabajo en la escuela, que escuche a los pibes e
incorpore sus intereses.
—Ahora, en lo concreto, ¿por dónde empezaron?
—Discutiendo en el Consejo Federal de Educación. Porque además de los acuerdos políticos
que mencioné, hay que asegurar que sea una transformación para mejorar y eso requiere de
asegurar la financiación por mucho años. Una mejor escuela secundaria, que hay que
asegurarla para todos, requiere de certezas y seguridades para los que van a la escuela.
—¿Y esto no requiere de leyes que garanticen estos acuerdos?
—Sí, para mí todo requiere de leyes. En la medida que las certezas sean leyes, mayor serán
las certezas. Pero aún estamos en el paso anterior, trabajando en los acuerdos y los pactos
para que eso se cumpla. Repito, esto requiere de involucrar a la dirigencia política en sentido
amplio, acordando lineamientos, objetivos y plazos año por año. Y requiere acordar
determinado financiamiento para hacerlo. Por ejemplo, los profesores de las escuelas
secundarias deben ser profesores por cargos, deben ir muchas horas a la misma escuela. Eso
requiere, solo para hacerlo en cuatro materias, una inversión de 80.000 millones de pesos
anuales. Pero si tomamos esa decisión es porque vamos a asegurarla todos los años.
Además, si queremos que todos los chicos vayan a las escuelas hay que hacer, sostener y
mejorar escuelas. Mejorar quiere decir que tenga novedades editoriales todos los años, que
tenga profesores por cargo, que tenga comedor, acercar el mundo del trabajo a la escuela
común y eso requiere entornos formativos, equipamiento, talleres, etcétera. Ahora estamos
viendo si estamos de acuerdo en implementarlo, cuánto cuesta garantizarlo todos los años y
si nos comprometemos a hacerlo. La conectividad en las escuelas tendría que ser una
cuestión de rutina y todavía no lo es. Nosotros vamos a hacer un esfuerzo grande para eso
también, además de sumar computadoras y libros. Para eso, la dirigencia política en el
sentido amplio de la palabra, tiene que hacer lo necesario para que esa escuela sea mejor, no
para señalarla sino para transformarla. Para que los pibes aprendan hay que hacer una
inversión, el secundario requiere de menos materias, profesores a tiempo completo en una escuela. Y eso requiere de una inversión porque hay que acordar con los gremios, con los
trabajadores. Además, nosotros queremos que los chicos estén más tiempo en la escuela,
que hagan más arte, más deportes y más vinculación con el mundo del trabajo, y eso
requiere también de inversión en comedores e infraestructura. A eso hay que ir, y para eso
hay que acordar y luego garantizar por ley.
En el documento acordado en el CFE se destaca que hay cuatro jurisdicciones que ya
empezaron a implementar transformaciones en el secundario. Desde el ministerio de
Educación aclaran que son Río Negro, Córdoba, Ciudada Autónoma de Buenos Aires y
Misiones. Y agregan que varias más ya comenzaron a pensar y diseñar modificaciones.
Encuentro de la Mesa Federal de Centros de Estudiantes en Río Grande, Tierra del Fuego, en 2021 / Foto: Gentileza MEFECES.
—Cuando hablan de transformar la secundaria, ¿no han pensado en un espacio para
escuchar a los y las estudiantes, a los representantes de la Mesa Federal de Centros de
Estudiantes Secundarios (MeFeCES), por ejemplo?
—Hasta ahora no los hemos convocado pero me parece que tenemos que incorporarlos.
Deberíamos adoptar la idea de que cada vez que hablamos de la escuela secundaria, haya
pibes que puedan opinar. Para mí es fundamental qué piensan los pibes.
Fortalecer los procesos de enseñanza y aprendizaje
Para alcanzar este objetivo, los ministros acordaron trabajar once aspectos. El primero es
“promover la ampliación progresiva del tiempo escolar para garantizar mejores
oportunidades de aprendizaje en el nivel primario”.
—¿En este sentido plantearon implementar una hora más de clases por día?
—Pero no es solo agregar una hora. Es hacer que las escuelas que podamos pasar a jornada completa, las pasemos. Hoy por hoy, solo tenemos un 14% de pibes que van a escuelas de
jornada completa o extendida, con más de 20 horas semanales de clases. Por eso, nosotros
decimos que la escuela que pueda pasar a jornada completa que ya lo haga. Para eso, la
inversión la va a hacer Nación y ninguna escuela puede quedar con menos de 25 horas
semanales. Lo que les proponemos a las provincias es un convenio, de por lo menos tres
años, donde Nación paga el 80% de lo que significa la ampliación de la jornada escolar (los
salarios de los docentes y la infraestructura de ser necesaria). Argentina tiene 18.000
escuelas y nosotros calculamos que alrededor de 10.000 escuelas podrían ampliar su
horario, entre las que vamos a pasar a jornada completa o jornada extendida si las
provincias nos piden y las que vamos a pasar al menos a 25 horas.
