Por: José María Villanueva –
El CEF pasó de ser el escenario de las competencias de la elite deportiva de la Argentina y del continente, al ámbito elegido por las autoridades de Salud para realizar la vacunación masiva contra el coronavirus.
Allá por febrero comenzaron las primeras aplicaciones, junto con la llegada de las primeras dosis de la vacuna contra COVID. El vacunatorio se armó en el hermoso estadio cerrado del CEF. Lo que fue pensado para todo tipo de actividades deportistas, para las competencias, para recibir y alojar a la elite deportiva de todo el país y del mundo, se convirtió en un espacio donde se respira vida y respeto por el vecino a partir del trabajo de cientos de anónimos laburantes de la salud. Ahí está el personal del Hospital Justo José de Urquiza, de la Secretaría de Salud del municipio, de los Centros de Salud municipales y provinciales y de la Facultad de Ciencias de la Salud de la UNER. Todos, vacunando de lunes a sábados a los uruguayenses.
Mientras se siguen aplicando dosis y las edades de quienes las reciben van disminuyendo, buscando salir de la noche negra a la que nos encerró este virus desde hace un año y medio, surgen las historias en el CEF. Repletas de esperanzas, de solidaridad y hasta de agradecimientos.
Antes de ingresar al Gimnasio, los primeros jóvenes voluntarios van recibiendo a las personas que acuden a vacunarse, citadas a través del wasap del gobierno provincial o, en los últimos días, sin turno a partir de cierta edad o con enfermedades preexistentes. Los voluntarios indican, evacuan las primeras dudas y van señalando los lugares donde sentarse a la espera del pinchazo de vida. Todos jóvenes, pacientes, informados y atentos, cumpliendo una misión necesaria para que todo sea ordenado. En el lugar, las postas de vacunación se dispusieron de manera estratégica cerca de los vestuarios y los baños del gimnasio mientras las sillas aguardan frente a ellos, en fila, con los vecinos sentados y esperando su turno.
Alexis, uno de los voluntarios de la Facultad de la UNER cuenta que “llegó a vacunarse una joven con su mamá, que aún no había recibido su dosis debido a la pérdida de su DNI, el que estaba tramitando nuevamente”. Desde la posta de vacunación le explicaron que con la constancia del trámite podía vacunarse y hasta la alentaron a buscarla en su casa y vacunarse. El pedido de su hija y la insistencia de los trabajadores y estudiantes de salud la llevaron hasta su casa, en un viaje ida y vuelta en busca de la constancia para poder recibir su dosis. El compromiso de todos y la solidaridad se reflejaron en un momento de emoción para esa familia.
Claudio, otro trabajador de la salud que esta desde el primer día en el vacunatorio del CEF dejó un par de anécdotas y quejas increíbles por parte de algunos vecinos. En los primeros tramos de la vacunación escuchó el rezongo “¡Estoy desde las 7 esperando!…¿Buen día. A qué hora tiene su turno?” fue la tranquila pregunta “8.30. ¿Y qué hora es?- 8.20 – ¡1hora y media esperando¡” siguió con su enojo el vecino sin darse cuenta que la demora fue provocada por el mismo. Historias que llegan, de apuros, de urgencias cubiertas por jóvenes y profesionales que hace un año lejos estaban de pensar en participar de la mayor campaña de vacunación del mundo.
Los cambios generacionales que se fueron dando a medida que avanzaba la vacunación se vieron también en las facturas, bizcochitos o galletitas que llegaban al principio y fueron quedando atrás mientras las edades disminuían. Es que nuestros abuelos, nuestras personas mayores aún conservan el don del agradecimiento, de dejar un presente cuando alguien los atiende bien y con paciencia. Esto lo marcaron varios de los trabajadores de la salud que participan de la campaña: “los abuelos y abuelas llegaban con facturas, galletitas y hasta con tortas hechas por ellos y ellas, a modo de agradecimiento. Por eso los fuimos extrañando a medida que las edades bajaban.
Las nuevas generaciones fueron más impersonales. Saludo, sentarse, recibir el pinchazo y a seguir, mientras que con los abuelos el trato era más cordial, más personal y hasta nos llevaba un poco más de tiempo”.
Las historias se trasladan a algunos barrios humildes, donde aún las señales de internet o los celulares no son tan comunes para dejar historias como esa “mamá que llevaba a sus hijos a vacunar creyendo que solo era para niños” o ese “italiano casado con una argentina que presentó pasaporte y la libreta de casamiento pero al no tener turno no pudo ser vacunado”.
Los trabajadores también debieron padecer, insólitamente, situaciones de violencia por parte de dos personas que los insultaron y agredieron al recibir la negativa querer vacunarse sin turno previo. Ambas situaciones merecieron el repudio de quienes estaban presentes y se radicaron las denuncias correspondientes.
En los barrios
Como informó este diario el pasado viernes, el operativo de vacunación salió a los barrios, en busca de aquellos vecin0os que, por distintos motivos, no pudieron concurrir al CEF. Así, personal de la Secretaría de Salud llegó con las vacunas hasta los barrios Las Mandarinas, Villa Itapé, La Higuera, Cristo de los Olivos y en la zona del ex Basural municipal, entre otros.
Pasaron más de 45 mil historias uruguayenses por ese recinto de parqué y aros de básquet, por ese lugar con tribunas, como si albergaran imaginariamente a hinchadas que festejan una vacuna más como un triple de básquet o un tanto de handball, como si las redes se sacudieran cada vez que la fina aguja ingresa, mansa y cuidadosamente, en el brazo de un habitante de nuestra bella ciudad.
Ya ocupa un espacio importante en la historia, rica por cierto, de lugares con historia, con recuerdos gratos, marcados por jornadas que estarán en el corazón de todos y que continuarán hasta fin de año, de acuerdo a las proyecciones realizadas por las autoridades sanitarias. Pero esas historias, de vidas, de urgencias, de solidaridad para con el prójimo, para el vecino del barrio, quedarán por siempre en el recuerdo de todos.
(fuente: La Calle)
