Según nos comenta el apreciado convecino e investigador Pablo Schvartzman, el primer monumento erigido al General Justo José de Urquiza, se realizó mientras este estuvo en vida. El mismo se inaugura el 9 de agosto de 1850 en Concordia, día de San Justo y Pastor. Este monumento consistía en una columna, en cuya cúspide se encontraba el busto de mármol de Urquiza.
El 11 de abril de 1871, una fuerte tormenta azota la ciudad entrerriana. Un rayo da justo sobre el monumento, cayendo el busto al suelo y haciéndose pedazos su cabeza. Esas piezas de mármol terminaron parando en la cárcel estatal, la cual sirvió para picar la carne destinada al consumo de los internos.
Como podemos advertir, a semejanza de San Martín, cuyo primer monumento fue erigido en el país trasandino, el primer monumento al Organizador de la República, se erigió en otra localidad que no fue aquella que lo tuvo por hijo.
El gran homenaje desde la capital entrerriana
Hubiese sido de esperar que luego de fallecido Urquiza y transcurrido los tiempos de la revolución jordanista, Concepción del Uruguay fuese la primer localidad entrerriana en rendir justo homenaje a uno de sus hijos más distinguidos. Más aún teniendo en cuenta que Concepción revestía su condición de capital provincial. Sin embargo, no fue así. Al poco tiempo, Paraná se llevó el privilegio capitalino. Distintas circunstancias políticas y económicas hicieron que Paraná llevara adelante el ambicioso proyecto que hoy la Comisión Nacional de Monumentos de Lugares y de Bienes Históricos, dependiente del Ministerio de Cultura de la Nación, ha declarado Monumento Histórico Nacional. Está conceptualizado como uno de los más bellos del país. No es para menos. Tuvo como punto de partida aquella piedra fundacional colocada el 18 de octubre de 1901 en el centenario del natalicio de Urquiza y se inauguró el 11 de noviembre de 1920, año del cincuentenario del fallecimiento del mandatario, en el día del Pacto de San José de Flores. La fantástica obra se alza imponente en un sector de las 44 hectáreas que ocupa en el actual Parque Urquiza. A esa emotiva jornada inaugural asistieron autoridades nacionales y municipales, descendientes de Urquiza y sobrevivientes de la Batalla de Caseros. La edificación consta de 17 metros de altura, en cuya cima se aprecia un Urquiza a caballo con aires de liderazgo, pero con semblantes de moderación. Tiene en su basamento importantes escenas de la vida pública del estadista entrerriano: la Batalla de Caseros, el Acuerdo de San Nicolás y la Constitución Nacional. La autoría del monumento es del catalán Agustín Querol. Inesperadamente, producto de su sorpresivo deceso, la obra tuvo que ser concluida por su compatriota Mariano Benlliure Gil.
¿Buenos Aires primero?
A esta altura de los acontecimientos, Concepción del Uruguay seguía en deuda con su hijo. Todo parecía indicar que la Histórica sería el escenario para un próximo homenaje edilicio al Organizador de la República. Sorpresivamente, una nueva e impensada obra empieza a tomar forma. Aquella ciudad de Buenos Aires, de la que en algún momento había surgido tan fuerte parcialidad cuestionando y difamando al gobernador entrerriano, era la que ahora pretendía un espléndido monumento a semejanza del de Paraná. La construcción se emplazó en el barrio de Palermo, zona donde Urquiza residió después de la batalla de Caseros. Además, allí se había llevado a cabo el famoso Protocolo que daría pie al Acuerdo de San Nicolás.
El monumento representa a Urquiza con un bicornio en su cabeza, sobre el caballo. En los basamentos laterales aparecen dos escenas claves en orden a la organización nacional: la Batalla de Caseros y la sanción de la Constitución de 1853.
Lo singular de este monumento ordenado por las autoridades nacionales para el año 1958, – expresa el Lic. en periodismo Diego Zigiotto – es que: “exhibe una curiosa licencia de los escultores Renzo Baldi y Héctor Rocha: el apero no tiene cincha. Sin ese elemento, que sujeta el apero al caballo por debajo, tanto el apero como el jinete, en este caso Urquiza, se caerían.”
