El Presidente y el candidato del opositor Frente de Todos concentraron los principales cruces del segundo debate presidencial. Roberto Lavagna volvió a quedar desdibujado. Nicolás del Caño insistió con su libreto y José Luis Espert y Juan José Gómez Centurión profundizaron el mensaje conservador.
El segundo y último debate antes de las elecciones del domingo próximo mostró a los dos principales contendientes en una cruzada en la que no sólo se enfrentaron por los modelos de país que proponen sino también en sus formas y enojos históricos. El candidato más votado en las PASO, Alberto Fernández, y el presidente de la Nación Mauricio Macri protagonizaron un duelo verbal y político en el que no faltaron chicanas, pero también propuestas de gobierno.
La tensión arriba y detrás del escenario se sintió durante las dos horas que duró el segundo debate presidencial en la Facultad de Derecho de la UBA. Los otros cuatro candidatos, José Luis Espert, Roberto Lavagna, Nicolás del Caño y Juan José Gómez Centurión, pudieron ampliar sus críticas y propuestas mientras el partido principal estaba en manos de Fernández y Macri.
La única propuesta concreta de gobierno que hizo Macri fue el cambio de la fórmula de actualización de la cuota de los hipotecados bajo el sistema UVA: reconoció la “desesperación” que estaban pasando las familias y prometió cambiar el aumento por inflación por el índice de variación salarial. Del Caño le endilgó que fueron una “estafa” y luego Fernández le respondió con otra promesa de gobierno y adelantó que creará el Ministerio de Vivienda. Ya en el debate pasado, el candidato del opositor Frente de Todos había propuesto la creación de otro Ministerio: el de Mujer y Diversidad. Otra de las pocas propuestas que hubo en la noche la tiró Espert al asegurar que bajaría la edad de imputabilidad a 14 años.
Fernández fue el que puso primera y apenas le tocó hablar criticó a su contendiente por el decreto que favoreció a su hermano, cuando habilitó el blanqueo de capitales de los familiares de los funcionarios. También logró meter otro golpe cuando Macri cuestionó la corrupción del gobierno de Cristina Fernández con la obra pública y le respondió que sus empresas fueron las contratistas del Estado. Fue ése el pie que usó Macri para victimizarse porque Fernández atacó a quien “no se puede defender”, en alusión a su padre fallecido Franco Macri. De hecho, según confirmaron desde ambos bandos, en el backstage Macri le endilgó haber mencionado a su padre y Fernández le contestó que era “un mentiroso” y un “inmoral”. Es que la familia del presidente fue protagonista varias veces del debate. El primero en mencionar la causa del Correo Argentino fue Del Caño, quien recordó la demanda que le inició al Estado nacional por la deuda de la ex empresa de los Macri.
“Aguantar la agresividad kirchnerista es duro, pero aguantar que digan que ellos son los que saben es imposible”, dijo Macri y se esperanzó con que lo iba a tener que “aguantar” una vez más en un supuesto tercer debate pre balotaje.
Otra de las argucias que intentó Macri fue emparentar a Fernández con su compañera de fórmula. “Esta semana quedó claro que el kirchnerismo y Alberto Fernández son lo mismo. Creo que Alberto Fernández dijo la primera vez una verdad en toda la campaña: ´Cristina y yo somos lo mismo´. Sin embargo, ese guante no fue retomado por el peronista, quien por el contrario aprovechó el debate para marcar sus diferencias diametrales con el Presidente en cada una de sus intervenciones. “No nos parecemos en nada, Presidente”, dijo una y otra vez. Macri también marcó una y otra vez esa diferenciación al repetir el recurso de nombrar a “ellos” y a “nosotros”.
Las tarifas, el desempleo, la seguridad y el vínculo con la prensa también marcaron los ejes del debate. Los candidatos más ideologizados fueron Del Caño, Espert -quien hizo permanente referencia a «los liberales»- y Gómez Centurión.
Del Caño se dio el gusto de apuntar al candidato a vicepresidente de Juntos por el Cambio, Miguel Angel Pichetto, a quien le dijo “Miky Vainilla”, el personaje fascista de Diego Capusotto. Espert disparó contra Macri y Fernández hacia el final, pero ninguno le respondió.
Lavagna volvió a mostrarse con poco manejo de los tiempos y su voz monocorde no ayudó a comunicar sus propuestas. Algunos tópicos, como la reindustrialización y el federalismo, se pisaban con los de Fernández, incluso cuando recordaban la reactivación de la economía en el primer gobierno de Néstor Kirchner, en el que ambos fueron funcionarios centrales. “Es necesario un replanteo territorial. Una política tributaria y crediticia a favor del interior. Propongo una nueva ley de coparticipación. Un sistema automático, dónde la nación ceda más recursos a las provincias”, sostuvo. En cambio, intentó mostrarse por sobre la grieta al criticar el clivaje entre “mano dura y mano blanda” y propuso “mano justa y firme”, al hablar de seguridad.
Del Caño se mantuvo fiel a su agenda y destacó que las crisis que atraviesan Ecuador y Chile están vinculadas a la situación del país. “Son un ejemplo para cuando el FMI intenta aplicar brutales ajustes”, destacó. El candidato del FIT criticó a Fernández y a Macri por igual. “Acá, empresas como la Barrick Gold, hacen lo que quieren. El gobierno anterior les permitió avanzar con la destrucción de nuestros glaciares cuando vetó una ley votada en el Congreso que los protegía; ahora Macri hasta les quitó las retenciones a las mineras”, criticó.
