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ESTUVO CUATRO AÑOS EN EL INFIERNO

Maria Guadalupe Rodrigo set 2018Por Roque Jose Giovenale    –    

Visitó Concepción del Uruguay, la Hermana María Guadalupe Rodrigo, de la Congregación del Verbo Encarnado. Nacida en Villa Mercedes, San Luis, ingreso a la vida religiosa a los 18 años. En 1995, a los 23 años de edad, se inició como misionera, siendo destinada a Belén, luego a Egipto y posteriormente a Siria.

Llegó para contar lo que viviera en Siria, a lo  largo de cuatro años de guerra y de persecución a los cristianos.

En la Basílica de la Inmaculada Concepción ofreció un testimonio impactante ante una concurrencia tan conmovida como silenciosa. 

En sus palabras, la inmensa fuerza de su fe prevalecía por sobre el dolor de cada una de las cruentas situaciones narradas.

Seguidamente transcribimos algunos pasajes de su relato:

Llegué a Alepo, Siria para vivir allí, en enero de 2011. Había estado antes en esa ciudad, conocía al país, conocía la gente. Alepo era una ciudad muy desarrollada, en un país sin problemas económicos, sin deuda externa, rico en recursos naturales, sin delincuencia, ni desocupación, gente que vivía muy bien, en general de nivel empresarial, por eso se entiende que era tan pacífica, al no tener problemas económicos, ni problemas sociales.

En marzo, dos meses después, se desató una guerra totalmente inesperada, que condujo al país a una agonía de años, que dura todavía hasta hoy-2018- Siete años de dolor, de pesadilla(puedo testimoniar),

Allí muy de cerca pudimos experimentar lo que significan los grandes intereses de los poderosos de este mundo, que ponen en la mira a algún país o algún gobierno que simplemente no les conviene y deciden quitarlo del medio. Así se inventan las guerras. Lo que sucedió en Siria, fue tan terrible, es terrible todavía, fue algo tan bien planeado, es impresionante la astucia que tiene el demonio y sus seguidores. Esto fue planeado, paso a paso, con todos sus detalles. Imagínense que se trató de la invasión a un país a través de grupos terroristas, grupos fundamentalistas islámicos. Habrán escuchado hablar del ISIS, el Estado Islámico que es uno de los grupos, hay otros.

En realidad son la cara visible de esta guerra…por supuesto, son culpables, tremendamente culpables de lo que están haciendo, pero son más culpables los que están detrás de ellos, quienes no se ensucian las manos, y de traje y corbata, manipulan a estos grupos y los financian para conseguir sus intereses macabros.

Siria era como una piedra en el zapato, había que quitarla. No se doblegaba a los intereses internacionales, simplemente porque no necesitaba a los demás. Los países pobres necesitan de países poderosos y por eso tienen que doblegarse. Siria, era un país que no necesitaba de nada, por eso, se decidió su muerte, fue así que desde marzo de 2011 ingresaron al país grupos terroristas árabes.

En Occidente, a muchos les parece todo lo mismo; árabes. Eran árabes, pero no eran sirios,  y ¿qué se presentó a la prensa y a toda la opinión pública?, que se trataba y se trata de una guerra civil, se habló de esto desde el comienzo que el pueblo se levantaba contra el gobierno opresor cosa que no fue cierta nunca, no porque el gobierno no tuviera falencias o cosas que mejorar, por supuesto… pero la gente no estaba pidiendo ningún cambio.

La gente no lo pedía simplemente porque lo que tenía era el mal menor. Sabían que quitando ese gobierno se venía el fundamentalismo islámico que ya rige en toda la región.

Por eso no querían un cambio, no querían perder el equilibrio que habían alcanzado, ese equilibrio de actividad económica y social.

El cambio vino impuesto desde afuera, y la guerra rotulada como guerra civil. Estos terroristas armados desde afuera, con armamentos muy poderosos, teoricamente eran la voz del pueblo, cuando lo que hicieron desde el comienzo fue masacrar al pueblo, y así Alepo, ciudad muy hermosa, milenaria, turística, de casi 5 millones de habitantes, conocida en Medio Oriente como la ciudad europea, de un día para el otro se encontró en ruinas.

Los disturbios y los enfrentamientos, habían empezado en otros pueblos, y la gente pensaba, acá nunca llegarán, es imposible en estas ciudades modernas, muy desarrolladas. Pero llegaron a Alepo, nos tocó vivir la guerra en plena ciudad.

