por Pablo Stein –
“A finales del invierno de 1864, empezó a circular en el sur de América la negra noticia de la inminencia de la guerra” (1). Una vez más Bartolomé Mitre, aquel hombre que iniciara su carrera a las órdenes de Urquiza en Caseros, ahora ya presidente del país iba a ser cómplice de un nuevo y bárbaro crimen.
Heroica resistencia.
Comandados por el oriental Flores y los brasileros Antonio Sousa Neto y Mena Barreto, los atacantes sumaban unos quince mil soldados, mientras que la defensa a cargo de Leandro Gómez y el uruguayense Lucas Piriz, en el momento del ataque final no eran más de 700.
Los esforzados defensores caían muertos en el acto o eran hechos prisioneros y dejados atados y acostados en los cráteres de las trincheras, para hacerse cargo de ellos más tarde. Cabe aclarar que los brasileños habían entrado a Paysandú enarbolando consignas de paz y que una vez dentro de la ciudad atacaron a traición.
Leandro Gómez fue fusilado junto a los únicos oficiales sobrevivientes de su estado mayor: Juan María Braga, Eduviges Acuña y Federico Fernández, pero no terminó ahí la saña de los asesinos. Suarez, no conforme con comandar el pelotón que ejecutó a los patriotas, mandó quintar a los prisioneros, unos seiscientos en total, esto es a la manera que procedían los romanos con sus legiones rebeldes eligiendo uno cada 5 prisioneros para fusilar. Ya había comenzado con este procedimiento cuando el comandante Murature de la escuadra argentina apostada frente a la ciudad conminó a Flores a interrumpir los fusilamientos.