Por Gustavo Sirota –
Sufriendo, como todas y todos, el constante aumento de productos de la canasta básica de alimentos, combustibles y seguramente en breve los servicios no puedo permanecer en silencio. Menos aún podría dejar de recordar lo que significaron en similares cuestiones los cuatro años de Macri y sus secuaces.
Los datos son de fuentes insospechadas de “populismo”, “kirchnerismo” o “mediosK”:Infobae, Clarin, La Nación, BBC, Financial Times y Cronista Comercial. Para Mabel que se indigna y para doña Rosa que no puede más con lo que dice la tele siempre en el mismo canal.
Entre diciembre de 2015 y diciembre de 2019 la luz aumentó 1283 %; el gas 3556%. Los combustibles subieron más de 350%, pasando la nafta súper, de 13, 45 a 49 pesos. Los alimentos no fueron excepción: El aceite de girasol pasó de 13,50 a 75 pesos – 455%; la picada común de 36 a 225 pesos – 525% -, la harina multiplicó por casi cinco su valor de 7,2 a 35 pesos y la yerba se fue de 35 a 170 pesos, esto es un 490%. La falda subió por cuatro su precio desde el primer día de diciembre de 2015 a igual día de 2019. El asado en igual período pasó de 87,68 a 330 pesos, un 370 % más.
Por eso la grieta de la desmemoria. Para no olvidar y refrescar muchas memorias frágiles.
La grieta de la desmemoria
Vivimos en un país raro, complejo, difícil. Surcado por contradicciones y con una historia bicentenaria que no termina de ser desmenuzada y comprendida en su totalidad.
Lo que peor, es que se ha realizado usando mayoritariamente los libritos, los manuales, los medios y el “sentido común” que los dueños de la hegemonía cultural – los que han construido y contado “nuestra” historia – han vertido como “verdad” en la cabeza, en las ideas en realidad, de buena parte de quienes comparten este “destino argentino” en el que nos embarcamos desde el mismo momento de nacer en estos lares.
Los tiempos que nos han tocado son de profundas divisiones, de odios enconados, de enojos sin recule. La grieta entre dos partes, o muchas más pero subsumidas en dos mitades donde no hay posibilidad de acuerdos, de diálogos y menos de razonar juntos acerca de males y problemas estructurales que nos quejan.
Largo sería el análisis de una ruptura que se remonta a la segunda mitad de siglo XIX – a mi juicio y apreciación de la historia claro -, y que tiene que ver con los modos, las formas, los métodos y especialmente las razones materiales en las cuales se construyó nuestra Argentina. Debate necesario, a veces infructuoso, pero apasionado que debe darse en forma de “batalla cultural” cada día contra los poderes hegemónicos y concentrados que nos mienten, nos desinforman y sobre todo han colonizado el “sentido común” de generaciones de compatriotas.
Pero solo quiero detenerme en una rápida apreciación acerca de la realidad de un gobierno al que vote, al que apoyo y defiendo críticamente, que con aciertos y errores ha debido hacer frente a una pandemia planetaria y a los estragos de cuatro años de destrucción y saqueo sistemático llevado adelante por Macri y sus secuaces. Creo que aún no dimensionamos lo que cuatro años de neoliberalismo han significado para millones de argentinos y argentinas.
Como decía soy muy crítico del gobierno de Alberto Fernández. Ni hablar de gobernadores como Bordet, un neoliberal con buenos modos. Como cada uno de quienes habitamos en este país sufro a diario por millones que no tienen lo mínimo para subsistir, con flagelos como el desempleo, la precarización laboral, la marginalidad, la violencia sistémica, la inseguridad y cada uno de los males que nos aquejan desde hace décadas – insisto en poner el inicio de nuestros males en las clases dirigentes y el modelo de país que construyeron en su propio beneficio, el de pocos privilegiados, en la segunda mitad del siglo XIX – y con los cuales nos toca convivir tristemente a diario.
