Por Ana Hernandez – .
Mientras jugamos a despolitizar estamos politizando. La próxima discusión es discursiva y quien narre o quien se sienta con derecho a hacerlo será decisivo. La batalla será discursiva y es en la arena de la política, esa construcción de la realidad definirá si emerge el nuevo paradigma. Así empezaba la nota de editorial anterior en este medio que data del día 13 de abril.
Esta semana aparecieron los argumentos de Macri, Bolsonaro y Trump. El rechazo al Estado en medio de la pandemia no es más que el repudio a la salud pública. Pero también vale mencionar que los neo keynesianos lo hubieran podido evitar si no creaban la falsa dicotomía entre salud y economía. No es salud primero y economía después, porque de hambre también se muere, y se mueren los más vulnerables. Si es vida antes que dinero, y nuevamente el relato con sus significantes para nada vacíos. No es Salud vs Economía; Es Vida vs Dinero.
Contexto
Los marcos sociales hoy se enumeran con fenómenos que trajo la pandemia; la distancia social, la preocupación ecológica, la robotización, la inteligencia artificial, la civilización de la pantalla, la realidad aumentada, el control del Estado o la disidencia política en el siglo XXI. Como no sentir un mundo cambiado si hasta el amor y el sexo padecen de nuevas configuraciones.
Falso debate
El inicio fue un lunes y siguió todo el hilo con una carta. Todavía el periodismo radial y gráfico tiene la potestad de ser generador de noticias que luego se instalan y se viralizan en las redes. Se logra instalar en el sentido común de la clase media una falsa polarización. Como si los sueldos de los trabajadores de la salud y el servicio médicos en general pudieran discutirse, y como si alguien se atrevería a disentir que son bajos, al igual que el sueldo docente en algunas provincias. Nadie podría cuestionar justamente y en este marco la remuneración “merecida” de un profesional de la salud. No obstante, el verbo merecer no es casual.
Falsa dicotomía y no obstante otra vez como en años pasados trayendo la meritocracia a la discusión de la agenda pública. Construyendo una falta rivalidad, excepto que el discurso hegemónico lo gane en el terreno del sentido común. El objetivo construir una rivalidad con el argumento de la meritocracia entre quienes deberían tener más similitudes que disonancias. Los cargos públicos son un servicio a la sociedad.
La erosión a la práctica política se debe en este momento porque la economía está siendo conducida desde la política y no al revés, esa es la verdadera discusión.
La ciudadanía guarda en sus retinas y en su cuerpo los vestigios de la crisis del 2001 la cual perduro varios años. A diferencia del default 2001 y canje posterior en 2005, en esta negociación argentina cuenta con amplio apoyo local de fuerzas políticas y sociales, y externo con el FMI y el G20.
Además de la expansión de una deslegitimación social sobre el funcionamiento de la actual fase del capitalismo global dominado por las finanzas. La discusión es como se distribuyen los recursos en el marco donde se presenta un proyecto de impuesto a la riqueza (que no afectaría a más de 100 familias en el país). La batalla que se quiere ocultar es entre política estatal y economía de mercado. La pelea es por la adhesión que hoy gana la política como herramienta distributiva de los recursos. La discusión es de fondo y no de forma.