50 años del monumento en Concepción del Uruguay (1970 – 2020)
El largo camino en la materialización de un justo homenaje
El monumento que se encuentra al ingreso de nuestra ciudad se levantó por iniciativa del Club de Leones con motivo del centenario del fallecimiento del prócer entrerriano, en 1970. Sin embargo, la obra edilicia tiene un largo historial.
Habiendo transcurrido ya un lustro de que Paraná comenzara a concretar su homenaje a Urquiza, en Concepción, el 17 de julio de 1905 se creaba una plaza que llevaría el nombre de “Gral. Urquiza”. Al mismo tiempo, se solicitaba levantar una estatua a Justo José de Urquiza.
En 1907 cobra vida la Ordenanza Municipal Nº 127, del mes de septiembre, que “destinaba $ 10.000 para la creación del monumento solicitado en esta ciudad que perpetuará la memoria del Cap. Gral. Don Justo José de Urquiza.”
A pesar de ello, recién en el año 1920, en el 50 aniversario del fallecimiento de Justo José de Urquiza, se llevan a cabo homenajes al mecenas de la educación. El 17 de marzo de dicho año, el intendente de turno convoca a la población para conformar la
Comisión Pro Monumento al Gral. Urquiza y la organización de los actos a llevarse a cabo el día 1º de Mayo con la colocación de la piedra fundamental. Lamentablemente, nada se hizo. El tiempo comenzó a transcurrir, la plaza cayó en abandono, quedando sólo una placa de piedra que decía: “Monumento al Capitán Gral. J.J. de Urquiza – 11 de Noviembre de 1920”. Esta situación incomodó a la comunidad local y motivó la protesta pública y hasta inclusive de los mismos descendientes de Justo José de Urquiza.
En 1927, el entonces presidente municipal, reflota la propuesta y promete un monumento en un lugar urbanizado más importante. Pasa el tiempo y nada ocurre. La hija mayor de Justo José de Urquiza y Dolores Costa, Lola, manifiesta públicamente su disconformidad y desilusión.
Pasaría mucho tiempo más y llegado el año del centenario del fallecimiento de Urquiza, la ciudad no podía seguir manteniendo la deuda. El 11 de abril de 1970 se inauguraba la labor del tandilense Alberto “Toto” Guinea. El artista plasma en la obra el siguiente conjunto de elementos. Dos obeliscos que reflejan tanto la vida pública como privada de Urquiza. La última no menos importante que la primera. Catorce escalinatas – siete de cada lado – representando a las provincias existentes al momento de jura de la Constitución Nacional de 1853 que tuvo lugar en el Congreso de Santa Fe. Aquella anhelada Constitución está simbolizada en el gran libro que se ubica entre los escalones. Ella será la que le posibilite a Justo José de Urquiza convertirse en el primer presidente constitucional de los argentinos. La imagen de él con su banda presidencial y bastón en mano, lo muestra exhibiendo su liderazgo con entereza. Su mirada, que se pierde en el horizonte, indica el proyecto de país a seguir: el de la organización nacional en un estado auténticamente republicano y federal.
Más allá del bronce y las palabras
Sorprendidos por la pandemia, los sentidos homenajes a esta destacada personalidad que tanto hizo por el bien común de los entrerrianos y de los argentinos quedaron truncados. Aunque quizás el homenaje que pretende este hombre, que nos deslumbró por lo multifacético y talentoso, es justamente el de retomar ese camino. Ser los patriotas incansables que no se dejan doblegar por las dificultades y que en ellas encuentran las ocasiones propicias para agudizar la creatividad y el ingenio. Los argentinos sabemos hacerlo. ¡Mirémonos como hermanos! ¡Hay mucho para hacer! ¡Cada uno desde su puesto!
¡¡¡VIVA LA PATRIA!!!
Lic. Prof. José Alejandro Vernaz
Centro Cultural “Justo José de Urquiza”