Gómez Centurión volvió a tener problemas con los tiempos, pero ahora por exceso, y desaprovechó valiosos segundos en varias tandas. Prometió la reforma laboral, criticó los planes sociales, despotricó contra el “progresismo cultural”. Pero también fue el único que criticó el sistema de inteligencia, el espionaje a periodistas y prometió disolver la AFI.
Detrás de escena: cómo fue el duro cruce entre Macri y Fernández
La hostilidad marcó la atmósfera del segundo debate presidencial. Quiénes estuvieron con los candidatos.
La tensión y el enojo se sentía en el aire en el ampuloso salón de actos de la Facultad de Derecho de la UBA. Es que el presidente Mauricio Macri y el candidato Alberto Fernández tuvieron un cruce detrás de escena que no sólo marcó el debate, sino que puede ser síntoma de cómo se llevaría a cabo una eventual transición de gobierno.
Todo comenzó cuando a la hora de hablar sobre corrupción, el candidato peronista recordó los negocios que hizo la familia Macri con el Estado. Y el Presidente sacó de la manga la muerte reciente de su padre para ofenderse. Ese mismo diálogo se produjo por segunda vez detrás del telón. Según afirman, Macri le dijo que no podía agarrárselas con quien “no se podía defender”. Y Alberto le respondió que era un “mentiroso”, un “inmoral” y que él mismo le echó la culpa a su padre fallecido por los presuntos delitos cometidos por sus empresas… a los pocos días de su muerte.
La hostilidad se mantuvo visible en el escenario. Alberto F. todo el tiempo lo miró fijo al Presidente, en un gesto que lo obligaba a mantener girada su cabeza, al borde de la tortícolis. Macri, en cambio, demostraba su enojo al cruzarse de brazos y fruncir el ceño cada vez que hablaba el candidato opositor. Alberto estuvo sentado, cómodo, mientras sus contrincantes hablaban. En cambio, Macri se mantuvo parado y rígido.
Los candidatos subieron a cara de perro y sus equipos se mantuvieron alertas desde las butacas. En cada uno de los cortes, podían ingresar a tomar contacto con sus jefes políticos y asesorarlos. El grupo oficialista estaba integrado por Marcos Peña, Juliana Awada, Fernando de Andreis y el propio Jaime Durán Barba, ubicados en la primera fila de la tanda de butacas de la derecha. En la inmediata fila de atrás se ubicaban los del equipo del Frente de Todos. Santiago Cafiero, Eduado “Wado” de Pedro, Fabiola Yánez, Cecilia Todesca, Matías Kulfas, Juan Courel y Sergio Massa estuvieron a disposición.
El FdT fue la fuerza política que más invitados llevó. Atravesaban el salón la filas de butacas con Felipe Solá, Fernando “Chino” Navarro y los intendentes Martín Insaurralde y Mariano Cascallares. La liga feminista también marcó presencia con la candidata a intendenta de Quilmes, Mayra Mendoza, Victoria Donda, la candidata a senadora Dora Barrancos y la postulante a legisladora porteña Ofelia Fernández. Estuvieron los gobernadores Juan Manzur y Sergio Uñac, José de Mendiguren, Fernando “Pino” Solanas, Leandro Santoro, Victoria Tolosa Paz y Matías Lammens. Toda la dirigencia peronista se había reunido en las oficinas de México y viajaron en caravana hacia la Facultad. En cambio, Fernández llegó con su pareja desde su departamento de Puerto Madero.
Peña hizo el avance de la comitiva del oficialismo. Llegó acompañado por De Andreis y fueron los primeros en dar notas, cuando todavía el salón de prensa estaba casi vacío. No tardó en llegar Patricia Bullrich y, poco después, Mario Negri. Una vez adentro del gran salón, casi sobre la hora, llegó Miguel Pichetto. Luego se sumó Gerardo Morales, que se puso a charlar con Bullrich. Horacio Rodríguez Larreta se ubicó como un talismán en primera fila, bajo la mirada directa de su jefe político. Menos visible estuvo María Eugenia Vidal.
El equipo de Lavagna no fue muy concurrido. El candidato a vice Juan Manuel Urtubey charló relajado entre la gente en el salón de prensa. Allí descartó cualquier contacto de su candidato con Fernández y destacó la viveza del ex jefe de Gabinete de ponderar a un candidato “de prestigio”.
Myriam Bregman llamaba más la atención que el propio candidato a presidente de su frente, Nicolás del Caño. Es que tiene chances de lograr una banca en Diputados, el espacio institucional más importante que podría lograr el FIT. Por el espacio, también estuvo Néstor Pitrola y Christian Castillo.
A la salida, los únicos dos candidatos que no salieron a hablar con la prensa fueron Fernández y Macri. Lavagna se mostró ofuscado por el desorden y las corridas en el salón de prensa, Del Caño repartió selfies, Massa se mostró exultante ante las cámaras, y Espert hizo gala de su manejo televisivo en los móviles. Fuera de cámara, el rumor del cruce entre el presidente y el candidato más votado en las PASO se perfilaba como el dato destacado del detrás de escena del último debate.
(Foto: Diego Martínez)
Por Gimena Fuertes –
(fuente: Tiempo Argentino)