Los terroristas se hicieron llamar rebeldes, como si fueran parte del pueblo sirio. Rodearon la ciudad, fueron tomando barrios y atacando hacia adentro. Los bombardeos, tiroteos, cañonazos eran permanentes. Los primeros diez días o dos semanas, estuvimos encerrados. Luego la gente empezó a salir, porque esta guerra no duró dos semanas duró 6 años, todos los días. Salíamos, no se puede vivir encerrado, la vida continúa y salir significaba, poner en riesgo la vida, en cualquier esquina. Esta situación se vivía de día y de noche; tiros, bombardeos… Las explosiones eran continuas. Los bombardeos se producían en cualquier momento y en cualquier lugar. Dormíamos en los sótanos, en los subsuelos.

No era ejército contra ejército, era terroristas contra civiles. Ellos disparaban, con morteros de tierra, difícilmente direccionables. Tiraban al azar,  adonde cayeran, sobre todo hacia los barrios cristianos.

Estos grupos fundamentalistas financiados, respaldados desde afuera, tenían sus propios intereses políticos y su intereses religiosos. Intentaban tomar el poder, pero además acabar con todos los infieles. Según el Corán, entre los infieles, estamos los cristianos, en primer lugar, después todo otro grupo religioso. Por eso incluso, musulmanes moderados que había tantos en Siria, eran perseguidos por ser considerados traidores, amigos de los cristianos.

Viví ahí cuatro años de la guerra y no recuerdo un sólo día en silencio, un sólo día paseando por la ciudad. Nosotros, para andar por la calle teníamos muchos códigos. Era salir siempre corriendo, con buen calzado, pegados a las paredes de los edificios, muy atentos a los ruidos, a las explosiones. Con la experiencia, de meses, de años, ya distinguíamos las armas, la distancia, aprendimos a reconocer explosiones.

Ya sabíamos; cuando caía un arco de morteros, armas que no son grandes, preparadas por los terroristas con vidrios, clavos, latas, al explotar se llevaban una habitación o dos, y con la onda expansiva, todas esas esquirlas puestas adentro se esparcían cientos de metros.

Uno andaba en la calle y escuchaba ese tipo de explosión, distinto de la bala de explosión, sabíamos que teníamos que escondernos inmediatamente con algo sólido adelante para que no nos lleguen las esquirlas. A esto, los barrios lo sufrían varias veces al día, al azar, sobre todo, los barrios cristianos.

Me di cuenta que lo de las películas era sólo de las películas, no es que después de una explosión, se cerraba la calle, venía una ambulancia, llegaba la policía. Ahí, no veíamos ambulancia, estaba todo colapsado, servicios vitales colapsados.

La gente misma ayudaba a recoger los restos. Alguno traía su camioneta o su camión, cargaba a los que parecían tener vida para llevarlos de hospital en hospital, donde hubiera lugar para dejar algunos. Así una montaña de heridos, todos apilados en una camioneta.

En otra camioneta, en bolsas de basura, esas negras grandes, de consorcio, los restos; una cabeza, un brazo, una pierna. Todo lo que quedaba, porque había muchos descuartizados y llevarlos a las morgues de los hospitales. Eso se hacía rapidamente porque era tan frecuente el tema de las enfermedades, de las pestes. Si alguien quería buscar a conocidos o parientes y no figuraban entre los heridos de los hospitales, tenía que ir a las morgues y buscar por bolsa, para hallar algo de esas personas. Esa era la vida cotidiana en Alepo para todos, sobre todo para los cristianos.

En los barrios tomados por los terroristas, ellos tenían apostados a los francotiradores. Ya sabíamos cuales eran las calles que alcanzaban los francotiradores, era llegar a la esquina, prepararnos y cruzar, por que había calles que uno tenía que cruzar si o si. Nos preparábamos en grupo de varios y… uno, dos, tres, respirar hondo y correr, cuanto pueda, para no ser alcanzados por las balas del francotirador y siempre para ayudarnos en el caso de que alguno sea baleado, pueda ser ayudado por el resto. Era tremendo, pero vivido como una cosa normal, les hablo de años viviendo así, nos acostumbramos a convivir con la guerra.

Lo que hicieron los terroristas fue rodear la ciudad y bloquearla. Alepo estuvo sitiada durante prácticamente un año. Una ciudad sitiada significa una ciudad cerrada. Tomaron todas las rutas de acceso, no permitieron más la entrada de los camiones con provisiones de todo tipo, imaginemos para una ciudad de 5 millones, el combustible para vehículos y para calefacción central, toda gente que vivía muy bien, que necesitaba combustibles. Todos tenían su calefacción central. Se acabaron las garrafas de gas. No dejaron entrar más. Allí no hay gas natural. Comenzaron los cortes de luz y de agua.

