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España en su peligroso laberinto

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Los reclamos de autonomía por parte de Cataluña son de muy vieja data.-El Estatuto de autonomía de Cataluña de 1932, también conocido como Estatuto de Nuria, fue una ley española aprobada durante el la Segunda República que otorgaba a Cataluña por primera vez un Estatuto de Autonomía que le permitía tener un gobierno y un parlamento propios, y ejercer determinadas com

petencias. De esta forma Cataluña conseguía lo que no obtuvo durante la campaña autonomista catalana de 1918-1919 durante la cual se llegó a presentar en las Cortes de la Monarquía de Alfonso XIII un proyecto de Estatuto que no se llegó ni siquiera a discutir.

 

Son cien años de luchas, de idas y vueltas, pero nunca se llegó tan lejos como el domingo porque se introduce un hecho inédito, la violencia con el agravante que esa violencia la ejerce el estado. Es indudable que esta violencia rompe los puentes y pone la situación en un lugar de donde va a costar mucho volver. A continuación publicamos una nota  que hace el New York Time y que hace un análisis de las dos posiciones en juego.

El desafío catalán de celebrar un referéndum independentista, calificado de ilegal por el gobierno español, degeneró en caos este domingo cuando los votantes se enfrentaron con el Cuerpo Nacional de Policía de España en una de las mayores pruebas a la democracia de ese país desde la dictadura franquista de los años setenta.

Oficiales con uniformes antimotines fueron desplegados por la región con la instrucción de clausurar las casillas de votación y confiscar urnas y boletas.

“Violencia injustificada e irresponsable”

A lo largo de la jornada, el referéndum se realizó de manera casi surreal. En muchos pueblos y ciudades, personas de todas las edades se congregaron en largas filas para sufragar mientras que en otras casillas la situación se tornaba violenta.

En algunos lugares, la Policía Nacional y la Guardia Civil dispararon balas de goma y usaron las porras para replegar a los votantes, muchos de los cuales pernoctaron al lado de algunas casillas para asegurar que se mantuvieran abiertas. Las autoridades catalanas denunciaron que más de 460 personas resultaron heridas en los enfrentamientos, y al menos una docena de policías fueron heridos, según el ministro del Interior de España.

No queda claro si habrá un resultado confiable de la votación pero ambos lados se declararon victoriosos y también se calificaron como víctimas. Los funcionarios catalanes aseguraron que la votación seguía en tres cuartas partes de las casillas pese a las medidas tomadas por la policía.

Carles Puigdemont, presidente regional, acusó al gobierno español de usar “violencia injustificada e irresponsable” para detener el referéndum con “porras contra urnas”.

“La vergüenza acompañará para siempre” a España, dijo Puigdemont a la prensa reunida en Sant Julià de Ramis, mientras sostenía un clavel rojo. “Hoy el Estado español ha perdido mucho más de lo que ya había perdido, mientras que en Cataluña hemos ganado mucho más de lo que habíamos ganado”.

Enric Millo, el delegado de Madrid en Cataluña, dijo que “el Estado de derecho ha desmontando el referéndum ilegal” y deploró que la Policía Nacional hubiese tenido que intervenir después de que los Mossos d’Esquadra, la policía autonómica catalana, no detuvieran la votación. El Ejecutivo “se ha visto obligado a hacer lo que no quería hacer”, añadió.

El referéndum fue un hito en medio de la creciente tensión entre Madrid y Cataluña, región próspera al noreste del país y un baluarte económico.

Muchos años con la misma aspiración

Las aspiraciones independentistas de los catalanes han estado presentes durante varias generaciones pero se han intensificado durante los últimos años ante las quejas de que el gobierno español recibe demasiadas riquezas de la región, mientras le niega al pueblo catalán el derecho de poder escoger su destino político.

El gobierno de Mariano Rajoy, con el respaldo de los tribunales españoles, declaró inconstitucional e ilegal el referéndum y ordenó que se suspendiera el voto.

Pero los catalanes hicieron filas desde la madrugada e incluso acamparon en pueblos y ciudades de toda la región. La participación de miles de personas de prácticamente todas las edades fue una extraordinaria muestra de determinación pese a las continuas presiones del gobierno central, que también le ordenó a la policía cerrar las instalaciones públicas para impedir la votación.

Los oficiales de los Mossos vieron pasar a los votantes pero no interfirieron. Y poco después de que abrieran las casillas a las 09:00 de la mañana, la Policía Nacional y la Guardia Civil irrumpieron en varios sitios, incluida la escuela en la que se esperaba que votara Puigdemont.

Ada Colau, la alcaldesa de Barcelona, respondió calificando a Rajoy de cobarde y le exigió su renuncia por la intervención policial.

El problema es con Rajoy

“No es una cuestión de independencia ‘sí’ o ‘no’, de una ruptura de Cataluña con España, sino de una ruptura entre el gobierno de Rajoy y Cataluña”, declaró Colau ante un grupo de reporteros.

