El deterioro no se mide sólo en empresas que cierran: desde el pico de 2023 desaparecieron más de 20.000 PyMEs formales, pero el ajuste también alcanza a las que permanecen abiertas con menos trabajadores, recorte de producción y más deuda.
El cierre es solo una parte del ajuste
Las pequeñas y medianas empresas y especialmente las de menor tamaño de ese segmento, constituyen una de las partes del entramado productivo que reacciona con mayor rapidez a los cambios del ciclo económico. Tienen menos espalda financiera, menor capacidad para absorber caídas de ventas y menos margen para sostener estructuras o empleo cuando cambia el nivel de actividad.En ese sentido, de acuerdo con un relevamiento privado, a mediados de este año quedaban 506.457 PyMEs formales, unas 21.800 menos que en el máximo alcanzado en 2023.
El resultado es una suerte de ajuste silencioso ya que una empresa que no cierra puede igualmente dejar de contratar, no reemplazar los puestos que pierde o trabajar con una estructura menor. Desde afuera sigue siendo una empresa en funcionamiento pero desde adentro, se trata de una empresa que lleva años reduciendo su escala.
Dicha diferencia importa porque muestra otra forma en la que se procesa el ajuste. Parte de la actividad que permanece dentro de este universo se sostiene pero con menos empleo asalariado formal y más trabajadores no registrados.
¿Qué economía queda?
El ajuste que la coyuntura económica genera en las empresas de producción nacional también modifica el peso relativo de los distintos tamaños de empresa dentro de la economía. Mientras las firmas grandes ganaron participación en el empleo formal durante la última década, las empresas más pequeñas perdieron peso, especialmente las microempresas.