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Defender la Democracia ¿Alcanza?

Por Luis Alejo “ToTo” Balestri.   –

Nuestros Problemas
En los últimos tiempos, frente al “terrorismo de estado de baja intensidad” como lo definió Cristina; nuestros dirigentes y los principales comunicadores sociales de medios afines a lo que hoy es llamado “peronismo” vienen sosteniendo la consigna de la defensa de la democracia. Y está claro, frente al gobierno del monigote servil a los poderosos no caben dudas de la necesidad de defender esa forma de gobierno.
Dicho así, sin muchas más explicaciones, creo que enarbolamos una consigna poco sostenible, similar el “Estado Presente” de la última campaña electoral. Pienso esto porque con el llamado “pacto democrático” que cumplió 40 años cada vez nos curamos menos, nos educamos menos y, en los últimos tiempos, hasta comemos menos. También haciendo gala de su gran habilidad explicativa, estamos frente a la “insatisfacción democrática”. Entonces, supongo que “defender la democracia” debe tener algunos condimentos adicionales para que pueda ser asumida popularmente.
Hace unos meses atrás, también dirigentes y comunicadores expresaban que era necesario “volver a enamorar”. En su reaparición pública para anunciar su candidatura, que le valió su condena y proscripción, Cristina corrigió que había que “volver a representar”.
Desde aquellos momentos esas consignas me suenan sin convencerme. Decidí, entonces, recurrir a la semántica. Volver a enamorar es recuperar el amor del pueblo. Volver a representar implica recuperar una representación popular. Y la verdad que no encuentro demasiadas diferencias: en ambos casos acciono sin sentirme Pueblo, sin sentirme parte del sujeto a enamorar o representar.
En ambas posturas encuentro una actitud de dirigente, de pertenecer a un grupo que vaya a saber por qué fuerzas fueron convocados a ser dirigentes, es decir, personas que dirigen a las gentes. Que por virtud del razonamiento, perdió su esencia de Pueblo. De este modo empecé a explicarme el fenómeno que arrancó por los ochenta y se consolidó en los noventa, el abandono de la palabra Pueblo en el léxico de los peronistas que se sumaron a todos los que hablan de “la gente” que hay que dirigir.
Los dirigentes y quienes aspiran a serlo y tienen conque (no es barato ser dirigente) se sienten parte de un grupo social ungido para gobernar. Son los “elegidos”. Muy pronto descubren que tienen más intereses comunes que diferencias ideológicas lo que los lleva a comportarse en defensa de esos intereses. Se transformaron en una clase social, son la “clase política.
Me dio trabajo entender esta cuestión. En mi formación política nunca existió una clase política y en mi práctica jamás me sentí miembro de algo que no fuera el Pueblo. Escribiendo estas reflexiones recuerdo la enorme sorpresa que me causó cuando, allá por los ochenta y pico, en una reunión en la Unidad Básica de General Pico uno de los más prominentes dirigentes dijo “porque nosotros la clase política”.
Si el dirigente se siente clase, el Pueblo, la gente al decir de ellos, se ve diferente. Sin poder y obligados a soportar las políticas que se diseñan con una mera participación cada dos años: ir a votar. También comienzan a asumirse diferentes y cuando pueden reclaman participar con algunas migajas del provecho de la clase política.
Esta concepción de clase política, llevada al paroxismo del individualismo impuesto culturalmente por la interpretación ideológica de la globalización y el abandono de políticas favorables para “la gente” trajo la crisis de la democracia representativa liberal en todo occidente. No hay país donde la clase política no sea cuestionada.
Pues bien, en esta narración está la explicación de la penetración popular del concepto de “casta política” usado por Milei. Aclaremos que si bien sorprendió en nuestro país, no fue una creación propia pues la tomó de otros casos operados por los llamados “ingenieros del caos”.
Y retorno al título. Estamos ante una democracia liberal representativa que absorbió a la dirigencia peronista y que no está dando solución a los problemas populares. A pesar de todo, coyunturalmente hay que defenderla porque el proyecto gobernante pretende volver a matarnos. Pero si no profundizamos nuestra propuesta y volvemos a un proyecto peronista la situación puede ser en vano.
Es necesario construir una propuesta desde el Pueblo que supere la vieja idea nacida, desde mi parecer, de la revolución inglesa del siglo XVII, aunque nuestra colonialidad cultural (no la económica que siempre miró a Londres) ubica su origen en la revolución francesa, que paradójicamente terminó en un imperio culturalmente liberal.

