Esta es la Décima tercera entrega de los textos reunidos en la convocatoria literaria “Bien pudiera ser”. Como se recordará la misma fue organizada por Ana María González, a cargo de la Peña Literaria “Despilfarrando palabras” con sede en AGMER y Marga Presas, coordinadora del taller de Lectura y Escritura Creativa de ALQUIMISTAS 222, y auspiciada por la Dirección de Mujeres, Géneros y Diversidad de la Municipalidad de Concepción del Uruguay.
Junto a los escritos de las mujeres que participaron, se apreciarán obras de artistas plásticas, que generosamente aceptaron esta invitación, aun cuando no estaba incluido este aspecto en el proyecto original. Si bien las obras adjuntas tienen una temática acorde con la convocatoria, se aclara que no son alusivas a los textos que acompañan, sino meramente ilustrativos. En los epígrafes se encuentran datos de las autoras, tanto literarias como pictóricas.
Décima tercera entrega: “Gema Preciosa”, texto de AYELÉN ANAHÍ ROMERO y cuadro “Florecida” de LILI DELMONTE.
Gema preciosa
Son las 7 de la mañana y estoy en el tren rumbo a Tokio. Mientras observo el bello paisaje a través de la ventana viene a mi cabeza todo aquello que deje atrás: amigos, familia, pareja, hogar. Estoy tratando de comprender que ocurrió, lo tenía todo, era tan feliz.
El tren se detuvo repentinamente haciendo caer la valija de mi asiento. Reaccione cuando vino el maletero a decir que debido a fallas en el tren todos los pasajeros debíamos bajarnos en la estación. Tomé mis cosas y me dirigí hacia la puerta.
Una vez allí, el chofer nos anuncia que llevaría aproximadamente dos días reparar el tren y que en la portería nos brindarían información sobre hospedajes. El resto de los pasajeros se mostraba descontento, a mí me daba igual, no tenía nada mejor que hacer.
Camine hacia la boletería mientras oía los gritos de los pasajeros hacia el chofer.
En el mostrador había folletería con algunos hoteles y cabañas, me llamo la atención uno de los volantes que mostraba una pequeña cabaña cerca de las montañas. Decidí hospedarme allí. Tomé un taxi para llegar a mi destino, cuando llegué me recibió una señora de manera jovial.
Coloque mis cosas en la pequeña cabaña y me acosté en la cama, mirando el techo. Mis pensamientos fluyen como una ola cada vez más grande y difícil de parar, nuevamente ella viene a mi mente, creí que teníamos algo especial… Pero tal vez no era así, recuerdo a mis amigos, todos ellos me hacían sentir muy feliz.
Un golpeteo en la puerta me saca de mi ensimismamiento. Abro la puerta, no había nadie, quizás fue el viento pensé.
Noté que bajo mis zapatos había una fotografía de un hermoso Cerezo y en el horizonte se divisaban montañas. Quedé cautivado con la imagen y decidí preguntar a la dueña por aquel lugar, no pude evitar mi asombro al enterarme que se hallaba a pocos kilómetros de allí. Regrese a mi habitación, no podía dejar de contemplar la foto.
Esa noche pase en vela por horas recordando viejos momento pensando que era muy feliz. Cada tanto recordaba ese bello paisaje, me resulta increíble como una imagen puede transmitir tanta paz. Poco a poco mis ojos se cerraron y pude conciliar el sueño.
Sin embargo, ni en mis sueños dejé de recordar ese paisaje, casi podía oler el dulce aroma de las flores del Cerezo.
Desperté con el sol iluminando mi cara a través de la ventana y con la misma intensidad de los rayos del sol surgió una idea en mi mente: debía ver con mis propios ojos ese lugar.
Así que empecé a preparar mis cosas, en una mochila guardé ropa, comida y agua, cambié mis zapatos por zapatillas cómodas y decidí empezar mi camino. Antes de irme escribí una carta a la dueña explicando la situación, tomé un mapa para llegar a mi destino y partí.
Caminaba rápido pero sin perder de vista los detalles que me ofrecía el paisaje. Me tomó menos tiempo del pensado llegar, quedé boquiabierto, era todo aún más bello que en la fotografía, el Cerezo era frondoso, el olor de sus flores era distinto, más dulce que otros, las montañas impactaban mis ojos, los pájaros cantando sus suaves melodías, la brisa tocando mi piel como una pluma, un cosquilleo recorre cada rincón de mi cuerpo. Perdí la noción del tiempo observando las montañas, recordando la libertad que sentía al escalarlas. Todavía no me perdono por abandonar mi verdadera pasión, me pregunto si podré después de tantos años volver a escalar… debería probar. Sin pensarlo mucho más me coloco el arnés, no siento control sobre mi cuerpo, me lleva un impulso, debo llegar a la cima, lo necesito.
Avanzo con la firme convicción de cumplir mi objetivo, no sé por qué pero tengo que llegar. Se que lo haré.
El tiempo fluye igual o más rápido que los recuerdos en mi mente, a veces pienso en volver atrás pero sé que allí no estará la respuesta ni la felicidad que mi corazón quiere.
Continúo avanzando con un inquebrantable sentimiento de fortaleza, poco a poco noto que la cima está más cerca, no puedo detenerme ahora, no lo haré. No me dejaré vencer por esas voces que siempre me dijeron que no puedo.
Estoy llegando, ya casi llego. Llegué, estoy en la cima.
Me siento a contemplar el atardecer, el cielo se pinta de mil colores ¿Estaré soñando? Respiro hondo, mi mente se libera y siento mi corazón por primera vez.
Veo tan claro ahora, las respuestas a mis preguntas, mi felicidad siempre estuvo en mi. Jamás en los demás. Soy y siempre seré el constructor de mi destino. Soy mi propia gema preciosa.
AYELÉN ANAHÍ ROMERO
Concepción del Uruguay, Entre Ríos. – Oriunda de Paraná y residente hace casi veinte años de Concepción del Uruguay. – Estudiante del Profesorado en Psicología. – Amante de la poesía, el teatro y la psicología. –ayearomero05@gmail.com
LILI DELMONTE
“Florecida” – Concepción del Uruguay, Entre Ríos. – Profesora de Psicología, pintura, dibujo y bordados. – @soylilidel – holalilidel@gmail.com