—¿Cuándo lo estarían implementando?
—A la vuelta de vacaciones de invierno ya vamos a tener convenios firmados y escuelas
garantizando ese derecho. Esto requiere primero acuerdo con la política —los ministros en
nombre de sus gobiernos—, los sindicatos y con la comunidad, las familias. Más horas de
clases es una medida para mejorar y es una inversión muy grande. Para este año tenemos
presupuestado invertir 18.000 millones de pesos en el incremento de horas de clases.
Estamos convencidos de que para que los pibes aprendan más, una de las variables es que
estén más tiempo en la escuela. No es la única variable, pero es muy importante. También
tiene que haber mejores salarios, libros, mejor enseñanza. Y sí, esto requiere de un acuerdo
paritario con los docentes y de una reorganización familiar. En los sectores populares esta
es una medida altamente valorada. Pero hay que trabajarla escuela por escuela. Algunas
provincias van a entrar una hora antes, otras media hora antes y se van a quedar media
horas después, mientras el turno tarde sale una hora después. Hay escuelas rurales que nos
han planteado que pueden ampliar el horario sin problema. Pueden haber tantas
alternativas como sean necesarias, siempre que aseguremos que las escuelas que podemos
pasar a 40 horas semanales, las pasemos. Y las que podemos pasar a 25, las pasemos.
Entonces, la desigualdad es lo que se reduce. Hoy solo el 14% de los chicos cursa en jornada
completa o extendida y la idea es pasar a que todos los chicos tengan un mínimo de 25 horas
semanales. Todos los estudios indican que a los pibes que están más tiempo en la escuela,
les va mejor.
El compromiso expresado en los lineamientos estipula para 2023 que el 60% de la escuelas
y el 70% de los y las estudiantes tenga más de 20 horas semanales de clases. Para 2025 la
meta es de 80% y 85% respectivamente, llegando al 2027 con el 100% de cobertura.El contexto de pandemia profundizó y visibilizó el rol fundamental que ya tenían las
familias en el proceso de aprendizaje. En ese sentido, se ha pensado en algún espacio del
que las familias puedan participar, sean escuchadas como un actor más del sistema
educativo? Desde Padres Organizados, por ejemplo, proponen que las reuniones del CFE
sean públicas. ¿Ve eso posible?
—A las reuniones del CFE puede venir el que quiera, son públicas. Lo que hablamos es
público y la conclusiones son públicas, y se expresan en resoluciones que son públicas.
Todos somos funcionarios públicos. Solo algunas negociaciones paritarias son cerradas.
Claro que quien venga podrá escuchar, pero no participar. Porque para participar están los
diputados y los ministros de las provincias, que fueron electos o nombrados por el
gobernador para ejercer determinada representatividad. Hay rectores de universidades y
gremios. La dificultad que existe es quién elige a los padres que vienen para que puedan
representar a las familias. Puede venir un padre y tiene derecho, pero asumir
representatividades es otra cosa. Yo le doy un valor enorme a la participación de los padres,
las madres, las familias. De hecho asumimos y a los 20 días hicimos una inversión muy
grande, de casi 1.800 millones de pesos, en las cooperadoras escolares. Y este año vamos a
hacer lo mismo. La alianza entre estudiantes, docentes y familias es fundamental.
Otro de los aspectos sobre el que acordaron trabajar es en “recuperar y fortalecer los
aprendizajes en las disciplinas escolares básicas, especialmente en las áreas de Lengua y
Matemática”. Sobre esto, Perczyk: dice “Las evaluaciones nos dan conclusiones que a todas
luces son insatisfactorias. Nosotros creemos que hay que fortalecer los aprendizajes en
Lengua y Matemática porque son las dos estructuras de conocimiento que permiten acceder
a otros aprendizajes más complejos”.
—¿Cómo se llegó a esta situación donde las evaluaciones devuelven resultados tan pobres
para Lengua y Matemáticas?
—Hay varias cuestiones. Pero una es que se le fue agregando a la escuela, en las mismas
horas, una dispersión curricular muy grande, que lo que hace es tener menos horas de todo.
Nosotros creemos que Lengua y Matemáticas tienen que estar todos los años, con la
cantidad de horas que tienen que tener, porque son las dos áreas del conocimiento
fundamentales.
—Algo mencionó antes, pero hay un punto específico en el documento acordado que habla
de “fortalecer las políticas integrales de la educación técnico profesional y profundizar el
vínculo del nivel secundario con el mundo del trabajo, la producción, la ciencia y la
tecnología”. ¿A qué se refieren concretamente?
—Pensamos que la formación para el trabajo debe estar permanentemente en la escuela.