La crisis de la democracia liberal occidental
La crisis de la democracia o de la representación o la insatisfacción democrática no es solo una cuestión de los argentinos. Estos problemas alcanzan a todo el mundo. Bah, corrijamos, al mundo occidental porque en el oriental hay otras formas de democracia, claro que cuestionadas desde nuestra visión. No deja de ser una información importante porque a lo mejor estamos asumiendo la defensa de algo que se muere en el mundo.
En las vacaciones pasadas, en la ansiosa búsqueda por tratar de explicarme que cosa nos pasaba, alguien me recomendó y leí el libro de Emmanuel Todd, un antropólogo e historiador francés quien sostiene que la democracia liberal está en una crisis terminal. ¿Por qué? En parte porque constituye un sistema de gobierno de un sujeto histórico también la crisis: el Estado Nación occidental que se descompone desde lo cultural. Pero esto sería cuestión de otro escrito.
Siguiendo a Todd podemos afirmar que la democracia liberal implica elecciones por sufragio universal, pluripartidismo, libertad de expresión y libertad de prensa garantizados. Se basa en la aplicación de la regla dela mayoría pero garantizando la protección de las minorías.
Todo ese sistema aparecía reglamentado por leyes que eran encarnadas y vividas los representantes que se consideraban a sí mismos como representantes del Pueblo que lo eligió. Como todo sistema, se organizaba en pos de un objetivo: el acercamiento de las condiciones sociales aun sabiendo que nunca se alcanzaría la igualdad económica.
Gradualmente esas reglas encarnadas y vividas empezaron a relajarse e irrumpieron cuestionadores de las mismas. Todd lo atribuye a la mencionada crisis del Estado Nacion que había desarrollado una moral basada en una religión. En términos del antropólogo, estamos en un periodo de religión 0 y la moral desapareció sin ser reemplazada por otra. Sin moral, todo vale.
En ese “todo vale”, los dirigentes devienen elitistas (concepto de clase política) y alejándose del pueblo se convierten en fáciles presas de los poderes reales, los económicos.
Esos dirigentes asumen que tienen una tarea central: su función es ganar elecciones prometiendo lo que las empresas marketineras detectan que el Pueblo pide, pero sabiendo que harán otra cosa. Acatarán las imposiciones de los grandes capitalistas que le financiaron la campaña.
En forma paralela a la creación de máquinas electorales, desde los centros de pensamiento económico y divulgado por algunos figurones (una nueva encarnación de los personajes de Jauretche en los Profetas de Odio) mediante los medios de comunicación masiva se fue imponiendo la vieja idea del libre comercio. Pues bien, libre comercio y retiro de las funciones del Estado significaron un aumento de las desigualdades. La democracia transformada daba resultados al revés.
Las elites gobernantes transformaron la democracia liberal en una oligarquía liberal. Y a veces, quienes tienen “la sartén por el mango y el mango también” hasta deciden reemplazar al político profesional creando su propia fuerza política.
El cierre del autor francés, como no podía ser de otro modo, tiene una perspectiva eurocéntrica pues afirma que la democracia está socavada por un mal que se agrava: elitismos y populismo. Hoy tenemos una elite que denuncia la deriva del pueblo hacia la derecha xenófoba y un pueblo que sospecha que las élites los hunden en un globalismo delirante.
Su conclusión ya lo dije, “nuestras democracias liberales se están convirtiendo en oligarquías liberales”. Atribuye este comportamiento de la clase política en Europa al miedo al “capitalismo de vigilancia”. Hoy el Estado Profundo conoce donde tienen guardados las mangos cada uno de los dirigentes. ¿Será también de los nuestros?

La maravillosa profecía
Si los peronistas en general y sobre todos los dirigentes que se asumen como tales hubieran leído y prestado atención a nuestro fundador, se hubiesen encontrado con una advertencia severa sobre la posibilidad de esta crisis. En su libro “La Hora de los Pueblos” indica que “el demoliberalismo no puede ofrecer ya más que esquemas ampliamente superados por el tiempo y la evolución”.
Hoy es un proceso generalizado pero sabemos que ya venía dando señales de esta cooptación. Perón indica que la democracia liberal burguesa es usada por las plutocracias actuales. Eso transforma a los dirigentes en “simuladores de una virtud que no practican” y en una “multitud de parodias de formaciones políticas en las que aun creemos”. ¡Certera premonición!
Indica que sostenemos “democracia capitalista y burguesa como de palpitante actualidad, cuando ha pasado a ser un artículo de museo”, ya que termina con el “gobierno en manos de unos cuantos intelectuales o tecnócratas ignorantes o que sirven otros intereses que no son los del país ni del Pueblo, a veces apoyados incompresiblemente por una fuerza que ha olvidado sus deberes esenciales”
En aquel libro (recuerdo que fue mi primera lectura de Perón en un curso de política internacional que daba el Turco Achem en ATE los sábados por la tarde) termina su profecía planteando un enorme desafío “queda el problema de establecer cuál es la democracia posible pare el hombre de hoy, que concilie la planificación colectiva que exigen los tiempos con la garantía de libertad individual que el hombre debe disfrutar inalienablemente”. Casi que me animaría a confesar que es el intríngulis a resolver hoy mismo.