Durante la noche del sábado, los catalanes usaron tractores para bloquear el acceso policial a ciertos municipios para que procediera el voto. En otras zonas los habitantes quitaron las puertas de lugares que fueron usados como casillas para que no pudieran ser cerradas con candado.

Los catalanes no solo votaron sin el respaldo de Madrid, sino sin el apoyo de la Unión Europea y otros integrantes de la comunidad internacional. La votación se realizó bajo condiciones improvisadas, como el uso de un censo universal y las boletas fueron impresas por empresas privadas después de que millones más fueron confiscadas por la policía.

Para prevenir la clausura de los centros electorales, el gobierno catalán cambió las reglas de la votación una hora antes de que abrieran las casillas al permitir que los ciudadanos pudieran sufragar en cualquier casilla sin usar un sobre y sin importar si estaban registrados en ese lugar.

Millo, el delegado del gobierno español, dijo que la policía tenía órdenes de confiscar cualquier equipo vinculado al referéndum y no de detener personas pero en las redes sociales y televisoras se mostraron imágenes de varios altercados. Carles Soler, de 52 años, dijo que estaba muy adolorido mientras corría descalzo por Carrer Sardenya en Barcelona después de que un policía lo “golpeó por detrás”, tras lo cual sus “zapatos tampoco resistieron”.

Muchos observadores, pocos resultados

Algunas personas viajaron a Cataluña desde otros países para ser observadores e indicaron que querían asegurarse de que la policía no hiciera uso de la fuerza bruta contra los votantes.

Dimitrij Ruper, excanciller de Eslovenia, encabezó una delegación de 35 funcionarios extranjeros invitados por el gobierno catalán. Después de ver la intervención policial, dijo que los oficiales y la Guardia Civil “no tienen nada que ver con el proceso democrático y no deberían estar aquí”.

Otros compararon la situación en Cataluña con sus propias regiones con aspiraciones separatistas, un tema que ha preocupado a funcionarios de la Unión Europea y de países vecinos de España.

“Todas las personas del mundo deberían tener el derecho a decidir su presente y su futuro, lo que por supuesto implica el derecho a votar”, dijo Andrea Favaro, abogado italiano, mientras esperaba afuera de una casilla el domingo. Favaro es de la región del Veneto, que también ha realizado un referendo no vinculante para independizarse de Italia.

Amplio respaldo

Encuestas de opinión recientes sugieren que poco menos de la mitad de la población catalana de 7,5 millones de personas respaldan la independencia de España, pero los partidos independentistas ganaron la mayoría en el parlamento regional de 2015 y su influencia ha crecido.

Muchos dicen que Cataluña enfrentaría un futuro incierto y peligroso fuera de España, el mercado para la mayoría de los bienes catalanes, y que no tendrían segura la readmisión en la Unión Europea.

Otros se han quejado de que el impulso independentista ha profundizado las divisiones en la zona, cuya economía ha atraído a familias de otras regiones de España y del extranjero.

Olga Noheda, una médica en Centelles, dijo que uno de sus pacientes, un hombre mayor, lloró en su consultorio al decir que temía que su nieta desarrollara una aversión contra todos los españoles. “Estaba muy triste, porque no entendía de dónde había salido todo esto”, dijo Noheda. “Él migró a Cataluña hace muchos años desde Sevilla y se preguntaba si su nieta sabía que él era español”.

Amedrentamiento en todos los niveles

Antes de la votación, los directores de escuelas recibieron cartas en las que les advertían que enfrentarían cargos por sedición si permitían que las instalaciones fueran usadas como casillas. Esos cargos conllevan quince años de prisión.

A funcionarios locales los amenazaron con cargos penales por presunto desvío de fondos públicos. Hace dos semanas la policía española detuvo a decenas de oficiales del gobierno regional, incluido el secretario de Asuntos Económicos. Y en marzo, el exlíder catalán Artur Mas fue multado por 36.500 euros, o unos 39.000 dólares, e inhabilitado de tener cargos públicos por haber realizado una consulta independentista similar en 2014.

La votación del domingo presiona al presidente español quien tuvo que decidir entre detener a las multitudes de civiles –con imágenes que se volvieron virales en redes sociales– o permitir que procediera el voto, lo que podría interpretarse como la admisión de que no controla la región.

Hasta el domingo por la mañana, las casillas tenían un ambiente festivo con la preparación de paella y la música de tambores.

En algunas ciudades como Berga, la gente siguió votando como si nada, al tanto de que la policía y la Guardia Civil podrían intervenir después. Un automóvil se desplazó por la ciudad con un megáfono en el que se decían consignas urgiendo a los españoles a que salieran a “defender las urnas y la democracia”.

En Tarragona, Emilia Roldán Cano fue la primera y última persona en votar antes de que los policías confiscaran la urna de su casilla. Sin embargo, la vendedora de 58 años quedó satisfecha de haber sido una de muchas personas que intentaron votar.

“Soy catalana y amo a Cataluña”, dijo Roldán Cano, cuyos padres se mudaron ahí desde Andalucía en los años cincuenta. “Y ahora la quiero más, viendo todo esto”.

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La Ciudad

Periodista Especializado en Tecnología.