FamiliaHistoriaInterés GeneralNacionalesSociedad

El nieto recuperado 118 cuenta su historia por primera vez: “Mi mamá me parió con los ojos vendados arriba de una chapa”

In this June 2, 2017 photo, one of the founders of Grandmothers of Plaza de Mayo, Delia Giovanola, poses for a picture with her grandson Martin Ogando in Buenos Aires, Argentina. Her grandson, Martin, is the 118th grandchild to be located by the group through the National Data Bank, created 30 years ago, to help identify genetically, the children of persons disappeared during Argentina's last dictatorship.(AP Photo/Natacha Pisarenko)

[vc_column_text pb_margin_bottom=»no» pb_border_bottom=»no» width=»1/1″ el_position=»first last»]

[/vc_column_text] [box type=»whitestroke» pb_margin_bottom=»no» width=»1/1″ el_position=»first last»]

Martín Ogando Montesano, criado como Diego Berestycki por una familia que no tenía vínculo con el gobierno militar, siempre supo que era adoptado. Instalado en Miami, con la muerte de sus padres inició el camino para conocer su verdadera historia. Sus miedos y cómo se convirtió en “el Nieto 118”. El testimonio de Delia Giovanola de Califano, la abuela que lo buscó incansablemente hasta encontrarlo y hoy, con 93 años, sigue luchando

[/box] [divider type=»standard» text=»Go to top» width=»1/1″ el_position=»first last»] [vc_column_text pb_margin_bottom=»no» pb_border_bottom=»no» width=»1/1″ el_position=»first last»]

“No abra, es el Ejército, queda una nena sola durmiendo en una cuna”. Ese grito en la madrugada despertó a una vecina del fondo: en el departamento de adelante un grupo de encapuchados se llevaba a la rastra a una pareja que descansaba en su casa de La Plata.

Él, Jorge Ogando, era empleado bancario; ella, Stella Maris Montesano, con 27 años era abogada y cursaba un embarazo de 8 meses. La nena que dormía era Virginia, la hija de ambos, de apenas 3 años.

De esa historia que comenzó en octubre de 1976 y de todo lo que ocurrió después, Martín Ogando Montesano –que fue criado como Diego Berestycki– fue recogiendo piezas mucho tiempo después.

Supo, con el tiempo, que había nacido en el centro clandestino de detención –uno de los tantos montados por la dictadura militar que tomó el poder en 1976 en la Argentina, donde eran torturados y llevados prisioneros de manera ilegal y donde miles terminaron siendo víctimas de delitos de lesa humanidad– conocido como El Pozo de Banfield.

“Me secuestraron con 8 meses de gestación, en la panza de mi madre, me hicieron nacer en la cocina de una celda toda sucia, sobreviví de casualidad. Me contaron que estuve con mi madre apenas tres días. Después me separaron de ella, me vendieron y durante 39 años me robaron mi identidad. Eso me pasó a mí, ni hablar a mis padres que los torturaron y los hicieron desaparecer. Mi madre me dio a luz esposada y con los ojos vendados arriba de una chapa, en un lugar asqueroso, mugriento”, recuerda él, que es Diego, Martín y también “el nieto recuperado 118 de Abuelas de Plaza de Mayo” (hasta fines de 2019 eran 130 los nietos recuperados por Abuelas y se calcula que fueron más de 400 los bebés apropiados durante la dictadura).

Esta entrevista con Infobae, es la primera que da desde que conoció su historia. Es la primera vez que revela cómo fue ese camino de lucha y búsqueda, sus miedos y el cambio en su vida cuando supo la verdad. Diego o Martín (en Estados Unidos lo llaman con el primer nombre, su familia porteña con el segundo -el que quería ponerle su madre-, él usa los dos), de visita en el país, se conmueve al recordar. También está feliz.

Uno de los pilares para ir entendiendo ese entramado, que hasta la actualidad se sigue engordando con nuevos testimonios, relatos y búsquedas, es Delia Giovanolala mujer que pocas horas después de esa madrugada atroz, se hizo cargo de la pequeña que había sido separada violentamente de sus padres y empezó la búsqueda de aquel bebé que nació poco después, cuando su hijo y su nuera estaban en cautiverio. Tanto caminó, investigó y se movió que terminó convirtiéndose en una de las 12 fundadoras de la asociación Abuelas de Plaza de Mayo.