Una propuesta para debatir
Y una vez más, Perón, ahora como Presidente de la República propuso una base para comenzar a discutir la solución y encontrar un nuevo sistema de gobiernos. El 1 de mayo de 1974, en el discurso inaugural del periodo de sesiones ordinarias del Congreso argentino manifestó “el modelo argentino precisa la naturaleza de la democracia a la que aspiramos, concibiendo a nuestra Argentina como una democracia plena de Justicia Social. Y en consecuencia, concibe al Gobierno con la forma representativa, republicana, federal y social”.
A renglón siguiente redondea “definida así la naturaleza de la democracia a la cual se aspira, hay un solo camino para alcanzarla: gobernar con planificación.
Perón falleció cuando todos sabíamos que estaba trabajando con un equipo en la elaboración de una propuesta organizativa. Como suele ocurrir con muchos de los hechos del peronismo, ese libro no vio la luz en los años siguientes. Un grupo de militantes consiguió el texto y lo editó de una forma algo casera. Con el retorno de la democracia aparecieron algunas ediciones que generaban algo de dudas sobre su veracidad, pero hoy existe un soberbio trabajo realizado por un equipo de investigación desde la Biblioteca del Congreso que reconstruye el texto e incluso algunos de los debates y las diferencias entre las ediciones.
En ese libro conocido como “El Modelo Argentino para EL Proyecto Nacional” nos precisa un poco la propuesta de la “democracia social” como la llamó Perón y que poco tiene que ver con la socialdemocracia europea.
En primer lugar la diferencia de la democracia liberal donde, al decir del General, solo califican el individuo y el Estado y existe una única institución intermedia: los partidos políticos. A renglón seguido la contrasta reivindicando el papel de las organizaciones sociales, es decir, de las organizaciones libres del Pueblo de las que ya había hablado en antaño.
Luego propone ir directamente hacia las estructuras intermedias completas que, cubriendo partidos políticos y grupos sociales, den a nuestra comunidad la fisonomía real de lo que queremos calificar como democracia social. Era consciente que esa mirada puede aparecer teñida de corporativismo y al respecto comenta “hemos evaluado suficientemente la enseñanza de la historia como para concluir ahora que no necesitamos seguir en este juego pendular entre liberalismo y corporativismo. Una toma de conciencia debidamente razonada nos pone en situación de ir directamente hacia las estructuras intermedias completa que, cubriendo partidos políticos y grupos sociales, den a nuestra comunidad la fisonomía real de los queremos calificar como democracia social”.
Luego sostiene que la configuración política de esta comunidad organizada implica la creación de un sistema de instituciones políticas y sociales que garanticen la presencia del pueblo en la elaboración de las decisiones y en el cumplimiento de las mismas.
No soy dogmático, no pretendo que se aplique lo recomendado por Perón. Fue escrito hace cincuenta años y mucha agua ha corrido bajo el puente. Lo que no me cabe duda es que el desafío sigue siendo el mismo. ¡Si no se garantiza la presencia del Pueblo en la elaboración de las decisiones y en el cumplimiento de las mismas la democracia será una cáscara vacía que gobernará para los pocos ricos y poderosos que corrompen el sistema!
El tema central del desafío pasa por la participación popular. Perón nos dejó una propuesta mediante las organizaciones libres del Pueblo. Es una punta para empezar a discutir. Los constituyentes de 1994 algo de esto sintieron porque incluyeron en el texto constitucional unas herramientas originadas en Europa como la iniciativa popular, las consultas populares y los referéndum.
Muchas constituciones provinciales se hicieron eco de la propuesta organizativa de Peron que era la creación del Consejo para el Proyecto Nacional que con una representación en base a organizaciones sociales debía imaginar la Argentina que queremos y planificar grandes estrategias que orientaran a los parlamentos y a los gobernantes.
La constitución de la Ciudad de Buenos Aires es una de esas que lo incorporó como Consejo Económico y Social (nombre con el que existió en muchos distritos europeos). Ignoro si alguna vez se reunió, pero supongo que no.
También lo previó la constitución de La Pampa. Recuerdo que siendo funcionario provincial una vez fue citado, pero no para deliberar sino para escuchar una rendición de cuentas del gobernador. No era poco, pero no es la finalidad para la cual había sido prevista.
El desafío está en pie. No es ni volver a enamorar ni volver a representar. La cuestión es resolver mecanismos de participación popular que garanticen que el gobierno lo haga para el Pueblo y no para la oligarquía.

(1)  Luis Alejo “Toto” Balestri. – Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Córdoba (España).- Contador Público por la Universidad Nacional de La Plata (Argentina). – Diplomado en Relaciones Internacionales por la Círculo de Legisladores del Congreso de la Nación Argentina y el auspicio de la UBA.