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e-lecciones del 19N

 

Por Gustavo Sirota   –

Voté a Massa. Lo voté pese a que por su pasado y sus relaciones – políticas, sectoriales, internacionales – no tenía ninguna esperanza, no depositaba ninguna expectativa en un eventual gobierno del ministro del Frente Renovador devenido en Unión por la Patria”. Pese a ello lo voté.

Milei me sigue provocando espanto. Escribía hace unos días: “siento una mezcla de miedo y horror frente al peligro – posibilidad cierta – de que pueda convertirse en Presidente de nuestro país”. Desde el 10 de diciembre lo será.

Lo será por el voto de millones de argentinas/os que acompañaron y confiaron en las propuestas e ideas del paleolibertario. El de Milei es un triunfo legítimo,democrático, que debemos respetar. Es lo que han decidido la mayoría de nuestros de nuestros compatriotas.

Lo que parecía ser solo un mal sueño finalmente no lo es. Argentina será gobernada por una fuerza política cuyas ideas y propuestas rechazo absolutamente, que están en las antípodas de las mías. Un monstruo que hemos construido y que fue votado por casi dos de cada tres argentinas y argentinos.

Habrá que interpretar el resultado electoral y lo que significa este urnazo del 19N. Comprender el zarpazo electoral del candidato “paleolibertario” será una tarea ardua, intrincada y necesaria. No creo que solo el enojo, la frustración o la desesperanza alcancen para explicar las razones de su cosecha electoral. Menos aún el invalidar la capacidad de sus votantes.

Escribía días antes de la elección general de octubre: “no se puede tapar el sol con la mano. Aunque los números de la macroeconomía cierren; la diaria, la de los bolsillos y la heladera va mal, muy mal”.

Describía allí brevemente un cuadro de situación que, no por conocido deja de graficar el drama que vivimos como sociedad. “Más de la mitad de la población en situación de pobreza, soportando – una vez más – tarifazos, inflación e inseguridad… precios por las nubes, salarios y jubilaciones que cada vez alcanzan menos, millones deexcluidos… corrupción estructural, endémica… lo que configura un fenomenal caldo de cultivo de malhumor social que amenaza convertirse en incontenible tempestad”.

En estos datos, en las cifras que desnudan la realidad del día a día de los que habitamos este país se puede empezar a encontrar alguna explicación al fenómeno distópico y disruptivo que supone triunfo del candidato paleolibertario. Ahí hay que buscar las causas seguramente.

En tanto, para quienes seguimos soñando que otro país es posible – un país solidario, inclusivo, con justicia y libertad -; nos queda la tarea de recrear e imaginar instancias políticas y sociales plurales, transparentes y democráticas.

También la certeza, como vengo sosteniendo hace tiempo ya, “sería un buen punto de partida admitir los errores cometidos y dejar de insistir con soluciones y nombres del pasado – y del presente – que ya no pueden solucionar nada”.

Parafraseando a Simón Rodríguez, tutor y maestro de Bolivar “inventamos o erramos….ese es el desafió.

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