Para eso estamos fortaleciendo la educación técnico profesional y generando 100 nuevos
edificios para escuelas técnicas en todo el país. Además, este año se abrieron 540 nuevas
ofertas de educación profesional en la secundaria, que es un formato de terminalidad de la
secundaria con cuatro áreas curriculares: Lengua, Matemática, Sociales, Naturales y un
nivel de idioma. En total son más 800 horas destinadas a la formación para el trabajo y que
otorga certificación profesional. También estamos trabajando y discutiendo con los
ministros cómo el trabajo —el saber hacer y los valores que tiene el trabajo— y el
financiamiento de la ley de educación técnico profesional llega a todas las escuelas
secundarias.
—Cuando en el documento se proponen “desarrollar contenidos transversales a las
disciplinas y áreas escolares vinculados a temas emergentes y relevantes para la
participación ciudadana en el presente y futuro con enfoque de derechos humanos, como la
problemática ambiental y la Educación Sexual Integral”
, ¿están promoviendo los
Aprendizajes Basados en Proyectos?
—Sí, esa es mi idea. Pero, hay que construir acuerdos que garanticen que eso tenga
continuidad por muchos años y que se formen docentes.
—Cuando menciona la formación docente, ¿en qué punto están en ese sentido? Porque hay
más de 1.600 institutos de formación, con carreras docentes muy distintas en cada una de
las jurisdicciones.
—Sí, tenemos que poder impactar en esos más de 1.600 institutos, las 57 universidades
nacionales, las 61 universidades privadas y en 1.200.000 docentes. Por eso, estos cambios demandan de acuerdos profundos que exponen las profundas necesidades que tiene
Argentina, que no solo es marcar las carencias, sino decir de dónde partimos. Por ejemplo,
el 90% de los pibes va a la secundaria, y ese dato es positivo, pero la contracara es que no
todos la terminan. Entonces, ni el optimismo pedagógico ni el pesimismo de la crisis eterna.
Hay que contemplar la complejidad de la situación y a partir de ahí actuar. Los pibes
graduados de la educación técnica tienen desocupación cero. Ahí hay algo para aprender.
Proveer los recursos necesarios para mejorar la enseñanza
Para alcanzar este tercer objetivo, en el CFE acordaron trabajar seis ítems. El primero es
“reducir las brechas de desigualdad en el acceso a la tecnología, a través de la ampliación de
la conectividad escolar y la distribución de dispositivos uno a uno”. Según la Asociación
Chicos.net solo el 40% de los y las docentes de escuelas públicas tienen computadoras
disponibles en la institución en la que enseñan. Mientras que el 12% de las escuelas no tiene
ninguna computadora.
—¿Cómo se propusieron trabajar en este sentido?
—Vamos a terminar este año con computadoras en todas las escuelas, te lo firmo. A fines de
diciembre todas las escuelas tendrán computadoras y vamos a tener al 90% de los pibes con
conectividad en su aula. Hasta ahora muchas escuelas tienen conectividad pero solo en la
dirección o en las aulas más próximas a la dirección, y yo hablo de todas las aulas. Es más, si
encontramos una solución tecnológica que estamos buscando, el 100% de los pibes va a
tener conectividad en su aula. No el cable en la puerta, sino con wifi y con una banda que
permita esa conexión simultánea. El profesor o profesora podrá pedirles que se conecten a
sus celulares para buscar algo y ellos podrán hacerlo. Para eso, hay que hacer las
conexiones, sostener el mantenimiento de las mismas y pagar el servicio.
—¿De quién dependerá el financiamiento?
—De Nación, de las provincias y, en algunos casos, de los municipios. Ahora, ya estamos
conectando 1.500 escuelas. Eso significa llevar los cables hasta la puerta de la escuela, que
un equipo cablee el edificio y lo deje funcionando. A su vez, en el Ministerio de Educación
nacional vamos a tener un panel de control donde vamos a poder ver qué pasa en cada
escuela con la conectividad, si está funcionando o no, en tiempo real.
—Ya que mencionó el relevamiento de información en tiempo real, el CFE avaló, en
noviembre de 2020, el Sistema Integral de Información Digital Educativa (SInIDE), que
reportaría información nominal sobre alumnos, docentes y edificios escolares. ¿En qué situación se encuentra?
—En junio vamos a tener novedades importantes. Estamos avanzando en varias provincias.
Cada jurisdicción tiene desarrollos con características propias, que es legítimo. Pero, para
construir un sistema nacional tienen que estar todas las partes y con variables en común. El
sistema que estamos proponiendo despapelizaría totalmente el trabajo en las escuela y
permitiría tener información en tiempo real, agregada y desagregada, con información
anticipada sobre lo que pasa en las escuelas argentinas. En cuanto a la información, en
principio es la escuela la dueña de todas sus datos, en segundo lugar lo es la provincia y, en
tercer lugar, tiene que haber variables que se comparten con un sistema nacional que nos
permita entender que hay una Nación. Para esto, estamos financiando la compra de
equipamiento para cada escuela, para cada provincia y el equipamiento nacional. En junio
ya podremos mostrar módulos de implementación en varias provincias.
Fuente: www.redaccion.com.ar