[/vc_column_text] [divider type=»standard» text=»Go to top» width=»1/1″ el_position=»first last»] [vc_column_text title=»–¿Dónde creciste?» pb_margin_bottom=»no» pb_border_bottom=»no» width=»1/1″ el_position=»first last»]

–En el barrio de Colegiales, Buenos Aires. Crecí con Armando y Sofía, mis padres de adopción, por así decirlo, y con Lorena, mi hermana no de sangre, digamos. Una familia de clase media: él era comerciante, después de trabajar afuera pusieron un pequeño mercadito propio. Los años del corralito y toda la crisis fueron complicados para ellos, como para muchos. Entonces se retiraron y se fueron a vivir a Las Toninas, donde teníamos una casa de veraneo. Vivieron hasta el 2015. Ellos, con diferencia de pocos meses, fallecieron de cáncer. Y a partir de ahí es que me presento en Abuelas.

[/vc_column_text] [vc_column_text title=»–¿A vos te habían dicho que eras adoptado? ¿Por qué tenías dudas sobre tu identidad?» pb_margin_bottom=»no» pb_border_bottom=»no» width=»1/1″ el_position=»first last»]

–Porque la cosa es así: yo siempre supe que no era hijo de Armando. Y siempre lo charlábamos, siempre hablábamos de cómo había sido que él me adoptó, entre comillas. Él no podía tener hijos y lo que más quería era tener un hijo. Entonces le dijeron: “Andá a tal clínica de la localidad de Wilde. Tenés que llevar bastante plata y ahí ves”. Y así es como fue. Él se presentó en esta clínica clandestina y, bueno, le vendieron un bebé. Él pagó por mí.

[/vc_column_text] [vc_column_text title=»–¿Esto fue una iniciativa de Armando solo?» pb_margin_bottom=»no» pb_border_bottom=»no» width=»1/1″ el_position=»first last»]

–Armando en ese momento estaba con otra mujer, Ana. Armando y Ana me fueron a adoptar. Estaban casados. Pero cuando yo tenía un año ellos se separan. Al tiempo, Armando se junta con Sofía, que a su vez tenía a Lorena, mi hermana que me lleva un año y medio. Entonces ahí se arma esta familia. Cuando estuve en primer grado, cuando ya tuve un poco más de noción, pedí irme a vivir con Armando y ya no más con Ana. Y ahí ya me quedé. Con Armando siempre hablábamos de todo, de cómo fue mi “adopción”, de que fue en diciembre del ‘76, plena dictadura. Y siempre estaba en el aire el tema de que yo podía ser hijo de desaparecidos. De alguna manera tuve esa suerte de que se hablara, a diferencia de otros nietos recuperados. A muchos les dijeron, hasta muy grandes, que eran hijos biológicos de esas familias. Hasta que se hacían el test y les daba lo contrario. En ese sentido, yo le súper agradezco a Armando que me haya dicho siempre la verdad.

[/vc_column_text] [vc_column_text title=»–¿Sabías algo de Abuelas de Plaza de Mayo o de cómo era el procedimiento para que te hicieran el test de ADN?» pb_margin_bottom=»no» pb_border_bottom=»no» width=»1/1″ el_position=»first last»]

–Uno siempre había visto o escuchado el slogan. Muchos crecimos escuchando “si tenés dudas de tu identidad y naciste entre el ‘75 y el ‘80 presentate a Abuelas”. Así que lo hice de manera espontánea. Me atendió una muchacha que, en el momento que vio mi partida de nacimiento, me dijo: “Esta partida es trucha”. Ellos tienen experiencia en detectar esas cosas, para mí era la partida con la que me había manejado toda mi vida, en trámites, en escuelas, en todos lados. Además hubo un dato que le debe haber llamado la atención: la firma “Franicevich”. Franicevich es una partera de la dictadura, que estaba directamente relacionada con lo que se conoció como “Circuito Camps”.

