Por AGUSTIN BORDAGARAY
Hoy izamos una bandera histórica del peronismo.
Una bandera que levantaron Perón y Evita, que forma parte de nuestra identidad y que conserva toda su vigencia: la independencia económica.
No nos conformemos con recordar una consigna como si fuera una pieza de museo.
La consigna de hoy es recuperar una idea que tiene una enorme actualidad: un pueblo no puede ser verdaderamente libre si no tiene capacidad para decidir sobre sus recursos, su producción, su trabajo y su futuro.
La pregunta fundamental es: ¿para quién funciona la economía? ¿Quién se beneficia con la riqueza que producimos los argentinos? Y ¿quién paga el costo cuando las decisiones económicas fracasan?
Perón nos enseñó que la independencia económica, la soberanía política y la justicia social no son tres consignas aisladas, sino tres dimensiones de un mismo proyecto nacional.El ajuste no puede convertirse en un proyecto de país
No negamos la importancia de la estabilidad macroeconómica ni de administrar responsablemente los recursos públicos.
Pero una cosa es ordenar la economía y otra muy distinta es creer que el ajuste, por sí mismo, constituye un modelo de desarrollo.
El equilibrio fiscal es un instrumento, no el objetivo último de la comunidad nacional.
Nuestra crítica al Gobierno nacional es que la estabilidad no puede convertirse en una justificación para debilitar las capacidades productivas, reducir las oportunidades de los sectores populares y trasladar a las familias el costo de los desequilibrios.
No queremos un Estado que gaste sin control, pero tampoco queremos un equilibrio fiscal a costa de una sociedad cada vez más desigual.
Sin crédito productivo no hay independencia económica
Pensemos ahora en las empresas entrerrianas: productores, cooperativas, industrias, comercios y pequeños emprendimientos que necesitan capital de trabajo.
Una empresa puede tener clientes y capacidad, pero si no consigue crédito en condiciones razonables, esas posibilidades quedan bloqueadas.
Según el Informe sobre Bancos de junio de 2026 del Banco Central de la República Argentina, la irregularidad del crédito a las familias llegó al 12,8%, mientras que la de las empresas se ubicó en el 3,5%.
Esto muestra una marcada diferencia en las dificultades de pago de los hogares frente al sector empresario.
Entre Ríos necesita fortalecer una estrategia que vincule a sus bancos públicos, universidades y Pymes para facilitar la inversión.
Hay un terreno donde se ve con claridad la función del Estado: la salud.
En Entre Ríos, la inversión pública provincial en capital para salud, asistencia y seguridad social asciende al equivalente al 3,80% del total de la inversión pública presupuestada.
La salud no es un gasto superfluo, es una inversión en las capacidades humanas de la sociedad.
Frente a esto, el individualismo extremo promueve una sociedad de aislados donde cada uno debe resolverlo todo solo.
El peronismo, en cambio, reivindica la comunidad organizada: una red de instituciones —clubes de barrio, sindicatos, cooperativas y centros de salud— que complementan a la familia y al Estado para cuidar la vida en común.
Concepción del Uruguay: transformar las capacidades en desarrollo
Todo esto se vuelve concreto cuando miramos nuestra ciudad.
Concepción del Uruguay tiene historia, trabajo, una ubicación estratégica y una sociedad que sabe organizarse.
El desafío político es poner esas capacidades en movimiento mediante una propuesta local de desarrollo que defienda el empleo, acompañe a las PyMEs, promueva la capacitación y fortalezca las instituciones.
La independencia económica de una ciudad comienza cuando puede identificar sus recursos y construir un proyecto propio que no dependa exclusivamente de decisiones ajenas.
La Independencia Económica es posible
La esperanza no es esperar pasivamente que las cosas mejoren; la esperanza es organizarse para cambiarlas. Volvamos a levantar nuestras banderas:
¡Que viva el peronismo!
¡Que viva Entre Ríos!
¡Y que viva Concepción del Uruguay, justa, libre y soberana!