Los aumentos de precios desde diciembre de 2019 a la fecha son difíciles de digerir. Más diría son una cachetada a quienes esperanzados acompañamos a Alberto y le dimos nuestra confianza en las urnas. Sería necio no cuestionar los índices inflacionarios, los continuos aumentos en los combustibles, en los servicios y en los alimentos. Lo hago casi como catarsis a diario.
Pero a diferencia de muchos, algunos bienintencionados y otros que solo lo hacen de “mala leche” movidos por un rencor solo explicable en términos de análisis sociológicos, tengo memoria, herramienta indispensable para no olvidar y poder poner blanco sobre negro algunas cuestiones.
Tomando datos de fuentes insospechadas de ser kirchneristas, populistas, k, cristinistas o el nombre que quieran darle podemos hacer un breve repaso de aumentos y subas de precios en el período diciembre de 2015 a diciembre de 2019 cuando el país estuvo en manos de Macri y sus secuaces. Infobae, La Nación, BBC, Financial Times y Cronista Comercial evitan que deba hacer más mención que a sus nombres para despejar sospechas de “kukas” o como les guste señalar despectivamente a los desmemoriados e indignados selectivos de 2021.
BBC nos recuerda que en el período enero de 2016 – abril de 2018 la luz había subido en Argentina un 920 % y el gas un 930%. El Financial Times afina estos datos y para el período diciembre de 2015 / diciembre de 2019 ubica en 1283,3 % los aumentos de la luz y 3556, 3% en el caso del gas. Si, 13 veces más la luz y 36 casi veces más el gas en cuatro años de gobierno de Macri y sus secuaces.
El combustible subió más de 350%, pasando la nafta súper, de 13, 45 a 49 pesos. Los alimentos no fueron excepción: El aceite de girasol pasó de 13,50 a 75 pesos – 455% más -; la picada común de 36 a 225 pesos – 525% de aumento -, la harina multiplicó por casi cinco su valor de 7,2 a 35 pesos y la yerba de 35 a 170 pesos, esto es un 490%.
Podemos seguir haciendo un repaso si se quiere refrescar la memoria de los desmemoriados. La falda multiplicó por cuatro su valor desde el primer día de diciembre de 2015 a igual día de 2019. Lo mismo los demás cortes de carne. El asado, emblema de nuestros encuentros de amigos o domingos en familia pasó de 87,68 el 1° de diciembre de 2015 a 330 pesos cuatro años más tarde, esto es 370 % de aumento. Quizás sea bueno recordar la preocupación de los carniceros que alertaban por la caída del consumo a menos de 50 kg por habitante, cifra “más baja de los últimos 80 años” el mismo día de 2018 que los diarios del multimedios hegemónico abundaban en las bondades de “comer bofe, un corte con mala prensa” tal lo titulaban.
Terminó aquí mi repaso con una breve reflexión acerca de la memoria acotada y la indignación selectiva de muchas/os bienintencionados amigos, vecinos, compatriotas.
Se lo dice un sincero votante de Alberto, que no ha abjurado de sus simpatías con políticas y decisiones del Kirchnerismo – especialmente en los gobiernos de Cristina -. Un entrerriano que sufre y critica las políticas neoliberales de Bordet y sus acólitos, que putea contra un gobierno que hace más de un año que no aumenta salarios ni jubilaciones en la provincia, que ha desfinanciado la caja de jubilaciones y el IOSPER, que ha endeudado a Entre Ríos de manera brutal.
Como cada mañana seguiré puteando a Alberto por muchas cosas que no comparto, que no voté. No puede ni debe permitirse más aumentos en los productos de la canasta básica, en los combustibles y en los servicios. Urge recomponer salarios y jubilaciones.
Pero lo que menos se puede es no tener memoria. Seguramente la salida tenga que ver con algunas cuestiones que en estos días han esbozado algunos dirigentes lúcidos y dignos como Alcira Argumedo. Cada año se fugan entre megamineras, grandes pools de exportadores y cerealeras, petroleras y el sistema financiero casi una deuda externa completa del país. Así, si no se cambia la matriz productiva, somos una Argentina inviable.
Pero sin memoria ni siquiera merecemos tener futuro.