[/vc_column_text] [vc_column_text title=»–Vos esperaste que Armando y Sofía murieran para iniciar esta búsqueda. ¿Por qué tomaste esa determinación?» pb_margin_bottom=»no» pb_border_bottom=»no» width=»1/1″ el_position=»first last»]

–Yo sentía que no era mi momento, que les debía respeto. Y también sentía que, en el caso de que el análisis me diese positivo, podrían llegar a tener problemas con la Justicia. La verdad es que todo eso yo no lo quería. No es que yo esperé, sino que se dieron así las cosas. Ellos fallecieron y a partir de ahí empecé. Pero siempre crecí con eso de querer saber sobre mi identidad. Quería saber de dónde venía, crecí con un apellido polaco y quería saber si venía de esos lados, de Polonia, de Italia, o de España, qué sé yo… Tengo rasgos rubios y de ojos claros, entonces me parecía que tal vez de algún lugar así venía.

[/vc_column_text] [divider type=»standard» text=»Go to top» width=»1/1″ el_position=»first last»] [vc_column_text title=»LA ABUELA» pb_margin_bottom=»no» pb_border_bottom=»no» width=»1/1″ el_position=»first last»]

“Mi nombre es Delia Cecilia Giovanola y puedo decirlo porque sé quién soy”, comienza su diálogo con Infobae y agrega: “Nací en la prehistoria (risas), en 1926, en la ciudad de La Plata. En febrero cumplo 94 años”.

Delia creció en la ciudad a la que su abuelo llegó desde Italia para embellecer. “Mi familia vino desde Milán a fundar la ciudad de La Plata, a hacer obras, edificios ornamentados. Él vino con dos o tres hijos, entre ellos mi padre, que también fue escultor. Me recibí de maestra y empecé a ejercer en el ‘45. Hice mi carrera docente y me jubilé como directora de escuela, justamente, a raíz del golpe militar. Lo tuve que hacer obligatoriamente”, recuerda.

Delia en 2015, durante el anuncio de la restitución de la identidad de su nieto

Delia en 2015, durante el anuncio de la restitución de la identidad de su nieto

Uno de los primeros dolores que tuvo que afrontar en la vida fue la muerte de su primer esposo: “Me casé muy joven, a los 20 años, y tuve un único hijo, Jorge. Enviudé a los 37 años. Jorgito tenía 15. Ahí empecé a trabajar de todo lo que podía porque yo era el sostén. También estudié bibliotecología, que me sirvió mucho”.

Durante sus años de docente era, de alguna manera, la maestra del barrio. La escuela donde trabajaba quedaba en la esquina, así que su casa era una especie de continuidad del establecimiento: “Mi hogar era una sucursal de la escuela. De hecho la propia Stella Maris, que terminó casándose con mi hijo, había sido alumna mía cuando tenía 5 años. La mamá me la trajo a casa junto con su hermana melliza, Lili, porque quería que aprendieran a leer y escribir para adelantarlas un grado. Fue realmente maravilloso porque fue increíble lo que aprendieron”.

Años después, la docente se casó nuevamente y se mudó con su nuevo marido a Villa Ballester. Para entonces su hijo, empleado del Banco Provincia en La Plata, se había casado con Stella y tenían una hija.

Delia sostiene un cartel en Plaza de Mayo, en plena dictadura. Su imagen se convirtió en un emblema (Facebook)

Delia sostiene un cartel en Plaza de Mayo, en plena dictadura. Su imagen se convirtió en un emblema (Facebook)

“Ese octubre del ‘76 me llama por teléfono a la escuela la hermana melliza de Stella y me dice: ‘Delia, se llevaron a los chicos’. No tenía la menor idea de qué me hablaba. ¿Quién los llevó? ¿Dónde? ¿Cómo? Era una pregunta tras otra. Y cada vez era peor la respuesta: terminé gritando y llorando en la dirección de la escuela. No entendía nada ni sabía nada. Yo hacía mucho que ya no vivía en La Plata, en la ciudad siempre hubo movilización estudiantil, eso lo viví toda mi vida. Pero acá en Ballester yo vivía en otro mundo, no existían las universidades, las luchas estudiantiles, nada. Y no entendía qué pasaba. Me fui a La Plata y me la traje a mi nieta Virginia a vivir con nosotros”, afirma.