Ellos tomaron las usinas eléctricas desde los primeros años de guerra. Tuvimos una o dos horas de luz por día, agua una vez por semana o cada 10 días por algunas horas. Este bloqueo fue tremendo no sólo por la falta de combustible, sino por la falta de alimentos, ¿cómo se abastece una ciudad de 5 millones de habitantes?. Todos los alimentos perecederos, verdura, carne, frutas, se acabaron, no entraron más. Eso entra del campo, de la industria que fue tomada y quemada, saqueada. Estuvimos un año sobreviviendo como pudimos con lo que quedaba en los mercados, alimentos imperecederos, arroz, fideos y  enlatados. Alepo fue asediada un año así hasta que el ejército logró liberar algunas rutas y permitir el  ingreso de algunos alimentos.

El primer barrio tomado fue bastante cerca del nuestro. Lo tomaron un viernes santo, cerca de las 3 de la mañana. Uno de ellos, por la torrecita de la mezquita avisó a todo el barrio, con un megáfono. -Hemos tomado el barrio. Tienen 3 horas para dejarlo- (eran las 3 de la mañana). La gente salió con lo puesto cargando sus niños, buscando escapar, dejando todo atrás. No todos porque pensemos, en cualquier barrio hay, enfermos, lisiados, ancianos. Y así pasado el plazo, ellos fueron entrando casa por casa, decapitando a los que quedaban. Muchos no pudieron escapar y se quedaron allí esperando serenamente la muerte.

En este barrio mitad cristiano y mitad musulmán,  los cristianos antes de ser decapitados, recibían el ofrecimiento que si se convertían al Islam no morían, ¿Islam o muerte? y la respuesta de los cristianos siempre era la misma; muerte

Antes de la guerra, veíamos gente muy distinguida que venía a misa, a ver un espectáculo, con poca participación, sin responder, sin cantar. Empezó la guerra, empezó la persecución y fue sorprendente el cambio. La gente con su libro en la mano cantando a toda voz, como para tapar los constantes ruidos de los bombardeos. Era impresionante ver la fe de esa gente sabiendo que en una iglesia, uno podía morir con más facilidad. Había tantísimas iglesias en ruinas, destruidas por que eran los primeros blancos, y a pesar de eso, las iglesias estaban tan llenas de gente, cantando y diciendo, bueno! si acá me encuentra la muerte, estando en misa, qué mejor momento!!!. Ese era el ánimo de nuestros cristianos. –

Era muy típico lo de secuestrar para pedir rescate y luego comprar armas. En nuestra parroquia, en la Catedral era tremendo, Allá  con la mentalidad conocida sólo secuestraban hombres.  ¡Quién iba a dar plata por una mujer! Así que mujeres no secuestraban nunca, secuestraban hombres. Las víctimas eran empresarios, los secuestraban una vez, lo soltaban y lo secuestraban otra vez, lo liberaban y lo secuestraban por tercera vez. En una familia secuestraron al padre, al hijo y después al abuelo, a los tres hombres de la familia.

«ن »  

Los terroristas, los del estado islámico, principalmente, tomaron la costumbre de marcar las casas de los cristianos, de identificarlos, al momento de entrar en un barrio o en una ciudad. Esto comenzó en Irak, y después también lo hacían en Siria. Al entrar a un pueblo o una ciudad, marcaban las casas de los cristianos con una letra árabe, la letra nun  «ن » , que es la que llevamos.  La primera letra de nazareno. En el Corán, los cristianos estamos llamados así; nazarenos, despectivamente,  seguidores de Jesús de Nazareth. Por eso marcaban con esa letra la casa de los cristianos.

En esta casa hay nazarenos, aquí hay que entrar matando. Para los fundamentalistas islámicos, es el signo de la malticia. Los terroristas, lo primero que hacían al destruir una Iglesia, era quitar las cruces, ellos dicen maldito el pueblo de la cruz, así nos llaman; los nazarenos. Por eso en los pueblos que han sido liberados, tanto en Siria, como en Irak, lo primero que han hecho los cristianos es volver a plantar la Cruz con la letra Nun de nazarenos, de cristianos.

El tener mártires allí ha significado que los cristianos morían de las formas más crueles. Había tantos cristianos decapitados, había crucificados, niños crucificados, también adolescentes, niños enterrados vivos a la vista de sus madres, y sin embargo, morían como mueren los mártires, como mueren los santos. No se les imaginen muriendo a los gritos, desesperados, renegando. Eran mártires, estaban recibiendo por cierto una gracia muy especial de Dios. Morían rezando, cantando, perdonando. Hay historias asombrosas entre ellos.

No es fácil entender a los mártires. A uno le parece demasiado extremo, le parece mucho. Está bien, tengo que ser buen cristiano, tengo que amar a Dios, pero tanto,  morir, tengo que preferir morir, da la impresión de que esta gente, está optando por la muerte, pero en realidad, está haciendo una opción por el amor. El martirio es el gesto supremo de amor, la frase que se escucha en las películas; te amo tanto que hasta daría mi vida por ti. Esa es la expresión máxima de amor, ciertamente.

