por Susy Quinteros –
La noche del 21 de junio, de nuestro hemisferio, será la noche más larga del año. Señala el comienzo del solsticio de invierno y entramos a un tiempo de “sol quieto”, llamado así porque visto desde la tierra parece que detuviera su marcha durante tres días y luego avanza hacia abajo, hacia el sur. Los solsticios son umbrales de traspaso del sol que reinicia su paso hacia otras latitudes y los equinoccios – ambas palabras derivan del latín- se producen dos veces al año, en marzo y en septiembre de los dos hemisferios al comienzo del otoño y de la primavera.
En el comienzo de nuestro invierno, el planeta cambia la distribución de luces y temperaturas hacia un renacimiento solar, un tiempo de resurgir y de profundizar, que avanza lentamente a medida que los meses transcurren.
En el norte en cambio, comienza el verano. El 21 de junio el sol llega a su máximo punto cuando la luz cae vertical sobre el Trópico de Cáncer y reinicia su camino hacia la línea del Ecuador. En ese momento es cuando el día y la noche en los dos hemisferios tienen igual duración.