En medio de la incertidumbre, Delia y su esposo se encargaron de la crianza de Virginia: “Al principio éramos como los padres, criando a una criatura de tres años. Eran días de no poder llorar, con ella chiquita. Un día, después de no sé cuánto tiempo de que se llevaron a los padres, mientras la acunaba a la noche para dormirla, me dice: ‘¿Abuela, hoy no llorás?’. Los chicos saben todo».

La búsqueda de Delia empezó, entonces, por el paradero de su hijo y de su nuera: “Instintivamente salí a buscarlos, entre las primerísimas madres. Estaba Azucena Villaflor en la Plaza de Mayo, éramos muy poquitas y nos quedábamos paradas hablando, hasta que los militares con armas largas nos dicen ‘no pueden estar paradas, hay estado de sitio tienen que circular’. Y ahí empezamos a circular y, qué ironía, fueron ellos quienes nos obligaron a hacer la ronda. La verdad es que yo cuento la historia desde mis vivencias y mis recuerdos: yo busqué primero a mi hijo y mi nuera y después al nieto”.

A medida que el tiempo pasaba, en la casa de Delia crecía Virginia y ella seguía asistiendo a las rondas donde se encontraba con esas otras mujeres que vivían lo mismo que ella. Un día, una de las presentes sorprendió al grupo con un pedido especial: “Si hay alguna madre o suegra de embarazadas, que venga”.

“Y ahí salí, cuando éramos dos o tres posibles abuelas. Empezábamos a ver cómo buscábamos al nieto. Con la experiencia de buscar a los hijos, buscábamos a los nietos: en vez de ir a cárceles, visitábamos Casa Cuna, guarderías, hospitales donde nacieran bebés, presentábamos hábeas corpus en tribunales de menores. Lo que hacíamos con los grandes, lo hacíamos igual con los bebés. Así fuimos dando nuestros primeros pasos”.

Una imagen de Delia manifestándose en Plaza de Mayo puede verse en la película

Una imagen de Delia manifestándose en Plaza de Mayo puede verse en la película «Los dos Papas», recientemente subida a la plataforma de Netflix

Delia integró el grupo de las primeras 12 Abuelas de Plaza de Mayo y, como sostiene hoy, lleva 43 años en una institución que atravesó las fronteras y se convirtió en un emblema mundial de la búsqueda de la identidad y los derechos humanos.

En el medio supo que su nieto había nacido en un centro clandestino de detención, que era rubio y de ojos celestes, que los padres lo querían llamar Martín y que Stella conservó un pedazo de cordón umbilical que, mediante otros detenidos, llegó a manos de Jorge, para que él supiera que el bebé había nacido.

Quien la acompañó durante años fue su nieta Virginia, que llegó a donar su sangre al Banco de Datos Genéticos para que, en caso de encontrarlo, fuera contrastada con la de su hermano.

Hasta que en 2011, un nuevo dolor golpeó a Delia de manera inesperada: a los 38 años, Virginia se quitó la vida.

“Ella no pudo salir de una depresión muy tremenda. Es algo que no voy a superar nunca”, afirma Delia y su voz se entrecorta. “Pero así como prometí buscar a mi hijo, le prometí a ella buscar a su hermano”, señala.

[/vc_column_text] [divider type=»standard» text=»Go to top» width=»1/1″ el_position=»first last»] [vc_column_text title=»EL ENCUENTRO» pb_margin_bottom=»no» pb_border_bottom=»no» width=»1/1″ el_position=»first last»]

Delia recuerda que tenía que ir desde Villa Ballester hasta el Centro Cultural Kirchner, a un evento. En el camino, la llaman para que cambiara el destino y fuera a la sede central de Abuelas a almorzar, en el centro porteño. Ella decía que no, que se había comprometido a ir a ese acto, que no podía faltar. La charla siguió un buen rato, hasta que le mintieron, le dijeron que el acto se había suspendido. Entonces, como ya había salido de su casa y el auto que la llevaba se encontraba en medio de la autopista, fue al edificio de la organización y se encontró a todos muy silenciosos. Hasta que finalmente le dijeron, en una especie de grito colectivo, lo que ocurría: “¡Encontramos a Martín”.