Dice esta gente; te amo tanto Señor, daría hasta mi vida por vos y entonces ante la opción de negarlo, prefiero morir, por eso es la opción por el amor. El martirio sólo lo entiende aquel que ama. Los chicos de la parroquia decían, que me corten la cabeza, yo soy cristiano, al cielo no me lo quitan.

Se reían, bromeaban; ¿el peor terrorista que me puede hacer?…cortar en pedacitos, chiquitos, chiquititos, que más me puede hacer, no me puede hacer nada más, al alma no me lo toca. Eso es lo que le ha dado a los cristianos allá, tanta fuerza, tanta fortaleza.

No tengan miedo de los que pueden matar el cuerpo pero no pueden matar el alma. Esa era la gran verdad que ellos habían descubierto. De esto se dieron cuenta y por eso les cambió la vida. El poner sus ojos en el cielo, en la vida eterna, les dió semejante libertad y semejante alegría.

Nunca antes había visto sonreir así a jóvenes de Alepo. Muchos de ellos eran empresarios, perdieron todo y sabían, que estaban a punto de perder también su propia cabeza y al preguntarle ¿qué pasó? ¿por qué semejante cambio? Decían; antes estábamos tan preocupados por las cosas del mundo que nos olvidábamos de lo importante. Ahora la guerra puso cada cosa en su lugar. A la alegría que tienen ahora no se las quita nadie, ni siquiera tienen miedo.

No se los imaginen como gente rara que pasa todo el día rezando en silencio. Es gente super normal, a veces uno se imagina… mirá que fe que tiene, junta las manos, cierra los ojos, tiene una fe…. Si, la fe es rezar bien, pero ciertamente la fe significa estudiar bien, trabajar bien, significa ser un buen  padre, un buen hijo, un buen esposo, un buen ciudadano. La fe envuelve toda la vida y eso es lo que se notó en esta gente, como seguían adelante con la vida cotidiana, poniendo en cada pequeña cosa el alma entera, viviendo cada día con una intensidad…imagínense pensando que cada día puede ser el último, se vive de otra manera(se los digo por experiencia), aunque ya había oído hablar de la muerte obviamente, tantas veces, pero cuando uno vive así, uno piensa en la muerte, en vivir intensamente cada día. Hay que pensar bien lo que uno va a hacer. Que la muerte me encuentre, si me encuentra, haciendo lo que tengo que hacer.

Eran admirables las estudiantes de nuestra residencia, seguían estudiando y graduándose, -no sólo estudiar- recibirse.

Karin y Nadin, dos hermanas mellizas, empezaron a estudiar meses antes de que se desatara la guerra. El año pasado se graduaron en medicina. Todos sus años de estudio, transcurrieron durante la guerra, bajo el bombardeo. Era una cosa impresionante verlas estudiar así. No eran así antes de la guerra. Había que correr atrás de ellas para que aprovecharan el tiempo. Con la guerra no fue necesario. Ellas sabían lo que significaba un día de estudio. Era verlas estudiar con una linternita, con una vela. Ir la universidad todos los días arriesgando la vida.

Una vez dieron el alerta, en el barrio nuestro, habían entrado terroristas. Se empezó a correr la voz, la gente empezó a salir de sus casas a las calles, abandonando el barrio. Fue el momento de avisarle a las estudiantes, están entrando los terroristas a nuestro barrio, hay que salir.

Nosotras desde que empezó la guerra estuvimos preparadas siempre con una mochila, donde teníamos los documentos, las cosas esenciales, una botella de agua, para poder tirar unos días, en el caso de que hubiera que huir. Las hermanas le dijeron a los estudiantes, cada uno agarre su mochila y a correr. Salieron todas corriendo detrás de las hermanas, pero una de las estudiantes, antes de salir, agarró los apuntes de clase y se los puso debajo del brazo, entonces una monjita le dijo; ahora te llevás los apuntes, nos están pisando los talones los terroristas para matarnos y vos te llevás los apuntes de clase. Hermana, le contestó, es que si no nos matan hoy, yo el lunes tengo que dar un examen, impresionante!!! con esa naturalidad!!!.

Esa fortaleza, esa voluntad no se forjó en la vida fácil, evidentemente, tal voluntad se forjó en el sufrimiento……

De acuerdo a lo informado por la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados(ACNUR), más de 5,6 millones de personas(un cuarto de los habitantes del país) han huido de Siria desde 2011, buscando seguridad en Líbano, Turquía, Jordania y otros países. Turquía acoge a más de 3,3 millones de sirios registrados. Alrededor de 6,6 millones se han desplazado internamente. Distintos medios internacionales dan cuenta de más de 300.000 víctimas fatales.