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El halcón… y sus razones

por José Florentino Beorda    –

Fábula

Es como si esperase el aparecer del sol sobre la tierra… Así se  asoma. Embriagado de sí mismo. Expectante… Peregrino.

Yo lo observo.

Entusiasmado luego por el sino de su sin igual silueta desandando el espacio en indescriptible acrobacia aeróbica…

Por debajo, en tierra… carpa, piedra y verde. Viento que se diluye y paciencia de pradera. Algo más tarde… las pausas y el aquietarse un poco todo.

-Cuando te reiteras… me preocupas. (Graznar y canto articulado y suave que alienta en cada confidencia.) ¿Qué te falta? ¿Qué pretendes?

Se había posado cerca, junto a mí, como si nada.

Como si fuera parte del paisaje la persona humana.

-La fuente del saber… El porqué de la abundancia o la escasez, le digo. El artilugio del hacer y del no hacer. En fin… La conciencia, la razón y el alma.

Esperé… Centrado en mi aptitud y mi cordura.

Lo oscuro de su incisivo mirar; el peso de su aleteo pausado, hizo que temblara.

Nada más ya dije.

-¿Sólo eso?… ¡Bueno será que lo intentes!… ¿O ya lo tienes?

Así comenzó aquel diálogo, transparente y como en letargo.

-No. No. Aún no sé por dónde comenzar.

-Ya lo has hecho… ¡Ya lo has hecho!

Y comenzó a alejarse en enérgico y parsimonioso aleteo… para regresar, a pleno sol, pausadamente, saturado de azul de luz y de gris.

Entonces:

-¿Cómo definirías mi vuelo?… ¿Lo has visto?

– (¡Cuánto dudé!) En fin. No… ¿Deberías hacerlo una vez más…?

Ronco, gutural y franco, su graznar me hizo sonreír.

-No puedes aprender si no observas y te observas, remarcó.

Y fue al aire. Una vez más…

¡Estaré siempre pendiente de aquella reprensión!

Rasante… Veloz. Flamígero… mientras el paisaje iba y venía por sobre y dentro de su silueta… en mis retinas.

¡Ni el viento huracanado alcance aquel, su vértigo!

-La observación es pauta para un discernimiento, dice al llegar. El discernimiento agudiza la observación y es atributo de una actitud. La actitud…eres tú mismo… En acción.

Sopesé brevemente para explicar después…

-Es decir… Que por hoy…  he comenzado bien.

– (Como en susurro) No lo sé. Piensa mientras te alejas…  Y procura orientarte hacia la armonía entre ser y saber.

-Fácil para ti es decirlo… ¿Cómo hacerlo?

-(No estaba cerca ni estaba lejos… Sólo estaba.) Comienza por tu filosofía: Si exageras en ella… retrasarás tu vivencia. Si no te asumes en ninguna… decaerás en tu proceder… ¿Por cuál te decides?

Quedé sin respuesta.

Lo atribuí a mi cansancio y no a mi carencia de virtud.

Así fue. Qué más… Sólo al escuchar su modelado canto, lejano y en festejo, mientras discurría entre aromas, piedra y soplo, pradera abajo, me alejé como deseando volver la vista atrás… Cada vez más.

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