“Ahí me pongo a gritar y a llorar en la parte del frente. Pero yo veía que se iban al fondo algunos. En ese momento no conocía bien el protocolo cuando aparece un nieto, porque siempre llegaba cuando ya lo habían anunciado o para las conferencias de prensa. Ante la aparición de un nuevo nieto, primero le avisan a la abuela y después al nieto. Si ellos quieren, los ponen en contacto”, señala Delia.

Aquel día, fue ella la que escuchó una voz que desde una oficina le dijo: “Tu nieto quiere hablar con vos”.

“Fui corriendo como una libélula, ¿te imaginás cómo corre una libélula? (se ríe). Agarro el teléfono y del otro lado, ¡un silencio! Le digo: ‘Hola, Martín’. Y después caigo. Le pregunto si estaba bien que lo llamara así. Y él me dice: ‘Podés llamarme como quieras, me buscaste 39 años’«, recuerda con orgullo.

Pocos días después de aquella primera llamada, Delia y Diego Martín pudieron encontrarse en la Argentina. Él se tomó un avión desde Miami con sus hijas y su esposa de entonces.

[/vc_column_text] [vc_column_text title=»–¿Cómo fue el encuentro?» pb_margin_bottom=»no» pb_border_bottom=»no» width=»1/1″ el_position=»first last»]

–El 17 de diciembre viajamos para Argentina a conocer a mi nueva vieja familia (risas). En el aeropuerto fue a buscarme la tía Lili, ahí es que la conozco a la melliza de mi madre. Al día siguiente voy a conocer a mi abuela. Hay una anécdota porque habíamos dicho que íbamos a la mañana para desayunar y llegamos más cerca del mediodía. Cuando llego, ella agarra la puerta y ya de lejos me señala el reloj como diciendo “estás súper atrasado” (risas). Ella es muy cómica. Y fue espectacular. Abrazos, besos. También con mis nenas.

[/vc_column_text] [vc_column_text title=»-¿Cómo es el vínculo con tu abuela a la distancia?» pb_margin_bottom=»no» pb_border_bottom=»no» width=»1/1″ el_position=»first last»]

-Hablamos mucho por teléfono. Por suerte ella es una abuela muy tecnológica, muy canchera con el celular, a pesar de que ahora en pocos días cumple 94 años. Con la tecnología anda bárbaro: tiene su Facebook, tiene su Instagram. Está todo el día contestando mensajes en el Facebook, maneja el teléfono y Whatsapp perfecto. Y yo estoy viajando más a Argentina.

 

Para Delia, el vínculo con su nieto es “una de las mejores cosas” que le dio la vida. “Él fue comprado, pero la persona que lo crió lo hizo con mucho amor y es una persona muy cariñosa. Es igual a mi hijo Jorge”, señala y cuenta que tienen contacto diario.

“Cuando voy a las reuniones en Abuelas, más de una vez me retan. Me dicen: ‘Ya estás con el celular otra vez’”, dice Delia y agrega: “La verdad es que hacen bien en retarme; yo no me comporto como una abuela, tengo mis defectos, hice rappel a los 84 años y manejo lanchas. Y es como digo siempre: estoy en peligro de extinción”.

Si tenés dudas sobre tu identidad o conocés a alguien que puede ser hijo de desaparecidos, contactate con Abuelas de Plaza de Mayo: 0054 11 4384 0983

[/vc_column_text]

Related Articles

NacionalesEconomiaPolíticaSociedadTrabajo

El INDEC quedó en la mira tras la renuncia de Marco Lavagna.

La crisis estadística que desencadenó la renuncia de Marco Lavagna al frente...

NacionalesEconomiaEducaciónPolíticaSociedad

Docentes universitarios se suman al paro del 11 de febrero

El primer Plenario del año de Secretarias y Secretarios Generales de la...