Algunos ven como anecdótico o curioso el origen griego de Pedro Samuel Spiro y su inmolación. Para quienes somos amantes de la historia griega y estudiosos de los hombres que, desde allí, iluminaron el pensamiento durante siglos, no. ¿Por qué? Porque no hizo mas que hacer honor a la historia de los héroes que se pintan en aquellas historias y que vivian y luchaban buscando una muerte gloriosa y a través de ella la inmortalidad. El comandante Spiro, haciendo honor a esa tradición, una vez mas lo demostró.
El 28 de marzo de 1814 no fue un día cualquiera para los habitantes del Arroyo de la China, actual Concepción del Uruguay. Un feroz y heroico combate naval ensangrentó las aguas del río.
Tras ser derrotada en Martín García, la escuadrilla española realista, al mando del Capitán de Navío Jacinto de Romarate, se interna en el río Uruguay.
El Almirante Brown suponía que las naves hispanas estaban escasas de municiones -cuando en realidad no era así- y por ello envió en su persecución, con intención de rendirlas, una división naval compuesta por cinco naves al mando del Capitán Tomás Nother.
El 28 de marzo de 1814, ambas fuerzas se encontraron en Arroyo de la China -actual Concepción del Uruguay- y allí sostuvieron un intenso combate, resultando vencedor el bando español.
Durante la lucha, el Teniente Pedro Samuel Spiro, de origen griego pero al servicio de los patriotas, comandante de la balandra «Carmen», que había varado, hizo explotar su nave para que no cayese en poder del enemigo y se inmoló en esa acción. El Capitán Nother también murió durante el combate.
El combate
El combate se empeñó bravamente el 28 de marzo de 1814, después del mediodía, y los únicos que lo narraron con detalles fueron los españoles. Los hombres de Nother sólo pelearon y murieron.
La escuadrilla patriota avanzó temerariamente, colocándose «a un tiro escaso de pistola de las naves enemigas. La Trinidad – el buque insignia – tuvo la desgracia de varar y contrariamente a la creencia de encontrarse con un enemigo insuficientemente provisto de pólvora y municiones, de las naves españolas partió una cerrada descarga de metralla y balas que arrasó de una andanada sesenta hombres del barco varado, entre ellos el capitán Nother que perdió la vida, por lo cual se hizo cargo del mando de la Trinidad, Angel Hubac.
El fuego duró hasta cerca de las tres y media de la tarde, y en lo recio de la acción resultaron heridos Hubac y el teniente Bartolomé Cerretti, por lo que tuvo que hacerse cargo del buque insignia el subteniente Nicolás Jorge, el que fue eficientemente secundado por el joven artillero Leonardo Rosales, que tantos días de triunfo daría después a los barcos de la República.
El holocausto
Si hasta ese momento alto había sido el costo de vidas patriotas, faltaba todavía el episodio mayúsculo, cuyo recuerdo hace aún vibrar el alma de quienes saben reconocer el coraje y la lealtad hacia la bandera que se defiende.
La balandra Carmen tuvo también la mala suerte de tocar fondo y quedar detenida. Su comandante comprendió de inmediato que había varado y podía ser fácil presa del enemigo. Entonces, Samuel Spiro, que como griego sabía que «al perder la libertad perdía la mitad de su vida», afrontó el peligro del instante, y ante un posible abordaje se dispuso a volar la nave. Ordenó, entonces, el desembarco de su tripulación; luego bajó de cubierta y prendió la mecha. En el intento voló Spiro con su barco. Su inmolación fue una estupenda muestra de valentía y un noble tributo para la patria adoptiva.
Este último episodio, que salvaba la honra de los barcos republicanos, puso fin al combate del Arroyo de la China.
Poco después, los jefes de los buques patriotas, en junta de guerra, decidieron retirarse aguas abajo. La cañonera Americana, al pasar cerca de donde voló la Carmen, recogió a su tripulación. Por fin, llegaron a Buenos Aires, posiblemente el 30 de marzo.
En la acción del Arroyo de la Chirra, los realistas habían obtenido una completa victoria. Pero no les valdría de mucho, puesto que apenas habían transcurrido tres meses, cuando los españoles de Montevideo debieron capitular y alejarse definitivamente del Río de la Plata.
El singular combate constituye un episodio importante en la historia de Concepción del Uruguay, aunque esa vez, sus habitantes fueron sólo mudos testigos estremecidos. Hasta entonces, nunca se había asistido – fuera en tierra o en agua – a una lucha de tanta magnitud. Con seguridad que por largos días, además del sabor amargo de la derrota, habrá perdurado en ellos el olor de la pólvora y el ruido de la metralla.

Fuentes: Archivo General de Entre Ríos, Historia de Concepción del Uruguay, de Oscar Urquiza Almandoz, Tomo I y http://www.logiawashington.org.ar/.
Esta nota fue publicada por la revista La Ciudad el 28/3/2017