Poeta, escritor, político, periodista y soldado, había nacido en Buenos Aires el 10 de noviembre de 1834.
Combatió en las batallas de Cepeda y Pavón en el bando de la Confederación Argentina, y en las filas de Ricardo López Jordán en defensa de la provincia de Entre Ríos contra la ocupación porteña.
Diputado y senador bonaerense, defendió la federalización de la ciudad de Buenos Aires en un memorable debate con Leandro N. Alem, y fue también senador nacional, impulsando la creación del Club Industrial y la sanción de una legislación proteccionista que alentara la industrialización nacional. Fundador y director de los periódicos El Argentino, de Paraná, y El Río de la Plata, de Buenos Aires, desde los cuales combatió incansablemente la política de Mitre y Sarmiento.
En Entre Rios
En 1858, junto con varios opositores al gobierno de Alsina emigró a Paraná, intervino en la Batalla de Cepeda y también en la de Pavón en el bando de Urquiza. Inició su labor periodística en el Nacional Argentino, con una serie de artículos en los que condenaba el asesinato de Vicente Peñaloza, publicados como libro en 1863, bajo el título de Vida del Chacho. Además de la «Vida del Chacho», fue autor también de «Instrucción del estanciero», «Los treinta y tres orientales».
Desde Concepción del Uruguay, presenció -queriendo ir a pelear- el cobarde sitio y ataque a Paysandú, por parte de la escuadra brasileña y las tropas orientales coloradas, a fines de 1864.
Más tarde escribió en el diario El Río de la Plata, donde publicó artículos referidos a la cuestión del gaucho y de la tierra, la política de fronteras y el indio, temas que articularía literariamente en el Martín Fierro.
Intervino en las batallas de Cepeda y Pavón a órdenes de Justo José de Urquiza. Tras esta última batalla, mantuvo diferencias con Urquiza por sus defecciones, que no le impidieron escribir en 1868 una carta en la que lo elogiaba entre manifestaciones de lealtad:
[…] cualquiera que sean las emergencias futuras, siempre nos hallará a su lado escuchando su voz para cumplir sus órdenes […] Los Hernández no han sido traidores jamás. En los últimos años que no han sido de flores para nosotros, podría haber buscado un refugio en las filas opuestas, pero nadie me ha visto vacilar en mi fe política, desertar de mis compañeros, desmayar en la lucha, ni pedirle a los enemigos ni un saludo, ni un apretón de manos ni la más ligera consideración. No habrá quizá un solo enemigo que abrigue esperanzas de una apostasía de mi parte.
Si bien en tres ocasiones Hernández manifestó su lealtad a Urquiza, se pronunció abiertamente contra el asesinato de Urquiza «porque no creemos que sobre la sangre pueda cimentar jamás nada que sea sólido y duradero», pero meses después del asesinato llegó a expresar:
Urquiza era el gobernador tirano de Entre Ríos, pero era más que todo el jefe traidor del gran partido federal, y su muerte, mil veces merecida, es una justicia tremenda y ejemplar del partido otras tantas veces sacrificado y vendido por él.
Participó activamente en el levantamiento del Coronel López Jordán contra el gobierno de Sarmiento en Entre Ríos. Fueron derrotados en 1871 y López Jordán y Hernández se exiliaron en Santana do Livramento, Brasil. Allí permaneció hasta 1872, año en que emigró a Uruguay; posteriormente fue amnistiado por Sarmiento y regresó a la Argentina.
De regreso a Buenos Aires, en el Gran Hotel Argentino de 25 de mayo y Rivadavia, terminó de escribir El Gaucho Martín Fierro, editado en diciembre de 1872, por la imprenta La Pampa, que sería la obra máxima de que salió de su pluma y constituyó la cumbre de la poesía gauchesca.
Tras su onceava edición, en 1879 publicó La Vuelta de Martín Fierro.
(fuentes: Archivo Entre Rios y Pensamiento Discepoleano)
Esta nota fue publicada por la revista La Ciudad el 21/10/2019