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El sable de San Martín 

Por Sara Liponezky.      –       
De Jesús María al sable de San Martin “dale que va”
En su magistral mensaje del 23 de septiembre de 1947, al referirse a la nueva situación de las argentinas dotadas de derechos políticos Evita señalaba que las mujeres tenemos una difícil misión que cumplir en los tiempos que se avecinan: luchar por la paz. Pero la lucha por la paz es … una guerra sin cuartel contra aquellos que quieren avergonzar nuestra condición nacional”. Era una sentencia claramente atemporal. Tanto que, al cabo de siete décadas, sigue vigente.
La CONDICION NACIONAL no es una abstracción. Nos constituye con nuestra identidad histórica, cultural, lingüística, está en nuestras costumbres, nuestra tradición y nuestros paisajes. Y aunque ha sido ( y es) gravitante el impacto de la colonización pedagógica, siempre las y los argentinos mantuvimos una conciencia básica sobre nuestro pasado común, nuestras gestas y protagonistas icónicos. Con las limitaciones, omisiones y mitos del relato escolar, las niñas y niños argentinos guardan respeto reverencial por la figura de San Martin, considerado nuestro héroe máximo. Muy justo por cierto ya que además de liderar la epopeya independentista, fue portador de ideas luminosas como la integración de una Patria grande, la más inteligente estrategia proyectada para la sustentabilidad y autonomía de nuestros pueblos. Como gobernador de Cuyo protegió la producción local, y abrió espacios de cultura en la región. Sostuvo con ejemplar coherencia su decisión de no intervenir en guerras internas y una ética de hierro en el su desempeño público. La soberanía nacional fue su Causa irrenunciable. Surge nítida de aquella celebre proclama ante el Ejercito de los Andes en julio de 1819, en un marco de dramática carencia de recursos: Seamos libres y lo demás no importa nada. La muerte es mejor que ser esclavos de los maturrangos.” Alienta a defender la dignidad nacional.
Volviendo a la actualidad, resulta evidente que la concepción sanmartiniana sobre libertad asociada a emancipación nacional no tienen nada que ver con el sentido que le asigna el presidente MIlei cada vez que cierra una de sus delirantes alocuciones. Ni necesita diferenciarse verbalmente porque sus actos son elocuentes. La desvalorización, el desguace y entrega de nuestro patrimonio territorial, en una sumisión incondicional al interés extranjero y a la conducción del presidente estadunidense. Su desaprensión absoluta por el destino de nuestros bienes comunes. Compatible con un ninguneo permanente y explicito de ciertos valores simbólicos, con sustento en la tradición y la historia colectivos que están en nuestro ADN nacional. Ya su antecesor y amigo Macri le había pedido perdón al rey de España por los desatinos de nuestros libertadores. Este presidente llamo “Juan” al general San Martin, en una actitud que sería infantil calificar como error. Su verdadera intención en realidad es reafirmar que (como Maquiavelo) “San Martin esta muerto”.
Es un atajo del jefe libertino para impedir que lo interpele con sus ideas tan disruptivas y movilizadoras Resulta muy difícil por no decir imposible dar batalla a un muerto tan potente. Hay que dejarlo en el bronce, bien alto y lejano, sacarlo de la accesibilidad del museo. Porque esos sitios “malditos” persisten en la memoria de los pueblos. Atraen a personas de carne y hueso, son un soporte a la enseñanza escolar, disparan el pensamiento crítico, acortan distancias con el pasado le dan vitalidad en contacto con un público que se apropia del legado. Los testimonios guardan una cargan incontestable y son mojones capaces de hilvanar historias verdaderas. A eso responde la decisión que tomo hace pocos días el gobierno nacional disponiendo el traslado del sable de San Martin desde el Museo Histórico Nacional a San Lorenzo.
Nadie con un mínimo de conocimiento sobre nuestra historia desconoce la destacada participación de ese ejército en la gesta emancipadora. Merece nuestro reconocimiento y su prestigio, como verdaderos custodios del orden constitucional que nunca se prestaron a violentar. Pero ese sable tiene un significado y una trayectoria que amerita ser conocido y apreciado por la mayor cantidad de compatriotas. Lo que será improbable en el nuevo destino resuelto por la infamia presidencial. Resulta obvio que no es un lugar visualizado como custodio de nuestro acervo cultural e histórico. Ni tampoco cuenta con las condiciones físicas y ambientales que garanticen su seguro cuidado. Comparativamente y para reforzar la fuerza simbólica del sable es conveniente repasar lo que ha sido un devenir errático en este siglo. El 18 de diciembre de 1950, «Año del Libertador». Perón firma de puño y letra la creación del Centro de Estudios y el Museo Nacional Sanmartiniano. Para que el Estado nacional se haga cargo de proteger y difundir la historia de San Martín. El gobierno de Juan Onganía dictó en 1967 el Decreto 1256, que un Clarín título “del miedo y del encierro” que mudó el sable al Regimiento de Granaderos(llamativa coincidencia con Milei) . En 2015, el gobierno de Cristina Kirchner lo devolvió al Museo Histórico Nacional, buscando recuperar ese sentido de memoria colectiva. Entre medio, un grupo terrorista lo sustrajo de aquella custodia original elegida por la hija de Juan Manuel de Rosas, depositario por decisión del propio San Martin del magno objeto.
Como no podía ser de otra manera, el acto de traslado y entrega en fecha elegida por ser aniversario del combate de San Lorenzo, se prepara como un gran show al estilo oficial frecuente, banalización, marketing, espectacularidad teatral y centralidad del personaje histriónico más que de la personalidad histórica. La escenificación perfecta de “la biblia que el calefón”. Todo puede ser manipulable para sostener el desarme, el despojo, el vaciamiento cultural y la desmemoria.. Seguramente en su intervención MIlei rematara la ofensa al prócer con la frase mágica tan conceptuosa. .
Sin duda será una materia pendiente de la nueva dirigencia política con compromiso patriótico , desagraviar a tantas mujeres y hombres que honraron con su palabra y su hacer nuestra identidad nacional.

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